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La motivación es uno de esos conceptos que escuchamos constantemente, pero que pocas veces nos detenemos a comprender a profundidad. Está presente cuando decidimos empezar una carrera universitaria, cuando enfrentamos un reto académico o cuando seguimos adelante a pesar del cansancio y las dificultades. Entender los tipos de motivación no solo nos ayuda a conocernos mejor, sino también a potenciar nuestro crecimiento personal, académico y profesional.
En la etapa universitaria, la motivación se convierte en un factor clave. No se trata únicamente de cumplir con tareas o aprobar cursos, sino de mantener el compromiso con un proyecto de vida que exige esfuerzo, constancia y claridad de propósito. Por eso, conocer qué nos impulsa a actuar y de dónde surge ese impulso puede marcar una gran diferencia en la forma en que afrontamos nuestros estudios y nuestras metas.
Desde la psicología, la motivación se define como el proceso que inicia, dirige y mantiene la conducta humana hacia un objetivo determinado. En términos sencillos, es aquello que nos mueve a actuar, a tomar decisiones y a perseverar incluso cuando el camino no es sencillo.
La motivación no es un estado fijo ni permanente. Puede variar según las circunstancias, el contexto y el momento de la vida en el que nos encontremos. Una persona puede sentirse altamente motivada en el ámbito académico y, al mismo tiempo, experimentar poca motivación en otros aspectos de su vida. Esto demuestra que la motivación es dinámica y está influenciada tanto por factores internos como externos.
En el ámbito educativo, la motivación cumple un rol fundamental. Un estudiante motivado no solo busca cumplir con sus responsabilidades, sino que se involucra activamente en su proceso de aprendizaje, desarrolla interés por lo que estudia y se compromete con su formación profesional.
La motivación es importante porque influye directamente en la manera en que enfrentamos los retos, tomamos decisiones y alcanzamos nuestros objetivos. Cuando existe un motivo claro para actuar, el esfuerzo tiene sentido y la constancia se vuelve más sostenible en el tiempo.
Diversos estudios en psicología educativa han demostrado que la motivación está estrechamente relacionada con el rendimiento académico, la persistencia y el bienestar emocional. Una persona motivada suele tener mayor capacidad para organizarse, manejar la frustración y adaptarse a los cambios.
En la vida universitaria, la motivación permite sostener el esfuerzo necesario para avanzar, incluso en momentos de cansancio o duda. Tener claro el propósito detrás de cada meta ayuda a reforzar la confianza personal y a mantener una actitud positiva frente a los desafíos.
A lo largo del tiempo, distintos autores han estudiado la motivación y han identificado diversas formas en las que se manifiesta. Estos tipos de motivación explican por qué las personas actúan de determinada manera y qué las impulsa a perseguir ciertos objetivos.
La motivación extrínseca se origina en factores externos a la persona. Está relacionada con recompensas, reconocimientos o consecuencias que provienen del entorno. En este caso, la conducta se ve impulsada por aquello que se obtiene a cambio o por lo que se busca evitar.
En el contexto académico, la motivación extrínseca suele estar presente cuando el estudiante se esfuerza por obtener buenas calificaciones, acceder a oportunidades o cumplir con expectativas externas. Este tipo de motivación puede ser muy efectiva para iniciar una acción, aunque su impacto suele disminuir cuando el incentivo deja de estar presente.
A diferencia de la anterior, la motivación intrínseca nace del interés personal y del disfrute que genera una actividad en sí misma. No depende de recompensas externas, sino de la satisfacción interna que produce aprender, mejorar o superar un reto.
Este tipo de motivación ha sido ampliamente desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan a través de la Teoría de la Autodeterminación, la cual sostiene que las personas se comprometen más cuando sienten que actúan por decisión propia. En el ámbito universitario, la motivación intrínseca favorece un aprendizaje más profundo y significativo, ya que el estudiante se involucra activamente con los contenidos.
La motivación de logro se basa en el deseo de superarse y alcanzar metas desafiantes. Este concepto fue desarrollado por el psicólogo David McClelland, quien planteó que una de las principales necesidades humanas es la necesidad de logro, entendida como la búsqueda constante de mejora y competencia personal.
Las personas con alta motivación de logro suelen fijarse objetivos claros, asumir retos y sentirse satisfechas al cumplir metas que representan un desafío. En el contexto universitario, este tipo de motivación impulsa a los estudiantes a esforzarse, organizarse mejor y mantener una orientación constante hacia el éxito académico y profesional.
La motivación social está relacionada con el deseo de pertenecer, contribuir y sentirse valorado dentro de un grupo. Este tipo de motivación encuentra sustento en los aportes de Abraham Maslow, quien identificó la necesidad de afiliación como una de las necesidades humanas fundamentales, y de David McClelland, quien también destacó la necesidad de afiliación como motor de la conducta.
En la vida académica, la motivación social se manifiesta cuando las personas se esfuerzan por su entorno, su familia o su comunidad. El sentido de pertenencia y el apoyo social pueden convertirse en un fuerte impulso para continuar y no rendirse frente a las dificultades.
La motivación académica se refiere específicamente al compromiso del estudiante con su proceso de aprendizaje. Este concepto ha sido desarrollado por Robert J. Vallerand, quien propuso un modelo que explica cómo la motivación influye en el rendimiento, la persistencia y la permanencia en los estudios.
Según este enfoque, la motivación académica puede combinar factores internos y externos, y está directamente relacionada con el interés por aprender, el desarrollo de competencias y la construcción de un proyecto profesional sólido. Comprender este tipo de motivación resulta clave para entender el éxito académico en la etapa universitaria.
La diferencia principal entre la motivación intrínseca y la extrínseca radica en el origen del impulso que guía la conducta. Mientras la motivación intrínseca surge del interés personal y la satisfacción interna, la motivación extrínseca depende de factores externos como recompensas o reconocimientos.
Ambos tipos de motivación no son excluyentes. Por el contrario, pueden complementarse y coexistir. Un estudiante puede disfrutar aprender un tema y, al mismo tiempo, esforzarse por obtener buenos resultados académicos. El equilibrio entre ambos tipos permite mantener la constancia y el compromiso a largo plazo.

Para comprender mejor cómo se manifiestan los distintos tipos de motivación en la vida cotidiana, es útil observarlos en situaciones concretas.
En el ámbito laboral, la motivación influye directamente en el desempeño y el crecimiento profesional. Puede estar impulsada por el deseo de desarrollo personal, la estabilidad económica o la posibilidad de asumir nuevos retos. Una buena motivación laboral permite mantener el compromiso, mejorar habilidades y proyectarse hacia nuevas oportunidades.
En el deporte, la motivación cumple un rol fundamental para mantener la disciplina y la constancia. Puede surgir del deseo de superación personal, del bienestar físico o del trabajo en equipo. Este tipo de motivación refuerza valores como la perseverancia, la resiliencia y el esfuerzo continuo, aplicables también al ámbito académico.
Comprender los distintos tipos de motivación nos permite tomar decisiones más conscientes y asumir con mayor claridad los retos que se presentan en el estudio, el trabajo y la vida personal. Identificar qué nos impulsa, de dónde surge ese impulso y cómo influye en nuestro comportamiento es un paso clave para crecer, mejorar y avanzar hacia nuestras metas.
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