Un escritor en Siria, hoy

Alepo es una de las más importantes ciudades de Siria. En estos momentos, allí vienen tomando lugar los más violentos enfrentamientos que el ejército de ese país mantiene con facciones rebeldes y con las milicias fundamentalistas del Estado Islámico (ISIS). La situación es desesperante, sobre todo para los civiles que se encuentran bajo fuego cruzado y expuestos a los repentinos bombardeos del ejército regular sirio y de la coalición occidental, a los que, como siempre sucede en escenarios brutales como este, poco les importa aquello que los mandos militares denominan con un eufemismo insultante, daños colaterales. Del total de muertos hasta ahora, que según estimaciones de organizaciones pro derechos humanos asciende a 215 000 víctimas, alrededor de un 10% corresponde a niños asesinados.

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Al norte, a más o menos 70 kilómetros de Alepo, y a poca distancia de la frontera con Turquía, se sitúa la pequeña ciudad de Manbedj. Vive allí, confundido entre los demás habitantes, Aboud Saeed. Tiene poco más de treinta años y trabaja en un pequeño taller de propiedad de su familia. Aboud es herrero y soldador. Desde su casa ve diariamente planear amenazadoramente los aviones militares y circular los pesados tanques que buscan rebeldes; oye y ve el intercambio de fuego entre las tropas del ejército, los grupos que apoyan a estos en defensa del régimen de Bashar al-Assad y los combatientes radicales de ISIS. Y mientras espera un nuevo corte de luz o un nuevo bombardeo, que ya ha destruido buena parte de su ciudad, escribe. Escribe poesía. La escribe en su perfil de Facebook.

La historia comenzó la medianoche del lunes 30 de diciembre de 2011, en que Aboud, un poco tímidamente, registró su primera actualización. A partir de allí, regularmente dejaba publicaciones que exhibían una extraña belleza. Poco a poco se hizo de amigos en la famosa red social. Los like empezaron a acumularse luego de cada texto. Sandra Hetzl, una artista alemana que mantiene contacto con los nuevos movimientos culturales de Medio Oriente, advirtió el giro poético de las publicaciones, su mordaz ironía y el escenario terrible sobre cuyo fondo escribía Saeed, y le propuso publicar bajo la forma de e-book sus actualizaciones. El libro vio la luz dos años después, bajo un título que recogía el tenor de alguna de aquellas actualizaciones: Yo, el más inteligente de Facebook. A partir de allí la popularidad llegó. Ahora Aboud prepara su segundo libro, una novela que es esperada con expectación por aquellos que saben de él y ya leyeron esta primera obra: nada menos considerada como la primera que se escribe a través de Facebook.

El subtítulo del libro, ciertamente, sobredimensiona su contenido y propósito: Una crónica de la revolución siria. Aboud interpola algunas breves meditaciones sobre la guerra (que en algunos casos, llegan a tener cierta densidad crítica y reflexiva y exhiben algunos niveles de agudeza), pero ni por asomo nos brindan una imagen de lo que está pasando en Siria. Sin duda, los textos poseen un registro testimonial de singular importancia en la medida en que son parte de la visión de un creador y reflejan el estado de ánimo de alguien atrapado en medio de una guerra fratricida, en un mundo que cada vez con más desparpajo muestra la brutalidad de que es capaz el hombre. Los motivos que se encuentran reflejados en la obra de este poeta sirio son variados. Está la incertidumbre de la guerra; su vida cotidiana y las cuitas amorosas; hay sutiles cuestionamientos de la dinámica de una red social como Facebook; se hallan referencias, hechas con agudo sarcasmo, a íconos de la cultura árabe. Y aparecen desparramadas por aquí y por allá las alusiones  a su madre, objeto casi de adoración para Aboud.  Pero todo ello, definitivamente, no basta para que lo escrito por Aboud sea considerado una crónica.

La levedad de una vida que puede terminar en cualquier momento se percibe en aquello acerca de lo que Saeed escribe y en la manera en que lo escribe. Las situaciones cotidianas que aparecen entreveradas en el libro incorporan siempre vías de escape al sinsentido. El ligero ejercicio de meditación sobre algún suceso que entraña gravedad, de pronto se desvanece vaporizado por acotaciones que exhiben ribetes de desconcertante ironía: es como mirar al verdugo, no para implorarle clemencia, sino para mostrarle una plácida sonrisa.

En esa medida, la obra de Saeed es el producto de una situación límite: situación en que queda emplazado quien es expuesto a la vesánica destrucción de una guerra. Si la amenaza de la extinción absoluta, de la muerte, es la cifra que acaso mejor nos aproxime a la experiencia del vacío, es natural que su mención inaugure  –como una escueta declaración de principios–  la serie de actualizaciones que luego habían de convertirse en un libro: «Voy a escribir sobre lo primero que se me venga a la mente / sobre el vacío / que me convirtió en un seudopoeta». (Saeed, 2013, p. 13).

El absurdo dolor de la guerra como fondo coyuntural que cataliza la potencia expresiva de un escritor, la belleza de la palabra jugueteando con el sinsentido y la plataforma virtual de intercambio social más popular del planeta empleada como medio para la creación literaria: son estos aspectos, en singular confluencia, los que hacen de esta pequeña obra una rareza que vale la pena leer.

*Este post es una colaboración de José Antonio Tejada Sandoval, docente de la Universidad Privada del Norte.

Referencias

Saeed, A. (2013). Yo, el más inteligente de Facebook. Una crónica de la revolución siria. Buenos Aires: Mardulce.

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