Semiótica: una herramienta del periodismo

Esta disciplina nos ayuda a comprender la realidad al interpretar las significaciones de los signos que nos rodean y mejorar nuestra capacidad para transmitir experiencias.

Es el lector quien va a reinterpretar la realidad, ya que va a decodificar el mensaje de acuerdo con sus preferencias, prejuicios o conocimientos previos.

La semiótica fue una innovación del lingüista Ferdinand de Saussure, quien, por los años 1900, la presentó como una ciencia necesaria para estudiar los signos y su desarrollo en la sociedad.

Los comunicadores sociales la hemos tomado como una herramienta necesaria para la creación, ya que es necesario comprender que la construcción de mensajes empieza en la realidad y no en la mente, como muchos creen.

En el periodismo, por ejemplo, las noticias se basan en acontecimientos, en los cuales las personas y sus acciones son los protagonistas de las historias que se muestran. Incluso, escritores como Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez han basado sus novelas en signos que han observado de la realidad.

Sus creaciones no fluyen solo de su intelecto, sino que es la realidad la fuente inspiradora. ¿Entonces, cualquiera puede ser un gran escritor? La respuesta es no, ya que la creatividad consiste en saber recomponer los signos de la realidad, y, para ello, se necesita de una adecuada técnica para una acertada “reconstrucción” de mensajes.

En el caso del periodismo, este también requiere de creatividad, ya que los periódicos o noticieros no reflejan la realidad, sino la reconstruyen. Muchos creen que el periodismo sí refleja la realidad, pero no es cierto, ya que es el hombre quien pone su tinte personal para mostrar los hechos, y eso lo hace con influencia de sus gustos, preferencias, experiencias previas y tendencias ideológicas. Esto es inevitable, ya que somos seres subjetivos.

Relación entre la semiótica y el periodismo

Un periodista-camarógrafo, desde que alista el lente para hacer una toma panorámica o un travelling, ya está mostrando una escena que va a influir de una determinada manera en el público. Recordemos noticias en la que estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos tomaron las calles aledañas para protestar por las obras que implicaron un recorte del terreno de esa Casa de Estudios.

Algunos diarios mostraron fotografías en las que los policías arrastraban a algunos alumnos “rebeldes”, por la pista. Otro medio de comunicación complementó su noticia con la imagen de jóvenes tirando piedras a los policías y a los vehículos y otros periodistas decidieron mostrar un plano conjunto de los estudiantes gritando y protestando a través de carteles.

Como podemos notar, ninguno coincidió en cuanto al mensaje oculto de la noticia. Y digo oculto, porque la persuasión se da de una manera indirecta. El primer caso connotaba a los policías como los malos de la película; el segundo, los alumnos eran los violentos y arremetedores. El último solo mostró a los protestantes reclamando, mas no se difundieron los enfrentamientos ni las acciones de los protagonistas de esta historia.

En realidad, son tantas las cosas que suceden en un lapso, que el periodista debe jerarquizar las noticias y luego decidir el tratamiento que le dará al mensaje. La codificación se hará de acuerdo con el espacio y/o tiempo que delimite el medio. Esto nos forzará a delimitar, elegir y hacer una sintaxis de los signos de acuerdo con nuestro criterio.

Eso significa que la subjetividad siempre está presente. A pesar de que intentamos ser imparciales, terminamos inclinándonos hacia un lado del barco, debido a que somos emocionales. Los que somos comunicadores sabemos que día a día luchamos por intentar ser objetivos y eso hace la diferencia entre un profesional ético y con responsabilidad social, de uno corrupto.

Es por eso, que, sobre todo en periodismo, se habla de la inalcanzable objetividad. El quehacer del periodista, cada día, es intentar organizar y combinar los signos de la realidad en la mente, para luego darles una nueva forma, según el estilo de cada uno, aunque muchas veces lo mostrado en los medios de comunicación sea una realidad aparente.

Pero el proceso de comunicación no termina allí. Es el lector quien va a reinterpretar la realidad, ya que va a decodificar el mensaje de acuerdo con sus preferencias, prejuicios, o conocimientos previos. No todos percibimos el mensaje de la misma manera, incluso cuando se trata de personas que pertenecen a un mismo tipo de público consumidor. Es por eso que el periodismo es un método de interpretación sucesiva de la realidad social.

La semiótica, pues, nos ayuda a comprender la realidad al interpretar las significaciones de los signos que nos rodean; sin embargo, esto no podría suceder, si es que las personas no tuviéramos experiencias o conocimientos previos, los cuales conforman un molde, un referente o un punto de comparación. ¿Cómo saber si es que es correcto que la población castigue a los ladrones, e incluso los mate, con la justificación de que las autoridades son indiferentes?

Nuestro referente cultural nos dice que, debido a nuestros principios cristianos, nadie tiene derecho a decidir la muerte del prójimo. Para otros países, por ejemplo, es costumbre que se le ampute el clítoris a las mujeres recién nacidas, ya que -según ellos- no tienen derecho a sentir placer sexual en su adultez.

Para nuestra sociedad, este hecho es aberrante y va en contra de los derechos humanos, pero la pregunta es: ¿cómo saber si nosotros somos los que estamos en lo correcto? Nunca podremos tener la real certeza, sin embargo, la semiótica nos ayuda a comprender que los signos de nuestras vidas son más complejos de lo que creemos. Por último, ¿cómo saber si estamos haciendo una decodificación adecuada de los mensajes que a diario difunden los contenidos periodísticos?

*Este post es una colaboración de la docente de Comunicación y Periodismo, Rosa García Lara de la Universidad Privada del Norte.

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