“Mi mundo es una tapita”: cuando los comunicadores van de campaña

Crónica sobre una iniciativa ciudadana en UPN: De cómo la empatía pudo movilizar a un ejército de futuros comunicadores.

“Mi mundo es una tapita”: cuando los comunicadores van en campaña

Foto: Nikita Shardin

Cuando Lucía Risco, líder de Responsabilidad Social de nuestro campus Comas, me comentó que la meta de toda la universidad es recolectar cuatro mil tapitas de plástico, mi primera reacción fue expresar mi absoluto desacuerdo. ¿Solo cuatro mil? Y el sustento de Risco fue comprensible. En el semestre anterior, se había logrado juntar a duras penas, 800 tapitas. Entonces su razonamiento tuvo sentido.

“Lo que pasa es que a tu campaña les faltó un elemento esencial”, expresé y acto seguido sentencié: “Faltaron estudiantes de la Facultad de Comunicaciones”. Y así, entre frases de grandilocuencia y mucha veracidad, hice una promesa: “al finalizar el semestre 2019-I solo mis 57 estudiantes del curso Responsabilidad Social Corporativa lograrán recolectar como mínimo 4 mil tapitas”. El rostro de incredulidad de mi interlocutora era comprensible.

El jueves 30 de mayo fue el “Día D”: Lucía Risco y su pelotón del curso Taller de Arquitectura I nos reunimos para afinar el plan de ataque. Sus pupilos se comprometieron a elaborar los contenedores, mientras que los míos a llevarlos por todos los rincones para retornar con ellos repletos de sueños hechos tapitas.

Aquel día, además de despejar dudas, estrecharon lazos los artífices de la iniciativa ciudadana en apoyo a la campaña “Dona una tapita, regala una sonrisa”, cuyos beneficiarios son los niños del Programa Angelitos de Cristal del Hospital del Niño, quienes por cada 1000 tapitas reciben una hora de quimioterapia. No había más tiempo que perder: nuestros “Niños con piel mariposa” nos esperaban.

Entonces mi ejército de 57 estudiantes salió del campus Comas, premunido de esperanza, la sensibilidad al tope y con el armamento que maneja a la perfección: su creatividad. La consigna fue clara: piensa por un segundo que tienes un hijo con Epidermólisis Bulosa. ¿Qué harías por él? Y se encaminaron. Visitaron condominios, bodegas, mercados, plazas, instituciones educativas públicas y privadas. No hubo espacio en Lima Norte por donde no hubieran pasado. Los contenedores se llenaron de tapitas con mucha rapidez. Y es que la solidaridad es contagiosa.

Canjearon servicios profesionales por tapitas, organizaron sorteos de electrodomésticos, realizaron charlas informativas y espectáculos infantiles, crearon páginas en Facebook. Aquí el poderoso caballero don Dinero entró en una crisis existencial, porque el valor de intercambio fueron tapitas, en todos sus colores, formas y tamaños.

Y hubo un día que retornaron, un día del cual tengo el recuerdo porque la algarabía que se armó en el aula fue similar a la que vivió nuestro país con los goles de nuestros seleccionados en la disputa contra Chile el pasado 3 de julio en el estadio carioca Arena do Gremio. Y no era para menos: la capacidad de los contenedores fue sobrepasada. La cantidad de tapitas recolectadas ascendió a 79 010 (setenta y nueve mil diez).

Y así como los contenedores no resistieron a la embestida del tropel de tapitas, la felicidad tampoco pude ser contenida en nuestros corazones. Superar con creces la meta trazada solo motivados por la empatía nos renovó las esperanzas. Si aquello lograron mis 57 estudiantes, ¿te imaginas lo que puedes lograr tú?

*Este post es una colaboración de Nikita Shardin Flores, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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1 respuesta

  1. Sonia Vásquez dice:

    Felicitaciones.

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