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Los poemas para el colegio son una hermosa manera de expresar emociones, celebrar fechas especiales y fomentar la creatividad en estudiantes de primaria y secundaria.
En este artículo, encontrarás una selección de poemas peruanos ideales para declamar en actividades escolares, aniversarios del colegio o simplemente para disfrutar de la poesía. Desde versos rimados hasta poemas cortos, aquí tienes opciones para todas las edades y ocasiones ¡Sigue leyendo y descubre el poder de las palabras!
Los poemas para el aniversario de mi colegio son una forma especial de celebrar los años de enseñanza, amistad y crecimiento. Aquí tienes un poema perfecto para secundaria:
Hoy en tu día, colegio querido,
alzo mi voz con amor y orgullo,
por tus aulas llenas de vida,
y por enseñarnos a ser luchadores.
Y hoy que cumples un año más,
quiero decirte con emoción,
que eres faro de sabiduría,
y cuna de nuestra educación.
Tus paredes guardan secretos,
de risas, sueños y amistad,
cada rincón, cada pasillo,
habla de nuestra comunidad.
¡Feliz aniversario, colegio admirado!
Que sigas por muchos años más,
formando mentes brillantes
con tu enseñanza sin igual.
En el día de tu aniversario,
colegio lleno de esplendor,
te cantamos con alegría
este verso lleno de honor.
Tus profesores son guías,
tus alumnos, tu razón de ser,
y en cada libro que abrimos
encontramos todo un saber.
En el día de tu aniversario,
bajo tu techo protector,
sabemos que en cada clase
nos das lecciones de valor.
Que sigas siendo este templo
donde el conocimiento nace,
y donde cada estudiante
su mejor futuro trace.
Colegio amado, en tu día,
te dedicamos este canto,
por ser nuestro segundo hogar
y por ser nuestro encanto.
Tus patios han visto crecer
generaciones de valor,
y en cada año, cada día,
brilla tu esplendor.
Hoy en colegio por tu aniversario,
recibe nuestro amor,
pues eres parte importante
de nuestro gran corazón.
Que los años no borren
tu esencia y tu bondad,
seguirás siendo por siempre
nuestra mejor universidad.
Profesores que enseñan
con amor y verdad,
nos guían con paciencia
hacia la libertad.
Su sabiduría clara
como el sol del día,
ilumina nuestro sendero
con energía y alegría.
Con tiza y pizarra
nos muestran el saber,
y en cada lección nueva
nos animan a crecer.
Su ejemplo perdura
más allá del ayer,
son faros que alumbran
lo que hemos de ser.
En el patio jugamos,
reímos sin parar,
los amigos del colegio
no se pueden olvidar.
Juntos en las clases,
aprendiendo a crecer,
esos momentos felices
siempre van a volver.
Compartimos tareas,
secretos y pan,
en las buenas y malas
siempre están.
El tiempo se pasa
pero en el corazón,
guardamos su amistad
con pura emoción.
Los años en el colegio
pasan muy veloz,
entre libros y sueños
cual relámpago feroz.
Las lecciones aprendidas
nunca se olvidarán,
como el cariño que guardo
a este mi segundo hogar.
El timbre suena,
y las clases empezarán,
pero los consejos de los profesores
son los que realmente permanecerán.
Cuando el tiempo pase
y sea yo mayor,
recordaré estos días
con todo su esplendor.
Entre pupitres y pizarras blancas,
donde el docente escribe mil historias,
crecemos entre risas y canciones,
forjando nuestras propias memorias.
Los libros abren sus páginas sabias,
los maestros guían con su ejemplo,
cada lección es una melodía
que nos prepara para nuevos tiempos.
El patio guarda juegos y secretos,
las aulas resguardan nuestro esfuerzo,
cada examen, cada proyecto,
son escalones hacia el progreso.
Cuando el tiempo nos lleve lejos,
guardaremos en el corazón
esos años llenos de sueños
y el valor de nuestra educación.
En estos pasillos llenos de vida,
donde el conocimiento florece,
cada día es una aventura,
cada reto, algo que nos enriquece.
Los números y las letras bailan,
en un compás de aprendizaje,
mientras los amigos comparten
risas, juegos y mensajes.
