Cuidemos de los sabios de la casa

Al pasar los años el ser humano experimenta cambios psicofisiológicos que son fácil de aceptar para unos pero muy difícil para otros. Los diferentes órganos y sistemas van sufriendo alteraciones; sin embargo, todos no envejecemos igual. Hay personas que a los 80 o 90 años se encuentran en un estado saludable, sin mayores enfermedades crónicas y con una capacidad funcional adecuada. Esto es lo que se denomina el envejecimiento “exitoso”.

Pero el deterioro cognitivo presente en el adulto mayor desestabiliza a la familia, que en la mayoría de los casos no sabe cómo manejarlo y opta por dejarlos en sus hogares o en asilos. Expertos sugieren que esta situación suele ser muy sencilla de afrontar si se toma con mucho amor y tolerancia, haciéndole sentir al adulto mayor que son parte importante en nuestras vidas y en las de toda la familia, permitiendo de esta forma identificar cada una de sus necesidades para satisfacerlas

Por otra parte, el incremento de caminatas cortas y ejercicios adaptados a su condición física mejoran la oxigenación y circulación sanguínea en los tejidos pero sobre todo genera confianza en la marcha, mejora el estado psicomotor del adulto mayor y estimula un estado de confort. Es importante que el adulto mayor conozca que puede realizar diversos tipos de ejercicio, pero teniendo en cuenta la intensidad con que se llevan a cabo. También que deben evitar posturas permanentes, ejercicios rápidos y movimientos bruscos, ya que pueden producir lesiones. Lo recomendable es que siempre estén en compañía de un adulto sano.

A mayor edad de las personas, mayor el riesgo de descalcificación de sus huesos y esto eleva la probabilidad de fracturas, siendo la de cadera las más común. El ejercicio físico puede ayudar a mejorar, mantener o retardar complicaciones músculo esqueléticas, cardiorrespiratorias, metabólicas y también fortalece el estado de ánimo.

Fomentar el autocuidado y estilos de vida saludables como el buen comer, el buen dormir, el buen ejercicio y las buenas relaciones sociales son hábitos maravillosos porque dan calidad de vida. Los ejercicios pasivos ayudan a evitar el síndrome de la inmovilidad y según el compromiso del entorno cercano pueden llegar a integrar a toda la familia para que participe en el cuidado del adulto mayor, desde los más jóvenes hasta los más viejos. Todos podemos aportar en el núcleo familiar de forma organizada.

Todos estos y muchos más consejos pueden ser dados por el equipo interdisciplinario geriátrico en los controles mensuales que permiten también monitorear algunas patologías que con frecuencia afectan al adulto mayor y que muchos desconocemos, como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la insuficiencia renal, el ojo seco y otras. Los adultos mayores son parte fundamental de nuestras vidas. Compartamos con ellos.

*Este post es una colaboración de María Escalante Barranco, docente de la Universidad Privada del Norte.

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