¿Cómo mejorar la competitividad mediante acciones de responsabilidad social?

En tiempos en que los clientes son más sensibles y exigentes y los jóvenes actúan en las redes y otros elementos virtuales, la responsabilidad social se convierte es una estrategia indispensable para las empresas.

¿Cómo mejorar la competitividad mediante acciones de responsabilidad social?

La marca de prendas Pietà, fabricada en penales de Lima, es un ejemplo responsabilidad social empresarial.

Existe hoy en día una estrecha y muy positiva correlación entre el crecimiento económico y el rol de las micro y pequeñas empresas en las actividades económicas de un país, especialmente el Perú. Relación que tiene como base el cumplimiento en paralelo de su misión como organizaciones de producción (servicios o bienes) y de conformación de diferentes clases sociales a su interior, así como una mayor inclusión social que a la larga reduce o combate a la pobreza.

Es recién a finales del siglo pasado que las organizaciones empiezan a tomar conciencia sobre la necesidad de redefinir su relación con la sociedad y el ambiente. Al fin tradicional de generar solo ganancias, se añade una nueva actitud a las empresas de clase mundial: contribuir al mejoramiento de la sociedad dentro del marco de la preservación del ambiente.

Es claro que en la ejecución de este proceso se ha ido adoptando ciertos principios éticos por parte de las organizaciones, pero también se ve una mayor exigencia al respecto por parte de los consumidores en estricto cumplimiento de la pirámide invertida en función a la calidad y el cliente.

Ya no basta con saber escoger nuevas estrategias, focalizar al cliente en el mercado, querer vender un perfecto liderazgo, escoger la mejor cultura, esforzarnos por diversificar, tener mejoras alianzas estratégicas y practicar la ya tradicional y productiva técnica japonesa del Kaizen.

Por consiguiente, quien no se termina de convencer que solo trabajamos para y por el cliente, no podría entender este concepto de nueva competitividad bajo la perspectiva de responsabilidad social. Hoy en día los términos competencia y sobrevivencia parecieran ser sinónimos, y los pueden ser en virtud de que una organización hoy en día no sobrevive porque sí. Los años de sobrevivencia demuestran la capacidad de ser competente, pero aquí se abre una disyuntiva: ¿Tendré que esperar cuánto sobrevivo para saberlo o definitivamente debo prepararme? Obviamente la respuesta es que debemos de prepararnos.

No solo los gobiernos soportan crisis sociales dentro del ámbito político y empresarial. Como organizaciones, somos caja de resonancia de ello. En el campo político apareció el concepto de gobernabilidad, que hace referencia a la capacidad de guiar los destinos de un Estado, pero es sabido que sirve para construir consensos y ayudar al orden social y político con una participación más activa en las decisiones en beneficio de la sociedad.

Las organizaciones civiles particulares -pequeños y microempresarios y grandes también- pasan por iguales coyunturas. Entonces, desde la perspectiva empresarial, las actitudes cuentan más que las aptitudes. Es por eso que se insiste en la búsqueda o formación de liderazgos bien estructurados para poder tener un mejor panorama de un mercado que está en constante cambio, motivado por las nuevas presiones de un cliente que cada día es más exigente en lo que pide, compra y en lo que comenta de los productos y/o servicios de los que dispone.

Hoy en día los clientes también cuentan con mayor conocimiento y mejor información. Ante esta realidad, las organizaciones deben preocuparse por garantizar ya no solo el beneficio del producto y/o servicio ofrecido; también deben venir como valor agregado los intereses sociales que considera la marca (el compromiso que ofrece o vende subliminalmente) sobre el compromiso con la sociedad de una manera más activa.

En este sentido, las organizaciones no se limitan a solo cumplir la ley, sino que se comprometen a sacrificar un mayor porcentaje de sus ingresos para mejorar las condiciones sociales y ambientales, dentro y fuera de sus organizaciones y en las regiones donde operan.

No olvidemos que toda empresa es, por naturaleza, una organización creada para generar ganancias para sus accionistas, y en ese sentido debe utilizar la racionalidad económica, es decir, el famoso cálculo de costo-beneficio.

Ahora bien, ¿cómo comprender una cultura de responsabilidad social? Veamos algunos ejemplos:

El caso de la marca Renzo Costa, apuesta por la mano de obra dentro de los penales. Capacita y certifica a los reclusos con el fin de darles una segunda oportunidad y puedan luego reinsertarse en la sociedad.

Otra experiencia conocida es la de Pietà, la marca de ropa que nació en los penales de Lima y conquista el mundo. La colección es enteramente producida por reclusos de los penales Lurigancho, San Jorge y Santa Mónica, con diseños a cargo de Thomas Jacob, ex diseñador de la reconocida marca Chanel.

Así queda claro cómo de una crisis de inseguridad como la actual se puede dar vuelta a la situación. El fin es que quienes cumplan su condena sean trabajadores potenciales y cultivados para ayudar a la sociedad. Eso da una percepción de compromiso social.

La responsabilidad social se entiende como el resultado de la aplicación de principios éticos y valores por una organización. Debemos asumir por lo tanto que la responsabilidad social es una perfecta estrategia para sobrevivir y ser competitivos en nuevos mercados que son más sensibles y exigentes, con jóvenes predispuestos a actuar en las redes y otros elementos virtuales que sirven para comunicar más y mejor.

Por lo tanto, la responsabilidad social ya no es una simple postura principista, sino más bien un nuevo espacio de competencia. Por lo tanto, debe ser un objetivo supremo de toda organización que quiera sobrevivir en estos tiempos.

*Este post es una colaboración de Ricardo Salazar Del Corzo, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

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