Rigoberto o el coraje de ver luz en las tinieblas

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Aquel primaveral día de 1992 terminaba sin mayor novedad. Rigoberto retornaba a su domicilio luego de participar en una reunión familiar. Del Callao a la Plaza Unión y de allí a Independencia. Esa era la ruta que había imaginado recorrer; sin embargo, el destino modificó el trazo sin aviso ni consenso.

En la intersección de las avenidas Nicolás Dueñas y Colonial, un coche bomba impactó contra una caseta de la Policía y la unidad de transporte público en la que subió fue alcanzada por la explosión que no solo quitó la vida a cuatro personas, sino que dejó en tinieblas a Rigoberto. A sus 33 años y habiendo nacido con todos los sentidos completos, tuvo que reinventarse.

De marzo a noviembre del siguiente año asistió, en el turno de la tarde, al Centro de Rehabilitación de Ciegos de Lima (Cercil) y fueron cuatro los talleres que lo ayudaron en su propósito: “Orientación y movilidad”, “Actividades de la vida diaria”, “Comunicación” y “Manualidades”.  Desde caminar con el bastón, lustrarse los zapatos, tender su cama y lavar los platos hasta el dominio del Sistema Braille en escritura y lectura. Todo ello constituyó la base que le permitió encarar la vida con paso firme.

Al culminar, la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) lo esperó con los brazos abiertos. Si antes su vista era el eje primordial de su trabajo, pues se desempeñaba como personal de seguridad, ahora sus manos tomaban el liderazgo: fue asignado a laborar en el área de Encuadernación y luego en Procesos Técnicos.

En julio del año 2001, la BNP crea su sala para invidentes y desde esa fecha Rigoberto participa en la organización de materiales, actualización del catálogo, transcripción de textos al Sistema Braille y enseña de manera gratuita a leer y escribir en el alfabeto que dominó en el tercer decenio de su vida.

Cuando le pregunto si guarda rencor su respuesta es contundente: no. “No tengo resentimiento con nadie” responde sin vacilar para añadir: “agradezco a Dios que solo me ha afectado la vista y no otra parte de mi cuerpo”.

La actitud para afrontar el reto que le impuso el destino ha permitido que su discapacidad visual no se constituya en impedimento para vivir en plenitud. De 1996 al 2004 ha participado en carreras pedestres de 5, 8 y 10 kilómetros en Chile, Argentina, Estados Unidos y Canadá. Actualmente está casado, tiene una hija y vive en el distrito de Carabayllo.

Rigoberto Camargo Alfaro tiene ahora dos motivaciones. Una de ellas es hacer profesional a su hija. La otra es “estar a la vanguardia en la tecnología para poder dar un buen servicio en la sala para invidentes”.

Aquella noche de septiembre de 1992 fue de reinvención. De un nuevo amanecer. Los aromas de primavera que renacen luego de un crudo otoño confluyeron a la perfección con un hombre que reescribió su historia con valentía, optimismo y con un corazón al que llenó de infinito amor al prójimo.

*Este post es una colaboración de Nikita Shardin Flores, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

 

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