¿Qué logramos cuando planificamos?

En un mundo globalizado y competitivo, en donde los consumidores de bienes y servicios cada día exigen menores precios, mayor calidad y entrega oportuna, es de suma importancia que las empresas planifiquen detalladamente y con inteligencia sus actividades, tanto de corto como de mediano y largo plazo.

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Para que el proceso de planificar sea exitoso, debe contener los siguientes componentes: objetivo o meta a cumplir, estrategias o acciones a ejecutar, presupuesto a invertir o gastar, recursos a emplear, tiempo a utilizar, controles a medir, nivel de responsabilidades a asignar.

Las principales escuelas administrativas del mundo coinciden en mencionar que el mejor modelo de gestión empresarial es aquel en donde se cumple el siguiente círculo virtuoso: planear, organizar, integrar, dirigir y controlar. Y la pregunta podría ser: ¿Y después de controlar, qué hago? La respuesta es volver a planear, organizar, integrar, dirigir y controlar. Este proceso se repite una y otra vez, de ahí el calificativo de círculo virtuoso, ya que en cada interacción se genera alguna mejora y ésta es continua y permanente.

Cuando en una organización se planifica para el corto plazo nos referimos a planes operativos y cuando lo es para el mediano y largo plazo nos referimos a planes estratégicos. El corto plazo está definido como el período de tiempo entre el día de hoy y el día 365, es decir, un año. El mediano plazo va desde el primer año hasta el tercero. El largo plazo abarca un horizonte de tiempo mayor a tres años. Es necesario planificar para los tres períodos mencionados.

Las personas responsables de la planificación empresarial deben ser verdaderos líderes capaces de motivar en público y corregir en privado, ser generosos con el halago y mezquinos con la crítica, y generar redes de confianza y cercanía con las personas. El optimismo dentro de la organización es importante. Pensemos que lo mejor está por venir. Sonriamos siempre.

Obviamente este optimismo se basa en la confianza que generan los conocimientos, destrezas, habilidades y experiencias; que constituyen las competencias profesionales y laborales que un buen planificador debe poseer. Para ello es conveniente aceptar que el aprendizaje es permanente. Cada día experimentamos hechos que alimentan nuestra mente para emprender con éxito futuros planes.

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