Mis primeras impresiones y Mrs. Amy Cuddy

amy cuddy estudios generales

Foto: Time

Tengo el vívido recuerdo del momento en que Mrs. Amy Cuddy entró en escena: acababa de tener una entrevista de trabajo, una de esas particularmente complicadas, donde tienes a dos entrevistadores, que deliberadamente o no, han asumido los roles de “policía bueno/policía malo”. Estas entrevistas son emocionantes, son retadoras; pero también pueden ser frustrantes.

Había hecho particular despliegue verbal y no verbal (esto es importante) para sortear todas y cada una de las interrogantes, convencido (esto también lo es) de todas y cada una de las respuestas: había sido transparente como un cristal y creía (porque la fe es algo personal…) haber sido contundente como una comba, de esas que se usan para derribar muros. Voy a ser honesto, algo salió muy mal. Sin proponérmelo, había dejado una primera impresión distinta en cada uno de mis jurados: ya no solo distinta, sino contradictoria entre sí; donde A vio A, B vio B, es decir, lo que quisieron ver. Suena común, las impresiones son percepciones; tan común como eso de que “la primera impresión es la que cuenta”… pero, un minuto: ¿era eso cierto? La primera impresión se asume como decisiva en muchos ámbitos y, sin embargo, ¿es tan arbitraria como para que dos personas interpreten dos posibles patrones distintos de conducta frente a una única –y simultánea– interacción con una única persona en una entrevista?

Quedé sorprendido y, cuando asumí cuántas primeras impresiones habían guiado mis decisiones hasta ese momento, un poco asustado. Afortunadamente, alguien había transitado ya este camino y razonamientos: Mrs. Amy Cuddy, profesora de Psicología de la Universidad de Harvard, graduada en Princeton, y para mayores méritos, superviviente de un accidente personal que mermó –ligeramente– sus habilidades intelectuales. La profesora Cuddy había prestado atención ya a estas “trampas” de la primera impresión. En sus palabras, tendemos a clasificar a las personas en esas primeras interacciones en base a dos ejes: calidez (trato personal) y capacidad (competencias). Tendemos a preferir a gente cálida y, a su vez, competente. Este es un proceso inconsciente (y ausente de toda objetividad) donde las dos variables son asumidas, además, como inversamente proporcionales: “si muy amable, luego lerdo; si muy capo en lo suyo, luego un patán en el trato”. Increíble: una trampa mental. Luego de este análisis, Cuddy nos invitaba a tomar conciencia de este mecanismo y operar racionalmente sobre él: no dejarse llevar por este rasgo instintivo.

Pero sus hallazgos no quedaron ahí. En una línea de investigación posterior, que hasta el día de hoy mantiene (y que ha condesado en su reciente publicación Presence, que esperamos pronto se traduzca al español) ha intentado demostrar la capacidad del cuerpo de influir sobre la mente: leyó bien, no la mente sobre el cuerpo (eso que hoy llama PNL o mindfulness, y que el latino Juvenal acuñó en un certero “mente sana en cuerpo sano”); sino lo contrario, la capacidad de operar, a través de pequeños comportamientos aprendidos, en nuestro estado de bienestar mental.

La idea, en líneas generales, es muy sencilla: frente a un reto determinado, uno actúa y planta cara al problema armado con algunos conocimientos y habilidades y, sobre todo, con actitud. Los entusiastas dicen incluso “100% actitud”, aunque esto cabe tomarlo con pinzas, porque dependiendo del reto, la actitud puede ser fundamental, pero no compensa los otros componentes. En la mayoría de los casos, convenimos que es un elemento clave; como cuando juega la selección de fútbol, podemos ser buenos o malos técnicamente hablando, pero lo que no se le perdona a un jugador es salir a la cancha sin actitud.

Entonces, allí va el tip práctico de Mrs. Amy Cuddy para tener actitud: creértela. Y como eso no basta, compórtarte como tal. Apelar a determinados actos y gestos de comunicación no verbal, que nos refuercen (se diría “instintivamente”) eso que nos hace falta. ¿Quieres entrar en esa reunión y salir bien de ella?, entonces entra con actitud ganadora, asúmete y refuerza la postura. Pero hay un secreto más, que va más allá de un simple tip: no se trata de fingir la postura para sobrevivir a una reunión; se trata de hacerlo hasta lograr una genuina transformación interior. Parece bueno y suena bonito, ¿no? También es gratis.

Nota de los editores: La profesora Amy Cuddy participará como expositora del evento “World Business Forum”, que es traído en exclusiva para nuestros estudiantes gracias a Laureate International Universities, una presentación que podemos adelantar.

Más información:

¿Quieres conocer más sobre los estudios y recomendaciones de Amy Cuddy? Aquí un enlace para un vídeo de su presentación en TED 2012.

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