Tráfico limeño: el caos sin fin

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La impunidad, la falta de control y fiscalización del transporte urbano, así como medidas regresivas tales como la cancelación de contratos de los corredores urbanos y la vuelta a la circulación de combis antirreglamentarias y con papeletas, nos da una idea del retroceso en materia de transporte público y del tráfico limeño en general.

Por no mencionar la pérdida de millones de horas/hombre, traducida en millones de dólares perdidos, la contaminación, los retrasos en la circulación de mercancías, el estrés al manejar y de los peatones y habitantes, traducido todo en deterioro de la calidad de vida.

Esta falta de control se cobra vidas humanas todos los días y pone en peligro al resto de población. Es una falta de visión estructural de cómo la ciudad debe ordenarse.

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Por norma general los reglamentos de tránsito establecen parámetros que deben de cumplir los autos para poder circular: que posean elementos de seguridad tales como parachoques, cinturones, cabeceras, respaldos ergonómicos, etc. Asimismo, que tengan luces bajas y altas, luces rojas posteriores, direccionales, etc.

¿Pero qué vemos en la realidad? Observamos varios problemas de conducta y de faltas al reglamento.

Nos preguntamos por qué la autoridad permite la circulación de vehículos que no cuentan con los aditamentos mínimos para circular con seguridad. O están tan deteriorados que ya han desaparecido y estos nunca han sido fiscalizados.

¿Por qué permiten la circulación de vehículos a los cuales, después de un lamentable accidente, ‘se descubre’ que adeudan miles de soles en papeletas? Y el problema aquí no es el dinero dejado de recaudar, que también, sino la conducta inapropiada de esos conductores salvajes que al no sentir la sanción de modo alguno, continúan en perpetua impunidad.

Otros ejemplos: durante la noche, ciertos conductores conducen con las luces altas o largas en ciudad, molestando al auto de adelante y a los peatones y ciclistas. Inclusive ‘les gusta’ a ciertos conductores irresponsables conducir con las luces anti-neblina, complicando aún más la visión del resto de conductores. Seguimos: no respetar los pasos peatonales señalados, no ceder nunca el paso al auto que va a salir de una intersección, no ceder el paso al peatón en ninguna circunstancia, sea madre con niños, con bebé, trabajador con cajas u objetos, al niño, al ciclista, a la persona invidente o en silla de ruedas, etc.

Sin embargo, sí hay quienes por cualquier cosa se detienen en mitad de la pista paralizando el tráfico. O peor, van hablando por teléfono mientras conducen.

¿Qué nos pasa en esta Lima milenaria?

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