“Para obtener una beca solo necesitas ser perseverante”

Egresada de nuestra carrera de Administración y Turismo, Lourdes Guevara obtuvo una beca del gobierno turco para realizar una maestría en Gestión del Turismo en Estambul. En paralelo, prepara un paper en base a su tesis de licenciatura que prevé publicar en WOS/SCOPUS, y del mismo modo espera participar en el congreso “Tourism Island International Congress”, a realizarse en noviembre próximo en Tenerife, España. Aquí su testimonio.

“Para obtener una beca solo necesitas ser perseverante”

Nuestra egresada Lourdes Guevara durante un viaje que realizó a Nueva York. Ahora se alista para estudiar una maestría en Estambul, Turquía.

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa” (Mahatma Gandhi).

Esta frase de Gandhi en forma literal la he tratado de aplicar siempre en mi vida, porque he tenido muchos fracasos y he recibido portazos en la cara, pero de esos moretones aprendía. Por eso he tratado de basar mi felicidad en función al nivel de mi esfuerzo y no en los resultados.

Basado en esto, durante toda la universidad me esmeré por ser la mejor estudiante y no siempre lo logré, esto obviamente me frustraba. Pero gracias a Dios siempre había alguien que me abría los ojos y me mostraba que no importa el resultado, sino cuánto me esforcé en el camino, y ahora mirando la conexión de los puntos y citando a Steve Jobs, me doy cuenta que solo puedo ver la conexión de los acontecimientos del hoy hacia el ayer.

Lo mismo pasó al postular a Turkiye Scholarship Burslari. Sinceramente nunca creí que me la fueran a dar: por alguna razón en mi cabeza estaba la idea de que las becas las obtienen personas increíblemente brillantes y poseedoras de un conocimiento único. Pero desde la universidad mis profesores (excelentes todos) compartían sus anécdotas de estudios en el exterior, obtenidos gracias a una beca y yo realmente me emocionaba y nunca perdía la oportunidad de preguntar cómo lo habían logrado.

Llegó el verano de 2018 y yo, toda una egresada perdida en el mundo sin saber qué hacer, pasaba por una crisis existencial única mientras trataba de orientar mi vida hacia un futuro prometedor. Una tarde mientras revisaba el Instagram vi una publicación de PRONABEC. Ese día promocionaban becas integrales para pregrado, postgrado e investigación otorgadas por el gobierno turco. Me topé con gran cantidad de requisitos como en años anteriores, pero esta vez era diferente porque tenía todo el tiempo del mundo para poder llenarlos. Lamentablemente, como típica peruana, prolongaba el llenado de mi solicitud y en lo que conseguía mis papeles me di cuenta de que la fecha límite estaba a dos semanas de cerrarse. La verdad es que por mi procrastinación terminé la postulación seis horas antes de que el sistema cerrara.

Ciertos documentos eran difíciles de conseguir porque yo soy de Cajamarca y actualmente resido Lima, pero por cosas del destino llegaron a extender la suscripción dos días más. El punto crítico fue la lentitud del sistema, ya que como yo otros 100 mil estudiantes alrededor del mundo estaban finalizando su suscripción, así que tenía solo 15 horas para llenar varias páginas con mi proyecto de investigación y tratar de convencer que yo era merecedora de una beca.

Fue así como me vi envuelta en una guerra contra el tiempo, sentada 10 horas seguidas de amanecida mientras me inundaba un sentimiento de renuncia. Una parte de mi decía: “vamos a dormir, mañana lo haces”, pero por otro lado tenía a ese ángel que me gritaba: “¡Termínalo!, puede ser que mañana el sistema se ponga peor y pierdas una gran oportunidad”. Le hice caso a la segunda voz. Satisfecha y pensando en el esfuerzo que puse en el proceso, decidí dejar de pensar en el resultado y me fui a dormir.

Tres meses después, creyendo que no había sido elegida, traté de consolarme pensando en la posibilidad de postular a otras becas. Pero un día me llamaron de la embajada turca para citarme a la entrevista. Habiendo buscado respuestas a las posibles preguntas, me encontré en una sala de reuniones con dos representantes de la embajada entrevistándome en inglés e indagando sobre mis conocimientos de la cultura y gastronomía turca. Me sentí bloqueada por un momento, pero me las ingenié para responder y les expliqué lo apasionante que resultaba para mí la investigación cultural de los diferentes grupos humanos y la riqueza de un pueblo milenario como el Otomano en Turquía y su evolución en el tiempo.

Dos meses y medio después, creyendo nuevamente que no me convocarían y habiéndome olvidado de mis propósitos, me llamaron de la embajada para comunicarme que me habían otorgado una beca para estudiar en Estambul. No pueden imaginar la emoción que en esos momentos sentí, pero mis compañeros de trabajo sí, ya que grité como loca. Pero aún faltaba un paso más difícil que superar: la crisis del miedo e indecisión de si voy o no voy.

Esta crisis es común en todas las personas: surge por el miedo a dejar tu zona de confort y enfrentarte a una nueva realidad que no conoces. Pero gracias a Dios y como lo dije anteriormente, siempre hay personas a mi lado que me abren los ojos y me recuerdan que el sentimiento del ¿qué hubiera pasado si…? es el peor de los arrepentimientos frente a una oportunidad. Por lo que decidí tomar este nuevo reto y ahora me encuentro a pocos días de enrumbar a una nueva aventura. Ya les estaré contando mis experiencias una vez que me encuentre en la tierra de los sultanes y el kebab.

Antes de despedirme les dejo algunos tips:

  • Pregunta siempre a tus profesores sobre sus experiencias de crecimiento y de estudios en el exterior. Eso te llenará de emoción y crecerá en ti el interés por vivir algo similar.
  • Suscríbete en todas las redes sociales a diferentes páginas oficiales de becas.
  • Que no te intimide la inmensidad de requisitos que piden para aplicar a una beca y elimina la pereza de tu vida.
  • No dejes todo para el último momento y duerme ocho horas, por más que los trabajos universitarios no te lo permitan.
  • Haz todo lo posible por salir de tu zona de confort y vence los miedos al cambio.
  • Por último, pero no menos importante, no te concentres en los logros, sino en el esfuerzo que le pones al camino. Te sentirás satisfecha o satisfecho en función a cuanto diste de ti para lograr algo.

*Este post es un testimonio de Lourdes Guevara Villalobos, egresada de la carrera de Administración y Servicios Turísticos de la Universidad Privada del Norte.

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