Las campanas marcan el ritmo
de esta sinfonía escolar,
donde crecemos paso a paso
hacia un futuro sin igual.
Cuando miremos hacia atrás,
recordaremos con cariño
esos años de infancia feliz
con mucho anhelo.
Las mañanas de invierno frío,
los recreos bajo el sol,
las lecciones con esmero,
forman esta bella canción.
Los profesores con paciencia
nos enseñan a pensar,
a resolver los problemas
y nunca dejar de luchar.
Los amigos un anhelo,
que el destino nos regaló,
compartiendo cada instante
este momento tan importante.
Cuando la vida nos desvele
sus misterios por revelar,
será tu enseñanza el norte
que nos guíe al navegar.
Las puertas azules se abren temprano,
con risas que inundan cada pasillo,
los cuadernos nuevos, el lápiz en mano,
todo listo para empezar el camino.
El profesor explica con calma,
mientras el sol por la ventana asoma,
y en cada problema, en cada pregunta,
nuestras mentes florecen como loma.
El recreo es fiesta y carrera,
la lonchera con una dulce sorpresa,
compartimos galletas enteras
y secretos que nadie se entera.
La biblioteca huele a historia,
sus páginas guardan mil mundos,
entre dinosaurios y victorias,
nuestros sueños van creciendo rotundos.
Cuando el timbre anuncia la salida,
guardamos los libros con cuidado,
mañana será otra jornada,
otra chance para haber aprendido.
Los años pasarán volando,
pero estos días quedarán,
como tesoros resguardados
en el corazón escolar.
El pizarrón verde espera,
con tizas de colores listas,
hoy sumaremos primero,
después vendrán las conquistas.
María lee en voz alta,
su voz temblona al empezar,
pero con apoyo de todos,
logra el final sin parar.
En educación física,
corremos tras el balón,
algunos caen, otros ríen,
pero nadie queda atrás.
La profesora de ciencias
trae hoy un experimento,
el volcán hace erupción
entre todos, un asombro lento.
El mural del pasillo
cada mes se renueva,
todos ponen su arte,
su parte, su huella.
Cuando diciembre se despida,
llevaremos en la mente,
no solo las clases más emocionantes,
sino una amistad permanente.
Lunes de álgebra y lengua,
martes de historia y dibujo,
cada día una enseñanza,
cada hora un nuevo esfuerzo.
El reloj de la pared
marca lento las horas,
hasta que el timbre suena
y somos aves sonoras.
La señora de secretaría
nos sonríe al pasar,
mientras nosotros, con prisa,
vamos al aula a estudiar.
El árbol del patio central
ha visto generaciones,
sus hojas son testigos
de mil ilusiones.
Las madres con emoción
ven nuestra presentación,
mientras recitamos versos
con toda el alma y corazón.
Pronto seremos recuerdo,
nombres en algún listado,
pero lo que aquí vivimos
nunca será olvidado.
A continuación, estos poemas están dedicados para los alumnos más pequeños de primaria.
Mi colegio tiene un patio,
un salón y un gran portón.
Aquí aprendo con amigos
y también la lección.
La maestra nos enseña
con paciencia y con amor.
¡Qué bonito es ir al cole
aprender es lo mejor!
¡Din, don, suena la campana!
Es hora de salir a jugar.
Corro al patio con mis amigos
sin parar de reír y saltar.
Suena la campana,
es hora de entrar,
la profe nos espera
ahora toca estudiar.
El pizarrón es verde,
la tiza es colorida,
mis crayones pintan sueños
en hojas de mi vida.
La maestra sonríe
cuando levanto la manito,
y en esta aula querida
soy feliz como un gusanito.
En mi colegio aprendo,
juego y soy muy feliz,
con mis amigos cerca
no me quiero despedir.
Los lápices de colores,
el libro y el cuaderno,
me ayudan poco a poco
a crecer muy contento.
El recreo es divertido,
corro, salto y me río,
y cuando suena el timbre,
¡a seguir aprendido!
Las letras van saltando
en mi cuaderno de papel,
formando palabras
como un juego de arcoíris fiel.
Las matemáticas son un reto,
pero las domino al final,
con números y operaciones
¡hasta me sale genial!
En el salón cantamos,
pintamos y también creamos,
porque el colegio es magia
donde juntos soñamos.
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