Dos sexos, dos cerebros

Los estudios científicos han venido dando algo de luz en el complicado mundo de los sexos y las relaciones de género. Intentar explicar ciertas diferencias entre hombres y mujeres ha sido tarea de psicólogos, sociólogos, antropólogos, así como de sexólogos y ahora neurocientíficos.

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Vemos como existen marcadas predisposiciones mentales y conductuales según el género. Así, por ejemplo, la hiperactividad infantil y la afasia (dificultades con el lenguaje) son más frecuentes en niños que en niñas. La depresión, por su parte, mayormente la padecen las mujeres, mientras que la esquizofrenia, el autismo y el trastorno de personalidad psicopático se presentan más en varones. ¿Por qué ocurren situaciones como las mencionadas? ¿Mala suerte? ¿El destino? ¿Los astros? Por supuesto que no. La ciencia y en especial las neurociencias están brindando respuestas por lo demás interesantes. Respuestas que no descartan -y muchas veces complementan- otras de tipo familiar y socio cultural tales como aprendizaje, trato, costumbres.

Hace algunas décadas se comprobó que el cuerpo calloso (región que une ambos hemisferios cerebrales) es más grueso y más grande en las mujeres que en los hombres. Se descubrió que las mujeres emplean ambos hemisferios para casi todo y que el cerebro del hombre produce testosterona desde que está en el vientre de la madre; esto es, desde que es un feto. Además el hipotálamo tiene casi el doble del tamaño en hombres que en mujeres.

Siguiendo con estas tendencias observamos que la emocionalidad y la organización suelen ser femeninas, mientras que la violencia y la corrupción son mayormente masculinas. Las mujeres tienen mejor memoria emocional mientras que los hombres salen mejor en pruebas de razonamiento matemático y tareas mecánico-espaciales. El hombre está más capacitado para la concentración en una sola tarea a la vez, en tanto la mujer puede realizar varias tareas simultáneamente. El tema es largo, pero estos son solo algunos ejemplos.

No proponemos con esto, como se podría creer, que un sexo es mejor que el otro o que determinadas cualidades o problemas son exclusivos de ellos o de ellas. Por el contrario, conocernos mejor tanto a nivel mental, sexual como comportamental es de gran ayuda en el proceso de desarrollo personal y de convivencia social.

* Este post es una colaboración de Manuel Arboccó de los Heros, docente de la Universidad Privada del Norte.

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