El valor de los idiomas en el rubro turístico

valor de los idiomas en el rubro turístico

Recuerdo el verano en que me presenté al puesto de recepcionista del Hotel du Palais de Biarritz (hotel palacio ubicado en la costa vasca francesa). Era un “job d’été” (trabajo de verano), con el cual pensaba solventar mis gastos y ahorrar lo necesario para mi próximo proyecto de estudios en Francia.

Me entrevistó el jefe de recepción. Poseedor de una presencia que imponía respeto y glamour, ataviado correctamente con el uniforme del hotel, me pidió que hablara de mi experiencia en el puesto, la cual era básica dado que solo comprendía lo realizado en el hotel de aplicación (hotel que es gestionado por una institución educativa en hotelería y turismo con la finalidad de que sus estudiantes interactúen con clientes reales y apliquen lo aprendido in situ).

Pensaba que tenía un as bajo la manga al dominar tres idiomas, que consideré mi valor agregado para quedarme con el puesto, dado que tenía el español nativo y un francés e inglés intermedio, pero cuál sería mi sorpresa cuando mi entrevistador acotó: ¿Y qué otro idioma hablas? Me dije: ¿No es suficiente tres idiomas? El jefe de recepción al notar mi confusión me explicó: “¿Sabes que el francés no cuenta como un idioma adicional? Porque si ya vives en Francia, es un idioma que debes manejar. Ahora, en cuanto al inglés, es una herramienta que todo profesional en hotelería y turismo debe dominar. El único plus que tienes es el hecho de hablar castellano, pero por ubicarnos muy cerca a España (a dos horas de San Sebastián), es común encontrar en esta región – Pyrenées Atlantiques- a candidatos para el puesto con un vasto dominio del castellano”.

Mencionó además que el Hotel du Palais tenía entre sus principales clientes a rusos y alemanes, además de ingleses, estadounidenses y algunos franceses. Aclarado esto, prosiguió: “¿Qué otro idioma hablas para poder considerarte en la segunda fase del reclutamiento?”.

No supe qué decir, dado que no salía de mi asombro. Sentí cómo se derrumbaban mis proyectos de estudios y mi verano. Salí con la moral por los suelos y decidida a como diera lugar a aprender otros idiomas para enriquecer mi currículum y así regresar en una próxima convocatoria del famoso e histórico Hotel du Palais de Biarritz. A partir de esta entrevista cambiaron mis proyectos académicos, empecé a buscar en toda Europa formaciones en idiomas en relación con hotelería que no sean tan costosas. Aquel verano tenía como roommates a dos amigas de la Escuela de Hotelería de Biarritz, una brasileña y otra ecuatoriana, y fue la segunda quien encontró la opción perfecta para lo que estaba buscando. Ella también quería aprender nuevos idiomas, pues como latinoamericanas nos sentíamos en desventaja con los europeos.

La formación la ofrecía una escuela hotelera ubicada en Chateau Chinon, un pequeño pueblito en el centro de Francia, cerca a la ciudad de Lyon, caracterizado por ser un pueblo de granjeros, de clima muy frío y que tenía como atractivo ser la ciudad natal de François Mitterrand, quien fuera presidente de Francia.

Lo interesante de esta formación fue que nos llevó a aprender y reforzar el francés, castellano, alemán e italiano, pudiendo hacer prácticas en diferentes hoteles, resorts y/o restaurantes de los países europeos donde se hablan estas lenguas. Pude por ejemplo vivir muy cerca de Berlín, donde realicé servicio de restaurante en este idioma en el que ni siquiera sabía decir hola. Durante los primeros días de mi estadía en el país bávaro experimenté la impotencia de no saber este idioma y no poder siquiera comunicarme con la gente de la pequeña ciudad de Potsdam, dado que solo hablan alemán. Recuerdo que subí por primera vez al bus que me llevaría del hotel donde realizaba las prácticas al centro de la ciudad,  y cuando me disponía a comprar un ticket lo solicité al chofer primero en inglés, al no encontrar respuesta proseguí en español, y dado que continuaba mirándome extrañamente se lo dije en francés. Su única respuesta fue: “Ich spreche nur deutsch” (solo hablo alemán). Me señaló el pasadizo y me dejó pasar, yo sin saber qué hacer continué mientras la gente me hacía señas para que insertara las monedas en la máquina dispensadora de tickets que se encontraba en medio. Para mi mala fortuna la máquina no aceptaba mis monedas, y allí parada me encontraba cual mimo tratando de explicar a todos los pasajeros que no podía comprar el ticket.

Terminada la formación de año y medio, regresé a Biarritz con un bagaje lingüístico, cultural y de experiencias en el sector hotelero, gastronómico y turístico, lo que me abrió puertas para trabajar en diferentes lugares y en especial obtener el puesto de responsable de coffee breaks y desayunos en el respetado Hotel du Palais.

A partir de esta experiencia mi principal objetivo siempre es reforzar los idiomas que he adquirido, y cuando dispongo de tiempo aprender alguno nuevo. El manejo y dominio de lenguas nos permite acceder a un sinnúmero de oportunidades laborales, personales y viajar por el mundo sin dificultad pudiendo disfrutar mejor de las personas, lugares y cultura. Cada profesional es responsable de enriquecer su currículo, y si estamos inmersos en el rubro turístico debería ser un deber ganar año a año un nuevo idioma o reforzar los idiomas que ya se tiene, dado que el ser bilingüe hoy no es un lujo sino más bien parte de las exigencias del mercado laboral.

*Este post es una colaboración de Mercy Angulo Cortejana, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas (No hay valoraciones aún)
Cargando…

Si estás interesado en estudiar en UPN, déjanos tus datos y te contactaremos a la brevedad.

Un momento, estamos procesando la información ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *