Actitud debida: condición necesaria para ser competitivos

Nuestro rector Andrés Velarde expone el papel fundamental de la actitud debida para poder ser profesionales competitivos.

actitud debida y profesionales competitivos
Una actitud debida, ética, hace competitivos a los profesionales e impide que cometan actos ilícitos.

Ser competitivos es uno de los “mandamientos” profesionales de las últimas décadas. Se trata a primera vista de una condición al alcance de quienes se han formado en la universidad y que no debería demandar mayor esfuerzo. Sin embargo, ¿están en lo cierto quienes piensan así?

El diccionario de la RAE anota que la competencia es una pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado. Vista esta definición, se entiende que ser competitivos requiere de un trabajo adicional. Es verdad que el conocimiento y la habilidad para hacer algo constituyen competencias profesionales básicas, pero a ellas hay que añadir un componente que ha ganado significativa importancia hasta convertirse, en la práctica, en condición necesaria de los otros: la actitud.

Podemos graficar la relevancia de la actitud a partir de los tantos casos de corrupción que hemos conocido de un tiempo a esta parte. Muchos, sino la totalidad de involucrados, son profesionales que desde sus posiciones ejecutivas incurrieron en hechos ilícitos. A no dudarlo, sus conocimientos y habilidades los hicieron competitivos para sus puestos, pero no fueron suficientes para librarlos de cometer actos corruptos.

Por ello, cuando hablamos de actitud entramos en el territorio de la deontología, que es la parte de la ética que prescribe los deberes profesionales. Valen entonces la pericia y las aptitudes, pero vale mucho más la idoneidad de una persona en función a su comportamiento para ocupar un cargo. Un profesional que cuente con una trayectoria de actitud apropiada será siempre un profesional competitivo y, tan importante como esto, tendrá la defensa más eficaz para no obrar de forma indebida.

Si bien los valores y las buenas maneras -cimientos de las actitudes debidas– se adquieren en casa, la etapa universitaria es propicia para empeñarse en cultivarlos y reafirmarlos. Más aun cuando se tiene el proyecto de ser profesionales competitivos.

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