«Jorge Puccinelli, el mentor que reafirmó mi vocación por las letras»

El autor del presente artículo evoca la entrañable relación que lo unió al profesor Puccinelli, destacando sus virtudes de guía.

Jorge Puccinelli, el mentor que reafirmó mi vocación por las letras

El profesor Puccinelli en la biblioteca del Instituto Raúl Porras Barrenechea.

Luego de terminar mi formación en Filosofía en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos comencé a frecuentar el Instituto Raúl Porras Barrenechea con la finalidad de realizar mi tesis de licenciatura. Desde los primeros años de estudios había acariciado la idea de hacer un trabajo monográfico sobre Víctor Li Carrillo (1929-1986). En la biblioteca del instituto, que conservaba la mayoría de libros del filósofo sanmarquino, comencé esta aventura intelectual.

Inicialmente hubo muchos profesores y amigos que se mostraron escépticos a mi tesis, lo que sumado a mi difícil situación laboral hacían que considere la posibilidad amarga de alejarme de las Letras y dedicarme a algo más práctico y productivo. Fue en esos momentos de difícil vacilación que Jorge Puccinelli apareció y se convirtió en mi mentor.

Era una situación muy particular, pues ya lo conocía. Había visto su nombre en diferentes libros sobre la historia de la Universidad de San Marcos, así como de la Facultad de Letras, de la cual él fue su paradigmático decano. También había visto su nombre elogiado y comentado con mucho cariño por la generación del 50, Washington Delgado, Julio Ramón Ribeyro, José Bravo Amezaga, Víctor Li Carrillo. No solo eso. Su nombre estaba a la cabeza de la legendaria revista Letras Peruanas.

Una mañana a eso de las 11 -horario habitual de su llegada al instituto- se detuvo frente a la mesa improvisada del patio y me dijo: “Buenos días, ¿qué está trabajando?” El auténtico interés de su pregunta, así como la amabilidad de su voz, hicieron que con mucha confianza le responda y le cuente mi proyecto inicial de hacer mi tesis sobre el pensamiento filosófico de Víctor Li Carrillo. En nuestra breve pero sustanciosa conversación, hacía preguntas que me ponían en aprietos, pues no sabía la respuesta inmediata. Era su manera de enseñar, motivando. El preguntar con sinceridad en la búsqueda de la verdad, siempre será una motivación infalible. Terminó diciendo: “¿Usted sabe que yo he sido amigo de Víctor?” Le respondí que sí, y que no solo había sido su amigo, sino su maestro en las clases de literatura. Él sonrío humildemente y siguió su camino ofreciendo su ayuda con el tema.

A la mañana siguiente estaba yo allí nuevamente, con preguntas y con esquemas iniciales. Cuando apareció a las 11 y se acercó, no solo pregunté mucho, sino que le pedí que me prestara un libro mecanografiado que él tenía y que sería de gran ayuda para mi trabajo. Se sorprendió de que supiera de ese texto, le comenté el contenido, así como otras cosas que había investigado y decidió apoyarme. Puccinelli trajo el libro de su casa.

Al siguiente día, así como la mayoría de las citas que me era posible, visitaba el instituto con la seguridad de encontrarme en un ambiente grato, bajo la mirada de los cuadros de Raúl Porras Barrenechea, del Inca Garcilaso de la Vega y del mismo Li Carrillo. Seguí investigando y él orientando. Como decía al inicio, la manera de enseñanza era motivadora, siempre su mentoría era breve, amable y te empujaba a seguir trabajando. La idea de alejarme de las Letras ya había desaparecido, ahora tenía la certeza de que quería dedicarme a la Filosofía siempre.

Sobre lo que Li Carrillo había escrito se sabía muy poco, conseguí desempolvar dos de sus cursos dictados los años 1966 y 1967. Li Carrillo tenía la costumbre de escribir antes de dictar un curso, era una manera de conservar lo trabajado. Puccinelli sabía de estos textos y de un tercero que me comentó. Le comuniqué la idea de revisar El Comercio desde 1950 hasta 1960 como parte de un proyecto de recopilación, idea que él apoyó nuevamente y se mantuvo vigilante de los avances.

Un día, cuando me acerqué al instituto y pregunté si había llegado, su asistente me dijo: “Espera un momento, voy a avisarle a tu ‘mentor’ que ya llegaste”. Esa palabra quedó resonando en mi mente hasta ahora, pues comprendí que Jorge Puccinelli se convirtió en mi mentor al enseñarme “cómo hacer” investigación y “cómo” revisar publicaciones, también me inspiró a seguir en mi vida intelectual. Comprendí que la mentoría implica esas tareas y más, a fin de lograr que el discípulo construya su propio destino.

*Este post es una colaboración de Christian Córdova Robles, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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