Descanse en paz, maestra del Perú

maría rostworowski humanidades

El 6 de marzo último se apagó una lumbrera en el Perú. A poco de cumplir nada menos que cien años y luego de haber dejado una obra abundante y de fundamental importancia para conocer y comprender la cultura del antiguo Perú, falleció la gran etnohistoriadora peruana María Rostworowski.

Rostworowski había nacido en 1915, en Barranco. De ascendencia polaca por línea paterna, sus padres fueron el ingeniero agrónomo Jan Rostworowski y la dama puneña Rita Tovar del Valle. «Chola polaca», tal como lo dejó dicho en una entrevista concedida a Luis Arriola, el 2007, en algún pasaje de una de sus obras dejó establecido claramente el arraigo de la cultura peruana en su espíritu. Al agradecer a Alejandro Diez Canseco, su segundo esposo, por el apoyo brindado a su labor de investigación, escribe: «Su influencia fue decisiva en la búsqueda de mi identidad, identidad que tiene, a la fecha, profundas raíces andinas». (Rostworowski, 2004, p. 7)

De formación autodidacta, asistió como alumna libre a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde se convirtió en asidua asistente a las clases de figuras prominentes del ámbito académico nacional, tales como el arqueólogo Julio C. Tello, y los historiadores Luis E. Valcárcel y Raúl Porras Barrenechea. Formó parte del grupo selecto que encabezado por José Matos Mar, y en el cual se encontraban intelectuales de la talla de José María Arguedas, Jorge Bravo Bresani, Alberto Escobar, John Murra, y los hermanos Salazar Bondy, fundó, en 1964, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), referente cardinal de las ciencias sociales en el Perú.

Precisamente el IEP tomó a su cargo la publicación de su ingente obra. El año pasado, en la Feria Internacional del Libro de Lima, con ocasión de los cien años de Rostworowski, esta institución presentó los últimos tres tomos de su obra completa, conformada por diez volúmenes. El primer tomo lo constituye el exhaustivo estudio que Rostworowski realizó acerca del Inca Pachacutec. Es esta una obra que se encuentra atada al recuerdo sombrío de un premio que le fue escamoteado tramposamente.

Ocurrió en 1952, durante el gobierno del general Manuel Odría. El jurado encargado de otorgar el Premio Nacional de Fomento de la Cultura Inca Garcilaso de la Vega había decidido concedérselo a María Rostworowski en mérito a su investigación Pachacutec Inca Yupanqui, que cristalizaba nueve años de pesquisas diligentes acerca de esta figura legendaria de nuestro pasado prehispánico. Pero la decisión debía ser confirmada y oficializada por una instancia gubernamental. En una maniobra deshonesta, las autoridades del gobierno rectificaron la decisión del jurado y otorgaron el galardón al historiador y magistrado Luis Antonio Eguiguren Escudero, a la sazón Presidente de la Corte Suprema de Justicia –sin duda, un connotado investigador, cuya obra, sin embargo, no reunía los méritos necesarios para hacerse con el premio–  con quien el régimen buscaba congraciarse en el contexto de un litigio judicial que mantenía con una empresa comercial.

El despropósito, con todo, no oscureció aquel significativo primer gran logro de Rostworowski. El parecer del jurado plasmado en el informe técnico que sus miembros redactaron, y a través del cual se deja constancia de las razones consideradas para adjudicarle el premio, destacando el valor y la originalidad del trabajo pergeñado por Rostworowski, ha quedado registrado. Allí, además, se dedican algunas emotivas líneas a llamar la atención sobre el lugar expectante que a juicio del jurado la investigadora iba ocupando ya en el contexto de la investigación histórica en nuestro país: «Con justicia a la vez que con leal espíritu de estímulo puede decirse que ha surgido una nueva autoridad peruana en historia incaica» (Porras, Moreyra y Tauro, 2006, p. 26). Palabras estas que, con gran acierto desde luego, anunciaban el vislumbre de una auspiciosa labor que hallaría rotunda concreción en los años siguientes.

La publicación de otro libro suyo, que versaba sobre la hija del conquistador del Perú, intitulado Doña Francisca Pizarro. Una ilustre mestiza. 1534-1598, no sólo significó un importante aporte –uno más– al acervo histórico nacional, sino, además, daría lugar el 2003 a una circunstancia mortificante para su autora. Álvaro Vargas Llosa, según Rostworowski, había plagiado información de su libro para escribir una biografía novelada sobre el mismo tema. El incidente, luego de la indignada reacción de la historiadora (que incluyó el explosivo tanto como comprensible proferimiento de una expresión excrementicia lanzada contra el escritor) terminó con un ramo de rosas rojas enviado por Vargas Llosa y una conversación a través de la vía telefónica que zanjó el asunto en buenos términos.

