Mariano Melgar y la ficción en su poesía amorosa

Dentro de los estudios literarios siempre ha existido debates y discusiones en torno a cómo debe interpretarse una novela, un relato o un cuento. Las reflexiones que han surgido sobre el carácter biográfico de la literatura trasciende el modo en cómo nosotros entendemos algunos conceptos de los estudios literarios y su abundante teoría. Habría que tomar en cuenta, también, cómo la poesía, en marcadas ocasiones, ha sido revisada muchas veces desde el horizonte biográfico e historicista.

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Por ello, todavía hay quienes obvian los avances de la teoría literaria y prefieren construir su discurso crítico al margen de estos. En consecuencia, la vieja crítica biográfica e historicista es la que presume todavía la interpretación de la poesía de Mariano Melgar (1780-1815). Para ellos, es el poeta quien dice lo que dice en el poema. De esta forma, la leyenda de Melgar, apoyada en una interpretación histórico-biográfica creada especialmente para denotar los vacíos que se tenían de su biografía, no ha sido debatida. Para ellos, Mariano Melgar sigue siendo el poeta que escribió a Silvia y cuyo nombre es sinónimo sin lugar a discusión de María Santos Corrales y Salazar. Este artículo pretende desmitificar el carácter histórico-biográfico del poeta en el bicentenario de su sacrificio.

Sabemos de la sofisticación en el desarrollo de los estudios literarios y sus tesis, especialmente en la narratología, para la clasificación de los distintos estamentos y funciones de la creación literaria y sus géneros. Sabemos, también, que no se puede aplicar dócilmente las categorías que fueron creadas a raíz de otros contextos, específicamente el occidental. Al respecto, Pozuelo Yvancos nos explica (Pozuelo Yvancos, 1994):

El interés de la teoría literaria actual por la ficcionalidad se sitúa, pues, en este cambio de paradigma teórico que sustituye una poética del mensaje del texto por una poética de la comunicación literaria. La lengua literaria no sería tanto una estructura verbal diferenciada, como comunicación socialmente diferenciada y pragmáticamente específica como modalidad de producción y recepción de textos (11).

Para Todorov (Todorov, 1996)  el texto poético no puede incluirse dentro del estatuto ficcional, pues carece de una evocación exterior, ella se basta a sí misma. Por lo tanto, carece de representación y está limitada a verbalizar impresiones o sentimientos. Por ello, tanto la frase novelesca como la poética no es ficticia ni no ficticia. No obstante, buena parte de la poesía escrita en Latinoamérica tiene una correspondencia representativa, incluso casi como la narrativa; es decir, algunas características del relato las podemos encontrar también en el discurso poético. Por ello, es que adherirnos a la postura de Todorov, más que ayudarnos a definir nuestro enjuiciamiento, podría conducirnos a ciertos equívocos, como lo afirma Susana Reisz (Reisz de Rivarola, 1989).

Si bien en la actualidad tanto la poesía como la narrativa no necesariamente guardan una correspondencia referencial con su contexto histórico-real (la mimesis de Aristóteles), discutir sobre la ficción de un poema podría ser una tarea difícil de articular. No obstante, no todos los poemas dirigen su forma de versificar y contener imágenes y símbolos de la misma forma, algunos pueden tener una cualidad más prosaica e incluso narrativa, como la de Mariano Melgar, y otras pueden caracterizarse en una maqueta más hermética, lo que dificultaría la interpretación de su enunciado comunicativo. Además, este tipo de poesía haría difícil el trabajo de ejecutar una hermenéutica, como en el caso de algunas poéticas de la vanguardia occidental.

En el caso de la poesía de Melgar, por las mismas características de su época, contiene rasgos del discurso narrativo. No olvidemos que, incluso, nuestro poeta arequipeño fue muy hábil para escribir sus fábulas en verso. Recordemos, también, que los nombres que utiliza para su poesía amorosa son arquetípicos en su época: Silvia, Beatriz, Melissa, Filis, son designaciones que muy utilizadas con anterioridad.

El carácter ficcional que establece Melgar en su poesía no es muy distinto del que practican otros contemporáneos suyos y que corresponde a la poética del siglo XIX. Por ello, su poesía sí posee un carácter representativo  ficcional. Para ello, Mariano Melgar utiliza los sentimientos, las ideas políticas, su concepción del arte, los modelos amorosos del neoclasicismo y también los referentes reales de este, como podrían ser María Santos Corrales o Manuelita Paredes, a las que la crítica historicista biográfica se refiere (hablamos, en especial, de la prima).

Una cosa es que puedan servir de modelos para el arquetipo que Melgar utiliza y que suma a otros condicionantes para la creación de su personaje ficcional poético, como la Silvia de sus cartas y algunos de sus sonetos. Otra cosa, muy distinta, es que se pretenda establecer una correspondencia ya no de asociación libre sino de una referencia directa y exacta que se utilice para construir la historia oficial del poeta y su denominación dentro del estatuto romántico en que se le pretende encuadrar.

Quizás la mayor valoración de la poesía de Melgar y que propició una discusión ya no centrada en el discurso amoroso biográfico y controversial romántico fue la de José Carlos Mariátegui. En sus Siete Ensayos (Mariátegui, 2007), propone discutir los equívocos, especialmente los de José de la Riva Agüero, en torno a su propuesta, que entendía que Melgar no es un caso curioso de la literatura peruana sino el primer momento de nuestra literatura. Por ello, dirige la mirada que debemos tener sobre la poesía de Mariano Melgar como un ente constructor de una nacionalidad, es decir, el proyecto de nación que los intelectuales de su época tenían a bien comprometer dentro de sus discursos literarios. Enfatiza, además, la virtud de Melgar por incorporar en su literatura y la cultura escrita el elemento andino en su propio discurso poético amoroso, pues este nos lleva a un sincretismo cultural que podría ser el camino para construir una patria, una proyecto de nación.

* Este post es una colaboración de Henry Rivas Sucari, docente de la Universidad Privada del Norte.

Bibliografía:

Mariátegui, J. C. (2007). Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho.

Melgar, M. (1971). Poesías completas. Lima: Academia Peruana de la Lengua.

Miró Quezada, A. (1998). Historia y leyenda de Mariano Melgar. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Pozuelo Yvancos, J. M. (1994). La ficcionalidad en la poética contemporánea. En J. Benet Vicente, & M. L. Burguera, Ficcionalidad y escritura (pág. 12). Biblioteca de la Universitat Jaume I.

Reisz de Rivarola, S. (1989). Teoría Literaria una propuesta. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Católica del Perú.

Todorov, T. (1996). Los géneros del discurso. Venezuela: Monte de Avila Editores Latinoamericana.

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