Sociedad, homofobia y violencia

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Cuando la tragedia se asoma no importan los idiomas, las razas, los géneros y menos las distancias; prevalece el dolor que nos motiva a solidarizarnos y a practicar la empatía que nos hace repudiar los hechos de violencia, de terrorismo, de deshumanización, como lo ocurrido en Orlando (Florida), Estados Unidos, en donde 50 personas murieron y otras 53 resultaron heridas en un tiroteo provocado, aparentemente, por un solo despiadado ser cuyo odio parece el de mil.

Si bien aún no se saben las razones que tuvo este criminal, Omar Siddique Mateen, de 29 años de edad, cualquiera que fueran son repudiables para realizar tal matanza. Lo cierto es que por tratarse de una discoteca popular de la comunidad gay las muestras de solidaridad y repudio se han mostrado, en su mayoría, mudas respecto a este tema.

Este centenar de víctimas que bien pudieron ser cualquier familiar nuestro, encontraron una violenta muerte porque uno lo quiso así y al parecer sería otro típico caso de homofobia.

Todos aquellos que se conmovieron con el atentado del semanario parisino Charlie Hebdo el pasado 7 de enero de 2015 y que hasta colorearon sus fotografías del perfil de Facebook con la bandera francesa, hoy ni mencionan la masacre con la que ha despertado la ciudad de Orlando. Imaginamos que ha de ser porque se trata de víctimas de la comunidad homosexual.

Aquí la pacata sociedad ha disimulado sus odios homofóbicos con la celebración de un gol que –dizque- abre la esperanza de ganar la Copa América Centenario, al mismo tiempo que la convierte en cómplice de ese terrorismo que vive en la comunidad homosexual desde hace siglos y que hoy, pese a tanta modernidad, esas mentes retrógradas se lucen más cavernícolas que de costumbre.

Pese a que el 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, hay aún personas que creen todo lo contrario y rocían su ignorancia a las jóvenes generaciones que de tanto ver a ese personajillo llamado Mayimbú -que además de afirmar ser cómico y balar como si fuera gracia, ahora todos repiten: meeeeeeeeeeeee chocan los gays, meeeeeeeeeeeee fastidian los gays, meeeeeeeeeee importa un comino la muerte de los gays- terminan por imitarlo.

Hoy la sociedad ha demostrado su inhumana indiferencia ante el abuso contra los homosexuales, ha puesto en práctica lo que en el siglo pasado ya describía el psicólogo alemán Walter Blumenfeld en su libro Homophobia: how we all pay the price (1992), acerca de los cuatro niveles en que opera la homofobia:

Homofobia personal: Un sistema de creencias como odio a los homosexuales por considerarlos psicológicamente trastornados o incapaces de controlar sus impulsos. Muchos de los opinólogos que frente a otras ocasiones rechazan cualquier tipo de violencia, hoy practican el mutismo desde su zona de confort. Pero cómo chismean y rajan cuando el conductor televisivo Ricardo Morán y su pareja, por ejemplo, publican en sus redes sociales una fotografía dándose un beso. O cuánta pregunta hacen acerca de si tal o cual persona es o no gay. ¡Puro morbo!

Homofobia interpersonal: Nivel que afecta las relaciones entre los individuos que se expresa en conductas como agredir física o verbalmente a algún homosexual, incluyendo el uso de apodos y chistes. Hoy así lució esta sociedad, tan igual como cuando el comentarista Phillip Butters amenazó públicamente, en el 2011, con patear a los homosexuales que osen besarse frente al colegio de su hija. Muchos lo defendieron y pocos lo cuestionaron. Si así actúa y promueve la violencia ese líder de opinión, imaginemos qué haría el resto de obcecados en una situación similar. ¡Ese es el gran ejemplo que dan al resto de ciudadanos en nombre de la moral y las buenas costumbres: odio y repudio para los homosexuales! ¿Y luego se preguntan: qué pasa con esta juventud?

Homofobia institucional: Se trata de las formas en que organismos gubernamentales, educativos y/o religiosos discriminan sistemáticamente. Hoy ninguna institución que dice ser defensora de los derechos por la vida y que andan convocando a participar de marchas a favor de esta, ninguna, ha manifestado su repudio por tan horroroso crimen. ¡Qué nivel tan selectivo y cómodo de defender la vida! O si no recordemos la postura del arzobispo arequipeño, Javier del Río Alba, cuando en las elecciones de la primera vuelta afirmó que sería pecado votar por un par de candidatos ya que promueven el aborto y el matrimonio gay; comentarios completamente desatinados además de difamatorios.

Homofobia cultura: Son las normas sociales que funcionan en una cultura para legitimar la opresión o discriminación. Estas normas no están escritas, son implícitas y se observan en códigos de conducta. Como cuando el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, declaró con un doble mensaje que el congresista Carlos Bruce era homosexual al decir: “…esa es una loca… es una loca apreciación…” ¡Vaya autoridad edilicia! Desinformando que el proyecto de unión civil incluía el matrimonio homosexual y la adopción de niños.

Y las páginas continuarían escribiéndose si quisiéramos hacer un recuento de todas las manifestaciones homofóbicas de las que somos testigos.

Nelson Mandela decía que si nadie nace odiando, así como enseñamos a hacerlo, ¿por qué no enseñamos a amarnos? Que si bien no se exige a la gente salir a las calles a besar y abrazar a los homosexuales, pero que por lo menos los respetemos porque son seres humanos tan iguales como tú o como yo. ¿Es tan difícil hacerlo?

Mientras países vecinos ya han dado un gran avance al tema de la aceptación y defensa de los derechos de los homosexuales, el nuestro sigue esperando la llegada de nuevos siglos para recibir como siempre con retraso la modernidad, en tanto miles de homosexuales son vapuleados, vejados y muertos por el simple hecho de mostrarse tal como son: seres humanos.

Al parecer, más fácil será que Perú vaya nuevamente a un Mundial a que se logre respetar a la comunidad LGTB. Esperemos que el yerro se manifieste contundentemente.

*Este post es una colaboración de María Elena Mamani, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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