A propósito del voto femenino

El 7 de septiembre de 1955, Manuel Odría promulgó la  ley que nos ha permitido desde entonces a las mujeres ejercer el derecho de sufragio. Fue en junio de 1956 cuando las mujeres peruanas sufragaron por primera vez. Si bien un paso importante en los derechos civiles de las mujeres, este llegó tarde en comparación a países como España, que lo tuvo desde la década del 30, o Uruguay, donde desde 1917 las mujeres tenían iguales condiciones de sufragio que los hombres.

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La importancia de esta fecha recae en que este hecho es uno de los grandes logros obtenidos, con lucha y convicción, por las mujeres, si bien en nuestro país y en el mundo aún falta mucho por hacer en cuanto a reconocer el valor femenino y el aporte de su trabajo en la sociedad.

Aun cuando los Derechos Humanos señalan la igualdad inequívoca y rotunda de todos los seres humanos, las mujeres en muchos países aún no cuentan con los mismos derechos o no acceden a los pocos que tienen. Igualmente en todas las sociedades, incluso en aquellas en donde los derechos se garantizan a plenitud, aún queda camino por recorrer en relación al derecho más importante: el acceso al libre pensamiento y a la educación.

En nuestro país el voto femenino representa más de la mitad de la población electoral. Según la ONPE, más de 10 millones y medio de ciudadanas con derecho al voto lo ejercieron en las pasadas elecciones municipales 2014. Sin embargo, lo más importante es saber si este derecho es ejercido con plenas facultades y libremente.

En nuestro país las mujeres no ejercen libremente sus derechos, entre ellos el de educación y salud. Esto debido a que aún hoy las mujeres en muchos lugares no tienen la posibilidad de reconocer su identidad y de este modo acceder a los servicios básicos. El día de hoy inclusive muchas niñas no irán a la escuela porque deben realizar deberes domésticos o de sustento del hogar.  El Índice de Desigualdad de Género[1] 2013 (IDG) señalaba que 61.1% de mujeres accedían a educación secundaria, siendo el caso de los hombres 72.8%. El Perú ocupa el octavo lugar con un indicador del 0.43 a nivel de América Latina.

Del mismo modo, el estudio en mención señala que la autonomía de las mujeres es un derecho en desarrollo. Las mujeres en nuestro país aún no son autónomas para decidir libremente sobre su  sexualidad y reproducción, no tiene representatividad auténtica a nivel de Estado o no se promueve la participación plena de sus derechos o aún no tienen autonomía en la generación de sus ingresos con trabajos remunerados en igualdad de condiciones que los hombres.

Mucho queda por hacer, pero lo principal está en mejorar el acceso y calidad de la educación. Solo en un país en donde se pueda pensar libremente y reconocer las diferencias, podremos vivir a plenitud nuestros derechos hombres y mujeres por igual.

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