Trujillo, una ciudad hospitalaria, primaveral y plena de historia

Fundada en 1534 por el conquistador Diego de Almagro, la capital norteña atesora un rico patrimonio cultural, arquitectónico y arqueológico.

Trujillo, una ciudad hospitalaria, primaveral y plena de historia

El Comercio

La afirmación del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, expresidente del Perú, de que «Trujillo es hija de España y nieta de Chan Chan», me motiva a recorrer su historia y monumentos. A los conquistadores españoles no les fue complicado trazar nuestra ciudad. El eje fue la Plaza Mayor. En Trujillo la trazaron grande, enorme, fue una de las más grandes del virreinato. A su alrededor se dejó lugar para el Cabildo, la Iglesia Mayor, la Gobernación y las casas de los principales. Así la trazó Miguel de Estete por encargo de Diego de Almagro.

Almagro, a su regreso de Quito, llegó a este valle a fines de noviembre de 1534. Encontró la imponente ciudadela chimú de Chan Chan y un clima benigno. Escogió el lugar llamado Canda para fundar la nueva ciudad hispana a la que bautizó con el nombre de Trujillo de Nueva Castilla en homenaje a la tierra natal de Pizarro, su compañero de aventuras. Pizarro vino a estas tierras y, el 5 de marzo de 1535, la fundó oficialmente bajo el patrocinio del apóstol Santiago. Trujillo sería, «…alivio de caminantes en la aridez del desierto y equidistante entre San Miguel de Piura y Lima”.

Posteriormente, el emperador Carlos V otorgó a Trujillo el título de Ciudad y su Escudo de Armas constituido por dos columnas asentadas sobre aguas azules y blancas, una real corona de oro con incrustaciones de perlas y piedras preciosas, dos bastones en aspa, la K de oro, primera letra del nombre del emperador y un mitológico grifo abrazando el escudo. El aspa o cruz de San Andrés era el de la dinastía española de los Borgoña, la misma que termina con la madre de Carlos, la reina doña Juana “La Loca”. Conceder a Trujillo el emblema personal de los monarcas significó gran honor.

El corregidor don Miguel Feijoo de Sosa cuenta que el terremoto del 14 de febrero de 1619 en un minuto derribó todos sus edificios, murieron 350 personas y la tierra tembló durante 95 días. En 1627, a propuesta del corregidor Juan de Losada Muñoz, en recuerdo del pavoroso terremoto, el Cabildo Civil acordó nombrar a San Valentín como Patrono y Abogado de nuestra ciudad.

Según el plano de Fernando Saavedra, de 1689, Trujillo parece un “orlado medallón antiguo” que encierra el damero de la ciudad con sus grandes solares. La orla es una muralla de adobes de la que aún quedan algunos restos. Fue construida entre 1685 y 1687 por disposición del virrey Duque de La Palata para proteger a la ciudad de los piratas que ya habían saqueado Zaña y Guayaquil. Feijoo de Sosa la describe como, «Muro con quince baluartes y quince cortinas… está hecho con todas las reglas del arte, pero como le faltan fosos y terraplenes, mas sirve de adorno y honor, que verdadera defensa».  Útil o no, el muro cumplió con su objetivo de alejar a los piratas.

Trujillo, una ciudad hospitalaria, primaveral y plena de historia

Ciudadela de Chan Chan, edificación chimú que ha resistido el paso de cinco siglos. (Peru.com)

Trujillo hasta la actualidad ha sabido conservar sus auténticos valores. Ciudad señorial, de prosapia nobilísima, elevada cultura y eterna primavera. Ciudad con personalidad bien acentuada, de casonas señoriales, de bellas plazas, de barrios mestizos y modernos salpicados de jardines multicolores. Trujillo tiene una atracción irresistible a la que se rinde todo aquel que la visita.

La Plaza Mayor luce un monumento de mármol traventino dedicado a la libertad, obra de Edmund Moller, traído desde Alemania a principios del siglo XX. En la plazuela El Recreo destaca la pileta de mármol de Carabamba que antes estuvo ubicada al centro de la Plaza Mayor. Es hoy un bello rincón que evoca la época virreinal.

Desde el balcón del antiguo Cabildo, un 29 de diciembre de 1820, el intendente José Bernardo de Tagle, Marqués de Torre Tagle, proclamó la independencia de la Intendencia de Trujillo, convirtiendo a nuestra ciudad en la primera capital de intendencia que proclamó su independencia en el Perú. Por este hecho histórico sus autoridades municipales, presididas por don Manuel Cabero y Muñoz, fueron las primeras del Perú republicano.

Sus iglesias son una muestra del arte religioso y el testimonio de la profunda fe católica del pueblo trujillano: la obra maestra del retablo mayor de la Catedral, hoy Basílica Menor; el dosel del púlpito de la iglesia de San Agustín, al que Whetey consideró como el más extraordinario de todos los púlpitos del Perú; la serena paz del templo de San Francisco, en el que predicó San Francisco Solano; las gráciles espadañas de La Merced, cuyas campanas anunciaron la libertad de Trujillo en 1820; las bellas tallas del púlpito de Santa Clara, el más bello de la ciudad; el misterio de la portada de la iglesia de Belén; la antigua parroquia de indios de Santa Ana; el churrigueresco altar mayor de Nuestra Señora del Carmen y su maravillosa custodia; el templo de Santo Domingo con su torre campanario gemelo y la iglesia del pueblo indio de Santiago de Huamán con su fachada barroco-mestiza única en la costa del Perú.

Trujillo, una ciudad hospitalaria, primaveral y plena de historia

Iglesia y monasterio de Santo Domingo, ubicada en el centro histórico de Trujillo. (La Industria)

Destacan las casonas coloniales y republicanas. Estas son amplias, de aires rurales y muy lujosas. Con sencillas fachadas quebradas por riquísimos balcones de madera tallada y ventanas de reja de fierro forjado o madera, verdaderas obras maestras de singulares artesanos. En el interior, patios grandes, mobiliario virreinal y techos artesonados evocan viejos tiempos de «copete y pantorrilla». Al pasear por el antiguo damero urbano el visitante se encuentra con esas mansiones que nos hacen retroceder en el tiempo.

La belleza de la Casa del Mayorazgo de Facalá, con sus techos de madera tallada y amplio patio al que miran ventanas enrejadas; la fachada con hermosos relieves de la Casa de los Condes de Aranda; la enorme mansión del Mariscal de Orbegoso con su patio de rejas de hierro forjado; el balconcillo y los murales de la Casa Ganoza Chopitea; la fastuosa Casa Iturregui que ocupa orgulloso el Club Central; la Casa Urquiaga con sus muebles de inapreciable valor, entre ellos el escritorio en el que Simón Bolívar firmó varios decretos; la Casa Garci Holguín, construida por uno de los fundadores de Trujillo y de la ciudad de México, de quien fuera su alcalde en 1531; la Casa de la Emancipación con la historia que ella trasunta, son algunas de las casonas por las que nos sentirnos orgullosos los trujillanos.

Trujillo no se ha quedado detenida en el tiempo y hoy ofrece a los visitantes atractivos y modernos edificios así como sincera hospitalidad. Por eso y mucho más los invito a recorrer las calles, iglesias, casonas y plazas del… ¡Trujillo que yo quiero!

*Este post es una colaboración de Iván La Riva Vegazzo, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

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