Me gusta: “el clic del mal” (I like: “the click of evil”)

Miles de frases nos enseñan qué elegir; la experiencia y el ingenio humano han producido arreglos de palabras que nos ofrecen una descripción contundente, una repuesta luminosa o una alegoría inteligente. Pero, muchas veces, también encierran sutiles mensajes o, sin pretenderlo, propician daños irreparables. ¿Han revisado qué hay detrás de “Me gusta” (I like), del Facebook? Quizá Mark Zuckerberg no lo calculó, pero dicha frase encierra una cadena de inconductas de las cuáles todos somos responsables.

El 85% de los usuarios de Internet conocen o usan el Facebook. Uno de cada trece habitantes del planeta tiene un perfil en Facebook y no tenerlo equivale a un demérito social. Entre los más de 900 millones de usuarios, a escala mundial, han subido el fin de año del 2012 más de 750 millones de fotos. (Fuente: http://myspace.wihe.net/facebook-latinoamerica-espana-analisis-estadisticas/).

Más de mil millones “Me gusta” se cliquearon en el 1er día de año nuevo, al observar los mensajes e imágenes aparecidos después de las celebraciones de año nuevo. En promedio, más de quinientos millones de “Me gusta” se hacen por día.

“Me gusta” es una expresión de múltiples acepciones. Unas de significado directo, otras encierran la historia de nuestra humanidad, de individuos de todo tipo, unos esencialmente heterónomos, dependientes del exterior; muy pocos autónomos, libres de su propia elección.

Para empezar el análisis, observemos algunos diálogos de la vida diaria:

Caso   01:Actor   01: No fumes tanto.Actor   02: Pero … me gusta. Caso   02:Actor   01: Come, es un buen alimento.Actor   02: ¡¡¡… No me gusta…!!!.
Caso   03:Actor   01: ¿Qué carrera vas a estudiar?Actor   02: Una que me gusta. Caso   04:Actor   01: ¿Por qué te gusta?Actor   02: No sé, solo me gusta.

 Millones de diálogos similares se repiten en el mundo, cada día. Parecen inocentes, no lo son. Encierran conductas inmaduras, disfrazan actitudes negativas, demuestran nuestra poca preparación para actuar en función de la razón.

Me gusta es una emoción que funge de motivación y lanza conductas sin mayor antecedente; como un grito inusitado desde el estómago, defendido por un espontáneo corazón. Y en el Facebook, la más popular de las redes sociales, se refuerza lo emocional, hasta el riesgo de quebrar el más elemental análisis para optar, decidir o generar una condición de beneficio individual o colectivo. Más allá de lo que sucede en la red, en lo cotidiano se elige porque me gusta, sin mayor son ni ton.

El drama proviene de la educación de las mayorías. Observemos. Se usa el azúcar porque gusta beber los líquidos siempre que estén dulces. En este aparentemente intrascendente hecho se incuba una de las mayores debilidades de los niños, jóvenes y adultos de hoy. Por ejemplo, después de los treinta años de edad, cuando aparecen los primeros síntomas de diabetes, solo entonces se reniega por consumir tanto dulce. 345 millones de personas sufren de este mal (4,6% de la población mundial; estadísticamente, 1 380 000 peruanos). Y de este grupo, más del 50% pudo reducir las consecuencias si su consumo de azúcar se hubiese reducido a la mitad o eliminado, tempranamente.

El azúcar en las bebidas, los panes, los pasteles, las galletas, las mazamorras, las tortas y cuanto dulce se inventa ante nuestros ojos, es una de las causas de mortalidad más graves, que afecta a la personas con diversas enfermedades, como los cánceres y daños cardiovasculares, que juntas representan dos tercios de las enfermedades y muertes, según la Organización Mundial de la Salud (Fuente: http://www.who.int/nmh/publications/ncd_report_chapter1.pdf); hecho probado científicamente, y no divulgado para ganancia de los laboratorios farmacéuticos y para desgracia de las economías de la familias. Pero, “me gusta”; y, sin azúcar ni lo tomo, … ni lo como.

El problema se afianza y extiende en los alimentos con que acostumbramos a nuestros hijos. Se les da gustos y antojos no lo que es necesariamente conveniente o útil para su nutrición. Y así tenemos generaciones maleducadas que se alimentan según lo que les gusta, aunque sea chatarra, grasa a la vena en panes con carnes de dudosa procedencia y “todas las cremas”. Se comen gustos en lugar de elegir lo que es bueno para el organismo. Un buen alimento bien cocido y sabroso, enhorabuena. Un alimento malo pero que “me guste”, … no importa; aunque sea una ruta segura hacia enfermedades que destruirán la salud. Pero, así funciona, desde el me gusta.

Millones de seres humanos transitan por el pasadizo del me gusta, desde sus primeros pasos, sin aquilatar lo útil, lo sano, lo necesario, lo que hace bien. Y desde este sitio se construyen conductas caprichosas, validadas íntegramente por la emocionalidad. Y luego, ya adultos, eligen a sus autoridades porque “les gusta”, no porque evalúan al candidato de mayor valor, sino al que les emociona. Las generaciones MG son pésimas para ejercitar una democracia consistente, racional y de participación pensante.

Una persona acostumbrada a actuar porque “me gusta” es débil en su voluntad, es presa fácil de incentivos dañinos, es emocionable para lanzarlo al abismo del placer, de la drogadicción, de lo fácil, del mínimo esfuerzo. Tantos me gusta equivalen a tantas incapacidades para la disciplina.

La ilusión transformada en fracaso hace del me gusta un argumento sensible, subyace en el inconsciente, reclama el estado de gusto, y lo contrario acarrea sufrimiento. Es el extremo pernicioso de vivir subyugado al me gusta.

No se elige – no se debe elegir – pareja porque me gusta; pero la sensibilidad humana funciona así, hasta que el encandilamiento se oscurece, la relación se disuelve y excusamos el error en la inexperiencia o en la fatalidad. No, el fracaso proviene de haberse subordinado al me gusta.

La cadena de conductas MG es infinita, tan extensa como lo permite nuestra imaginación y capacidad para emocionarnos. Esto no es malo, como no lo es egocentrismo y el centraje en la conducta infantil; lo malo es dejar que la emoción prevalezca sobre la razón. Lo adecuado es que eduquemos la aptitud para superar la emocionalidad y sujetarla (o equilibrarla) con la racionalidad.

Para mejorar el escenario MG los educadores tienen mucho por hacer. La cultura tecnológica contemporánea plantea diversos retos que deben ser entendidos y atendidos; atravesamos el trance digital, un período de adaptación en que el buen empleo de los términos, las técnicas, los procedimientos y el mejor desarrollo de actitudes en las personas ayudarán al buen desempeño en la era digital, en la era de la información racional y del conocimiento aplicable a la convivencia desde la solidez de cada individuo.

Lo más importante es la razón y esto debe estructurarse, estimularse desde temprano. Una Educación en Actitudes para la Sociedad Digital está pendiente en la agenda de los currículos escolares.

Será conveniente que Zuckerberg, el creador de Facebook, considere la opción de modificar el ”Me gusta” (“I like”) por “De acuerdo” (“I agree”), para los mensajes que se postean. Sería una contribución con el acto de pensar y el manejo de la lógica por parte de los usuarios; también sería un aporte para la mejor educación de las personas. En cuanto a las imágenes, de pronto aquí el ”Me gusta” seguirá siendo una opción inobjetable.

Agradecemos este artículo a:

Guillermo Ruiz Guevara
Consultor en Informática y Sistemas Aplicados a la Educación;
Consultor en Políticas de Desarrollo;
correo_e: gjruizg@mixmail.com.

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