El lado humano de las organizaciones

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Fue Douglas McGregor quien con El lado humano de las organizaciones marcó un punto de inflexión en lo que hasta la mitad del siglo pasado había sido moneda corriente en la dirección organizacional: que las personas constituían un recurso, apenas un engranaje más, en la estructura productiva, y en ese sentido se requería de mecanismos de control férreos para obtener de un trabajador los resultados esperados.

Lo cierto es que los mejores rendimientos laborales difícilmente podrían haberse obtenido bajo tales paradigmas. De modo que comprender a los colaboradores en todo lo que atañe a su condición humana fue una condición necesaria para que las empresas pudiesen documentar genuinos progresos cualitativos y cuantitativos.

Sobre lo que los enfoques antropológicos han significado para la empresa, el profesor Miguel Ángel Ariño, investigador del IESE de la Universidad de Navarra, España, sostiene que «pensar que la finalidad de una empresa es maximizar los beneficios es como pensar que la finalidad del hombre es respirar». «Una cosa es que un hombre sin respirar no pueda sobrevivir y otra que respirar sea la finalidad a la que debe orientar todas sus decisiones. Del mismo modo, una cosa es que una empresa sin un mínimo de beneficios no pueda sobrevivir y otra que la finalidad de la empresa sea maximizar los beneficios». Es evidente que aquellas organizaciones creadas con un afán puramente acumulativo han confrontado problemas derivados de la visión utilitarista, a menos que hubiesen enmendado a tiempo el rumbo que seguían.

Ariño menciona que existen empresas de alta calidad e identifica en ellas tres características determinantes: eficacia, atractividad y unidad, todas con el denominador común de una visión humanista de los negocios.

Señala que una organización es eficaz en la medida en que consigue los objetivos que se propone. En tanto estos objetivos sean alcanzados de mejor forma, más eficaz será la organización.

Por otra parte, refiere que una empresa es atractiva cuando los trabajadores encuentran posibilidades de aprendizaje y desarrollo en ella. Y añade que en una empresa atractiva se aprende a hacer cosas que antes eran desconocidas, y que aquellas empresas que no promueven el aprendizaje confrontan el riesgo de la obsolescencia, pierden competitividad y en definitiva la eficacia se resiente.

Por último, Ariño define la unidad como el grado de identificación de los miembros de la organización con los objetivos de la misma, no solamente por las remuneraciones que perciben ni por lo que en esa organización pueden aprender, sino por lo que en ella se hace, porque lo que hace da sentido al trabajo que realizan.

Es indudable que este trípode humanista representa un vigoroso sostén para las empresas con una visión de largo plazo, y que los elementos que lo conforman son indesligables. Lo único que hace falta en un escenario de oportunidades y desafíos es que lo emprendedores apuesten por un proyecto con ambiciones de trascendencia.

Fuentes:

http://www.ieseinsight.com/doc.aspx?id=497&ar=8&idioma=1

https://miguelarino.com/tag/perez-lopez/

https://es.wikipedia.org/wiki/Douglas_McGregor

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