Una mirada a la proalimentación en la comprensión lectora

una mirada a la proalimentación en la comprensión lectora

Hace unos meses, en un curso sobre animación a la lectura y escritura, la capacitadora dijo algo que generó un sinsabor entre los asistentes, sobre todo porque conocemos muy de cerca cómo es la realidad de la comprensión de lectura en el Perú. Dijo: “Yo a mis hijas les prohíbo que lean”.

Muchos cruzamos las miradas con desconcierto, luego de lo cual ella agregó: “Les prohíbo que lean ante situaciones muy específicas porque incluso cuando están desayunando están leyendo toda la información que hay en las etiquetas de los productos que están sobre la mesa”. A raíz de ello, la idea de crear en los niños el hábito lector es un asunto que recorría todos los caminos intrincados de mi mente.

Todos los días me preguntaba: ¿por qué la comprensión de lectura no es un éxito asegurado si existen innumerables estrategias de comprensión lectora? La respuesta vino por casa. A mi hija todavía no le “prohíbo leer”, pero lee bastante y sin saberlo quizás estoy aplicando una estrategia con ella: la proalimentación. Si partimos del supuesto de que la comprensión es producto de la interacción entre el lector y el texto, entonces, de estos dos componentes, el componente que manda, creo yo, no es el texto, sino el lector.

En ese sentido, el propósito de la proalimentación consiste en proporcionar información útil para la mejora del desempeño en futuras tareas de comprensión lectora, al mismo tiempo que motiva a los estudiantes a buscar el mejor camino para interactuar con el texto. Claro está que para ello, el mejor elemento que hace que la proalimentación sea de alta calidad dentro del aula es el docente, y fuera de ella, los padres.

También tenemos que ser capaces de desarrollar en los estudiantes la perspectiva de competencia, esto es, que no se sientan pocos competentes al leer, dado que quien se siente poco competente en la lectura, inicia esta tarea con la indisposición propia de quien no comprende lo que lee. Allí radica la importancia de la proalimentación: plasmar nuestras mejores experiencias en aquellos, considerando que su experiencia con la lectura será tal vez igual o mejor que la nuestra. En suma, la proalimentación se perfila como la estrategia que antecede, por así decir, el éxito de la comprensión lectora, anticipando las vallas retroalimentativas ya conocidas. Esta reflexión no es una teoría garciana, sino un enfoque a la comprensión lectora que mi rol de madre, asociada a mi vocación de educadora, me permitió vislumbrar considerando que la lectura desempeña un rol primordial y transversal en la vida de toda persona.

*Este post es una colaboración de Jeniffer García, docente del Departamento de Humanidades de la Universidad Privada del Norte.

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