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En el cuarto episodio de “A Knight of the Seven Kingdoms”, serie ambientada en el universo de Game of Thrones (Juego de Tronos), se desarrolla una escena que resume uno de los dilemas éticos más complejos que puede enfrentar un líder. Durante el llamado “Juicio de los Siete” y antes de una terrible batalla campal, el protagonista Duncan el Alto se encuentra en clara desventaja frente a un grupo respaldado por el poder y la influencia de la familia real. Es entonces cuando se presenta ante la sorpresa de todos, el príncipe Baelor Targaryen, heredero al Trono de Hierro, quien toma una decisión inesperada: Formar parte del bando contrario al de los miembros de su propia familia, porque considera que es la opción moralmente correcta. Y es que, para Baelor, el honor y la justicia debían estar por encima de los intereses personales o familiares.
La escena resulta especialmente poderosa porque plantea una pregunta que trasciende la ficción: ¿qué hacemos cuando nuestros valores entran en conflicto con la comodidad, la conveniencia o la lealtad hacia nuestro propio grupo?
Esta reflexión encuentra un interesante paralelo con uno de los valores fundamentales que promueve UPN: “Hacemos lo correcto”, principio que invita a vivir con integridad, promoviendo la equidad y el respeto a las personas en su diversidad. Según nuestra casa de estudios, este valor implica actuar con honestidad y responsabilidad, incluso cuando nadie nos observa o cuando hacerlo puede resultar difícil.
Resulta sencillo hablar de ética cuando no existe ningún riesgo. Sin embargo, los valores adquieren verdadero significado cuando exigen sacrificios. En la escena de la serie, Baelor no obtiene beneficios políticos inmediatos por su decisión. Por el contrario, se expone a cuestionamientos, tensiones familiares y consecuencias personales. Aun así, decide actuar de acuerdo con aquello que considera justo.
En la vida universitaria y profesional ocurre algo similar. Muchas veces los estudiantes y futuros profesionales enfrentan situaciones donde podrían optar por el camino más fácil: tolerar una conducta incorrecta, guardar silencio ante una injusticia o priorizar beneficios personales por encima del bienestar colectivo. No obstante, el liderazgo ético surge precisamente cuando las personas deciden actuar conforme a sus principios.
El valor de UPN “Hacer lo correcto”, busca precisamente fortalecer una cultura basada en la honestidad, el respeto y la responsabilidad, recordándonos que nuestras decisiones tienen consecuencias no solo para nosotros, sino también para quienes nos rodean.
Otro aspecto relevante de la decisión de Baelor es que demuestra que la verdadera lealtad no consiste en apoyar incondicionalmente a quienes pertenecen a nuestro círculo cercano. En ocasiones, la lealtad más auténtica implica señalar errores, defender principios o corregir aquello que puede perjudicar a una comunidad.
Las organizaciones sólidas no se construyen sobre la obediencia ciega, sino sobre la confianza en personas capaces de actuar con criterio ético. Por ello, la formación universitaria no debe limitarse a la adquisición de conocimientos técnicos. También debe contribuir al desarrollo de ciudadanos capaces de pensar críticamente y tomar decisiones responsables.
La misión de UPN enfatiza precisamente la formación de profesionales con pensamiento crítico, espíritu emprendedor y capacidad de contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad. Del mismo modo, su visión aspira a formar ciudadanos capaces de influir positivamente en su entorno.
La figura de Baelor también nos recuerda que el liderazgo no se define únicamente por la autoridad o el cargo que una persona ocupa. Existen algunos que dirigen mediante el poder y otros que inspiran mediante el ejemplo.
Los líderes que transforman organizaciones son aquellos que generan confianza porque sus acciones son coherentes con sus principios. Son personas que entienden que la integridad no es una estrategia de comunicación, sino una forma de actuar. Cuando los valores se convierten en acciones concretas, se fortalece la cultura institucional y se construyen comunidades más justas y transparentes.
La escena de “A Knight of the Seven Kingdoms” nos deja una enseñanza vigente para cualquier estudiante, docente o profesional: hacer lo correcto rara vez es la decisión más cómoda, pero casi siempre es la más valiosa.
Baelor pudo proteger sus intereses personales y evitar conflictos. Sin embargo, eligió defender aquello que consideraba justo. Esa elección es la que distingue a quienes simplemente ocupan posiciones de poder de quienes verdaderamente ejercen liderazgo.
En una sociedad donde con frecuencia se premia la conveniencia por encima de los principios, el desafío sigue siendo el mismo que enfrentó aquel príncipe Targaryen en la ficción: tener el coraje de actuar conforme a los valores institucionales aun cuando hacerlo implica un costo personal.
Porque la integridad no se demuestra cuando todos están de acuerdo con nosotros, más bien: “La integridad se demuestra cuando estamos dispuestos a quedarnos solos para defender lo que es correcto”.
Néstor G. Rivera Gutiérrez-Merino es Doctor en Educación, Magíster en Gerencia Educativa y MBA en Administración de Negocios. Desde el año 2016 se desempeña como Docente a Tiempo Completo de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.
Asimismo, es Embajador de Ética y Cumplimiento de Laureate Perú, rol desde el cual promueve una cultura de integridad, transparencia y responsabilidad dentro de la comunidad universitaria. Su experiencia profesional integra la docencia, la gestión académica, el periodismo y la investigación, con especial interés en el liderazgo, la comunicación estratégica y la formación de ciudadanos comprometidos con los valores y el bien común.
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