Stephen Hawking y los enigmas del universo

Hace poco, con ocasión de la entrega de los premios Oscar otorgados por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, vimos entre los filmes nominados en la categoría de mejor película La teoría del todo (The Theory of Everything), del cineasta británico James Marsh, autor de documentales de culto como Wisconsin Death Trip (1999) y Man on Wire, estrenada en 2008. La teoría del todo es un filme basado en el libro que escribiera la primera esposa del astrofísico británico Stephen Hawking, en el que relata su vida en común, las peripecias que atravesaron como producto de la grave enfermedad diagnosticada al científico hace más de cincuenta años y la brillante carrera que a despecho de su dificilísima condición física logró cimentar en el campo de la cosmología.

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La esclerosis lateral amiotrófica  –nombre del mal que arrastra desde muy joven–  se le manifestó a Hawking cuando tenía poco más de veinte años y estaba preparando su tesis de doctorado en física. Esta enfermedad afecta las neuronas motoras, aquellas que controlan el movimiento. Producto de ello, su condición fue deteriorándose progresivamente hasta un punto en que, privado casi totalmente de movimiento y de la posibilidad de articular palabras –esto último a raíz de una neumonía que hizo necesario practicarle una traqueotomía–, se vio atado de por vida a una silla de ruedas, a la que se le adaptó un sintetizador que convierte en sonido lo que Hawking escribe en un teclado. Su capacidad de pensar, sin embargo, no ha sido mermada, situación que le ha permitido proseguir con su brillante actividad intelectual. Increíblemente, el científico británico ha cumplido, el pasado 8 de enero, 73 años, aun cuando los médicos calcularon su esperanza de vida en sólo dos años.

En 1988, Hawking publicó un libro de divulgación científica, Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros. Unas palabras de otro grande de la ciencia, Carl Sagan, el presentador de Cosmos –popular programa televisivo de divulgación científica de los años ochenta–, abren el libro. Las páginas de Breve historia del tiempo nos hablan acerca del origen del universo, y desenvuelven su trama a partir de aquellas preguntas que, según nos dice Hawking en el prólogo, lo condujeron a investigar en el campo de la cosmología y la física cuántica: ¿cómo se originó el universo?, ¿algún día tendrá un final?, y si es así, ¿cómo será este? Además de los temas anunciados en el título, otros más, como la teoría de la relatividad y el continuo tetradimensional, la física de partículas y el principio de incertidumbre, la posibilidad de postular una teoría unificada en física, la teoría de las supercuerdas, y aquellos que como estos parten de la contemplación de nuestro mundo y del deseo que acompaña al hombre desde épocas remotas de explicar el sobrecogedor enigma que lo rodea, jalonan las páginas de esta obra.

El año 2013 el Gran Colisionador de Hadrones –el más grande y sofisticado artilugio tecnológico actualmente existente– arrojó información compatible con las características asociadas a la denominada “partícula de Dios”, el bosón cuya existencia Peter Higgs predijo en los años sesenta. Hawking perdió la apuesta que había hecho con su amigo Gordon Kane, al haber negado que el famoso bosón de Higgs pudiera ser hallado. Pero su labor, claro está, no ha cesado. Stephen Hawking sigue trabajando: una de sus últimas publicaciones, un recuento de la evolución de su pensamiento y de los pasajes de su vida, fue dada a conocer el año pasado bajo el título de Breve historia de mi vida.

* Este post es una colaboración de José Antonio Tejada, docente de la Universidad Privada del Norte.

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