Uno de sus libros más difundidos –cuenta ya con tres ediciones y nueve reimpresiones–  es Historia del Tahuantinsuyu. Publicada en enero de 1988, la obra acomete la tarea de rastrear los orígenes del estado inca –originado en «un pequeño curacazgo perdido en la inmensidad de la cordillera andina» (Rostworowski, 2004, p. 309)– considerando no sólo una extensa bibliografía sino también el registro escrupuloso de fuentes que datan del siglo XVI, ubicadas en archivos diversos. La imagen que emerge de este estudio se aleja significativamente de aquellos otros en que tradicionalmente se ha basado la enseñanza que se imparte en las escuelas, que suelen presentar el pasado inca como el devenir de un pueblo que se convirtió en imperio (Rostworowski se opone al uso de dicho término en las «Aclaraciones previas» de la obra) siguiendo un desarrollo idílico hasta la llegada de los españoles, y que cayó subyugado fundamentalmente por lo que para Rostworowski son sólo las «causas visibles» de su ocaso: la fratricida guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, y la diferencia tecnológica que quedó definida por la pólvora, los arcabuces, la rueda y el hierro con que las huestes europeas venían pertrechadas.

Las pesquisas de Rostworowski, empero, indican que el registro histórico deja ver más. Según la historiadora puneña hubo también «causas profundas», que provienen de la peculiar organización del estado inca y de los requerimientos nacidos de aquella, esto es, la creciente demanda de recursos y, concomitantemente, la necesidad de conquistar más territorios. En un escenario semejante, el avasallamiento de los señoríos locales despertó en estos un profundo rechazo del afán expansionista del Tahuantinsuyu, que, a la larga, determinó el apoyo prestado por los enemigos del estado inca a los invasores españoles, con la esperanza de sacudirse de su yugo. Aquella gran organización estatal que empezaba quizá a transitar el camino de la consolidación poco antes de la invasión española, pugnando por vencer la resistencia de las etnias conquistadas, muchas veces integradas por la fuerza al estado inca, es la que nuestra historiadora, justamente, presenta con meticulosidad y rigor científicos en este gran libro.

Ahora María Rostworowski –«María de los Andes», como se la llamaba– descansa en paz. Una obra vital, imprescindible, imperecedera, la sobrevive.

*Este post es una colaboración de José Antonio Tejada Sandoval, docente de la Universidad Privada del Norte.

Referencias

Arriola, L. (2007). «Soy una chola polaca». La República, 4 de noviembre. Disponible en: http://larepublica.pe/04-11-2007/soy-una-chola-polaca

Porras, R.; Moreyra, M; Tauro, A. (2006). «Informe de la comisión técnica designando el premio “Inca Garcilaso de la Vega” correspondiente al año 1952 a la señora María Rostworowski de Diez Canseco por su obra Pachacutec Inca Yupanqui». En Rostworowski, M. (2006). Pachacutec. Obras completas. Tomo I. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Rostworowski, M. (2004). Historia del Tahuantinsuyu. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas (5 valoraciones, promedio: 2,60 de 3)
Cargando...

También te podría gustar...

2 Respuestas

  1. Manuel Eguiguren dice:

    ¨En una maniobra deshonesta y continua…¨ Agradecería corregir ese comentario, pues no tienen ninguna prueba que ha fue un premio. Ademas agregan que su obra no cumplia con el merito, por favor, en todo caso investigar… No pueden valerse como argumentos solo de declaraciones de la homenajeada en el articulo.

  2. José Antonio Tejada dice:

    Escriba usted un post exponiendo su punto de vista acerca del hecho y demostrando que el trabajo de Eguiguren merecía obtener aquel premio. Además, sería interesante que explique Ud. por qué, a través de una maniobra extraña, se rectificó el fallo inicial, firmado nada menos que por insignes intelectuales de la época: Raúl Porras Barrenechea, Manuel Moreyra y Paz Soldán y Alberto Tauro del Pino. El legado de la señora Rostworowski está ahí como expresión de su talento como investigadora del pasado de nuestro país. Ese es un hecho incontrovertible.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *