Francia y ciudadanos de segundo nivel

Se sabe que el Islam ha aumentado considerablemente en el mundo. Los últimos datos estadísticos señalan que en los últimos años han duplicado su presencia en Europa, especialmente en Francia. Tampoco es novedad que este aumento del Islam en países no necesariamente árabes se debe a las posturas conservadoras del Vaticano acerca de temas como el aborto, el matrimonio gay, la corrupción, la pedofilia y otros actos no muy  “santos”  que influyen negativamente en un sector importante de la población cristiana y los lleva a renegar de su fe y de la autoridad omnímoda de este gran Estado llamado Vaticano.

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Pero es evidente que Francia posee entre sus ciudadanos una población de musulmanes nada despreciable en comparación con el resto de países europeos. Muchos de ellos son de origen argelino, marroquí o tunecino (antiguas colonias de Francia) y las leyes galas permiten que se hagan ciudadanos franceses sin mayores inconvenientes. En Francia el 10% de la población es musulmana, aproximadamente unos 6 millones de habitantes.

¿Por qué el grupo yihadista atacó París el viernes 13 de noviembre si Francia es un país que supuestamente ha dado refugio, trabajo, educación y ciudadanía a millones de inmigrantes musulmanes? Más aún, varios de los terroristas que participaron en este atentado eran franceses pero islámicos, a pesar que vivieron casi toda su vida en este país.

Intentemos algunas respuestas. Primero: son ciudadanos franceses, pero religiosa e ideológicamente musulmanes. Segundo: los franceses nunca consideraron como tales a los inmigrantes islámicos, ni a los hijos de sus hijos, porque piensan que su cultura es una mala influencia para los franceses.

Debemos remarcar que los musulmanes están en estas tierras desde antes de la Primera Guerra Mundial, aunque el mayor contingente arribó por el sur después de terminada la segunda conflagración mundial. Es diferente la situación de los musulmanes nacidos en Francia, pues hablan francés y tienen la nacionalidad por legítimo derecho, pero sus convicciones religiosas son muy arraigadas y se sienten tan inmigrantes como sus padres o abuelos.

Tercero: El aumento de musulmanes en ese país no solo es por el crecimiento demográfico que hay en la tierra de Napoleón (1,6 %), sino también por el aumento de conversiones al islamismo. Cada año, aproximadamente 3,600 individuos se convierten al Islam, muchos de ellos hijos de matrimonios mixtos.

Otro aspecto importante es el económico y social. La mayoría vive en zonas periféricas de Paris o en ciudades como Marsella, Lion y Estrasburgo. Por ejemplo, en el departamento de Seine-Saint-Denis, en los suburbios de París, persiste una población musulmana proporcionalmente alta, pero con una alta tasa de desempleo del 30%. Otra prueba de la situación de marginalidad de los musulmanes en Francia es que representan el 70% de la población carcelaria.

Según expertos, los atentados de ISIS en Francia quieren dar a conocer al mundo que la integración verdadera en tierras galas es imposible. Jean-Charles Brisard, consultor internacional en terrorismo y experto sobre la financiación de las redes yihadistas afirma:

“Francia es el país que más yihadistas proporciona. Serían 600 en Siria e Irak, según datos del Ministerio del Interior, pero más de 2,000 según fuentes no oficiales de los servicios de información. Todos ellos son susceptibles de volver al territorio francés para perpetrar atentados”, precisa. “Con sus ataques, el ISIS intenta provocar que se estigmatice a la población musulmana que vive en Francia, como pasó tras el atentado a Charlie Hebdo. Pretenden que esa población se diga que no vale la pena integrarse en este país y se termine radicalizando”.

La discriminación étnica y religiosa nunca estuvo al margen del pensamiento francés, diríamos que desde las épocas de Juana de Arco. Por este motivo y por otros más, estos “ciudadanos” son considerados franceses de segundo nivel, pero con los atentados del viernes 13 han pasado a ser para Francia “enemigos de primer orden”.

La identificación de los musulmanes con las tierras de donde proceden, aunque muchos no nacieron en ellas, es mucho más fuerte que los lazos que los une a Francia. A pesar de esa identificación, los musulmanes radicados en Francia están en esas tierras desde tiempos inmemorables. Su “estadía” no es fortuita ni ocasional, pues las primeras invasiones musulmanas a este país datan del siglo VIII, cuando los árabes invadieron España o el territorio de Hispania, que estaba bajo dominio romano.

De aquí en adelante no se sabe qué pasará con los inmigrantes musulmanes radicados en Francia e incluso con los musulmanes nacidos allí, mas es fácil suponer que se complica su situación, así como también la de los inmigrantes sirios -especialmente ancianos, niños y mujeres- que han llegado a  Europa en una cantidad aproximada de 800,000 en los últimos tres años.

¿Se desencadenará una “islamofobia”, incluso dentro de la ciudadanía francesa? ¿Será este conflicto el que inicie a la larga la verdadera reunificación de cristianos y musulmanes franceses? Producto de las investigaciones después del atentado, ya se capturó a 24 sospechosos y se ha comprobado que cuatro de los terroristas que participaron eran franceses.

Por lo tanto, se inicia una nueva era en la lucha entre el mundo cristiano y el islámico: cruento, devastador e inhumano. Pero considero que quien debe tomar la iniciativa para encontrar un camino de paz entre ambos bandos es Francia,  empezando por aminorar las diferencias entre sus dos “tipos” de ciudadanos. Habrá que esperar lo mejor para no llegar a una  conflagración mundial.

*Este post es una colaboración de Héctor Domecq Galván, docente de la Universidad Privada del Norte.

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