Cultura del miedo

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Cierto día, me encontraba en un centro comercial muy concurrido y veía cómo la gente entraba y salía, además de cargar cantidades de bolsas, artefactos, entre otros productos. Todo estaba bien, parecía un día común; de pronto, pensé y me dije: ¿qué pasaría si en este lugar concurrido estallase una bomba?, ¿cómo hubiese reaccionado la gente?, ¿qué escenario nos depararía este atentado?

Como muchas personas, según nuestra educación, costumbres e idiosincrasia, es lógico pensar en las desgracias; pero fundamentalmente en la cultura del miedo que la humanidad considera como una pandemia. Por un lado, el hombre ha visto cómo esta perturbación angustiosa del ánimo se apodera de la especie humana, sometiéndolo a ciertos aspectos religiosos, culturales, políticos y sociales, logrando sus propósitos. Por otro lado, este sentimiento innato, según advierten los entendidos, se ha incrementado por la nefasta realidad y desgracias que vivimos en el mundo. En tal sentido, considero que la cultura del miedo es utilizada por los grandes poderes gubernamentales en aras de controlar a las poblaciones, antojadizamente.

Desde hace mucho tiempo atrás, varios países en todo el mundo han promocionado y avalado la cultura del miedo. Podemos mencionar, por ejemplo, como Israel, receptor de ayuda militar por Estados Unidos, infunde políticas drásticas no solamente a sus habitantes en general, sino a la niñez, manifestándoles que son víctimas de los palestinos y de los árabes, ya que estos son sus más acérrimos enemigos. Asimismo, la religión y la seudo superioridad, también, fomentan este tipo de actuaciones, que conlleva a una población sumisa, acoquinada por tanto horror y desgracia perpetuos.

Por otro lado, si nos referimos a los sucesos trágicos, marcados por la historia, mencionamos a los atentados de las torres gemelas, la psicología social o de masas, las políticas económicas, el terrorismo, la televisión basura, entre otras situaciones que ocasionaron conmoción en la humanidad. Incluso, muchas personas empezaron a relacionar estos episodios con las famosas profecías, logrando perturbar a la colectividad. Entonces, ¿por qué las personas de diferentes latitudes nos desesperamos frente a acontecimientos inusuales?, ¿acaso no saben que los Estados aprovechan estos espacios aciagos para manipular a la sociedad o hacer reformas impopulares?, ¿por qué nos dejamos, fácilmente, doblegar por las ventosas del pavor? Pues la intención es clara: forzar la aprobación de una serie de reformas que responden a intereses de las grandes potencias o gobiernos, y es aquí donde se enquista el miedo como un cáncer incurable y fulminante.

Ahora bien, frente a una serie de situaciones tenemos miedo del futuro, del cambio de actitud, en fin, de todo lo que ocurre a nuestro alrededor o de lo que el hombre quiera y desee crear. Sin embargo, debemos concebir al miedo como generador de cambio de un ciclo de aprendizaje, como una oportunidad para evitar una crisis y vivirla trágicamente. Ergo contrarrestaría la culpa, la condenación, la psicosis y todo cuanto haya entre las sociedades modernas. El filósofo y ensayista italiano, Bodei (1995), manifiesta que: “oponerse al miedo quiere decir, en términos políticos, religiosos y filosóficos, rechazar el absolutismo y la razón de Estado, repudiar el precepto bíblico y abolir virtualmente la distinción pascaliana entre temor malo y temor bueno. Ni el Estado ni la fe ni mucho menos la filosofía y la sabiduría deben apoyarse del miedo”. Además de estas afirmaciones Chomsky (1996) nos advierte que: “el destino de mucha gente depende de nuestra disposición y capacidad para reconocer y atajar este tipo de actuaciones espeluznantes”.

Finalmente, se ha puesto en evidencia que la cultura del miedo ha manipulado caprichosamente a las sociedades mundiales, generando cambios verticales a sus propios intereses. De otro lado, esta cultura de la aprensión, de la zozobra, se ha puesto de manifiesto en situaciones adversas; no obstante, debe considerarse como una oportunidad para que la humanidad evite ser victimada por fuerzas doblegadoras. Ante esta realidad, cabe plantearse las siguientes preguntas: ¿hasta cuándo la humanidad se dejará influenciar por el miedo?, ¿qué podemos hacer desde nuestra tribuna para evitar sembrar esta cultura y satisfacer los intereses del Estado?, ¿cuál sería el futuro de nuestra descendencia si no superamos al miedo?

*Este post es una colaboración de Eduardo Martín Agión Cáceres, docente de la Universidad Privada del Norte.

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