Huacaday, una aventura en el Ande

El caserío de Huacaday se localiza en el distrito y provincia de Otuzco, región La Libertad. Elegimos esta localidad para desarrollar nuestro proyecto, sin pensar que al iniciar el octavo ciclo y matricularnos en los cursos de Planificación Turística y Ecoturismo, éstos tendrían trascendencia fuera de nuestras aulas. Nuestros compañeros de ciclos superiores, que habían llevado ambos cursos, nos advirtieron acerca de la dificultad y del arduo trabajo que significaba realizar estos proyectos.

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En la primera semana de clases, nuestra profesora Leonor Janampa, responsable de los cursos, nos informó sobre los logros a conseguir, siendo de vital importancia trabajar con una comunidad y proponer un emprendimiento turístico ecológico, brindando soluciones económicas, sociales y ambientales sostenibles, condiciones encontradas en Huacaday. Así empezamos nuestro proyecto, que más fue una gran aventura y experiencia enriquecedora.

Cada vez que hablamos de nuestro proyecto con otras personas nos preguntan lo mismo: ¿Cómo llegaron a Huacaday? Es difícil concebir la idea de un pueblito tan escondido en las alturas y que haya sido receptivo con nosotras desde un principio, puesto que la mayoría de comunidades alejadas suelen ser muy cerradas a personas que no son de su confianza.

Indagando sobre comunidades que sean ricas en tradiciones y cultura, recordamos que un profesor de la época colegial nos comentó sobre Huacaday, un pueblo artesanal donde se practica el arte en cerámica con arcilla, teniendo como uno de sus principales productos las ollas de barro. Esto nos llamó la atención y establecimos los contactos necesarios para entrevistar a los pobladores del caserío, iniciando nuestra comunicación con el alfarero más antiguo del poblado, el señor Jacinto Cruz.

Con toda la información proporcionada y convencida de que era la comunidad con la que queríamos trabajar, nos enrumbamos hacia Huacaday para realizar la visita de reconocimiento con toda la motivación y energía positiva.

Al arribar nos dimos cuenta que era un pueblo pequeño y con pobladores de bajos recursos pero con un gran potencial de desarrollo. Fuimos recibidos por el hijo del señor Jacinto, el señor Toribio Cruz, quien nos llevó con las principales autoridades del lugar. Nos entrevistamos con el presidente de la ronda campesina, puesto que el teniente gobernador no se encontraba en la comunidad; él nos dio su consentimiento para poder realizar el proyecto en su comunidad. Después nos dirigimos hacia la única institución educativa de Huacaday, donde la señora Rosa Lizárraga, en calidad de directora, nos dio su total apoyo, advirtiéndonos con cierto recelo que no hiciéramos falsas promesas a los pobladores, ya que siempre ocurre lo mismo.

Se programó una reunión con todos los pobladores para explicar nuestro proyecto, el cual debía concluir con la organización de la comunidad y motivar el desarrollo del turismo rural comunitario. Diecisiete pobladores se comprometieron en apoyarnos, formándose una junta directiva ya que debíamos iniciar con cuatro talleres para mejorar la técnica en la producción de cerámica. El encargado fue el profesor Eduardo Verde.

Las primeras capacitaciones iban bien, pero la falta de compromiso por parte de los pobladores fue el inconveniente a superar en el transcurso del proyecto. Con el paso de los días la asistencia a los talleres mejoró, pero fue el señor Toribio quien más aprovechó la oportunidad, logrando pulir su técnica en la cerámica.

A lo largo de nuestra preparación en clases, entendimos que para obtener beneficios y solicitar apoyo a las entidades del sector turístico y acceder a otros fondos del Estado, es necesaria una asociación. Solo organizados los pobladores del caserío de Huacaday podrían obtener mejores beneficios. “Nuna Kapchiy-Huacaday” (Alma Artesana Huacaday en la traducción quechua),  tenía que nacer y como grupo responsable organizamos un viaje de prueba con la participación de nuestros compañeros de clases.

Fuimos recibidos con los brazos abiertos por los pobladores, además de palabras de agradecimiento de parte de las principales autoridades del lugar. Realizamos actividades de integración, disfrutamos de un delicioso desayuno preparado por las madres de la comunidad, que nos sirvió para iniciar la aventura de subir la empinada cumbre de un cerro que alberga los restos arqueológicos de Carpaico y desde donde se pueden apreciar hermosos paisajes. Algunos pobladores amablemente prestaron sus mulas para facilitar la subida, sin embargo no todos lograron llegar a la cima, quedándose a medio camino para luego disfrutar el almuerzo, no sin antes ser sorprendidos con unas deliciosas rodajas de piña fresca que luego de semejante ejercicio era como un regalo caído del cielo.

Una vez en el colegio pudimos apreciar que los pobladores habían acomodado toda la cerámica y algunos productos de panllevar locales, de modo que el pequeño patio se había convertido en una feria artesanal, pudiendo adquirir artesanía local y otros productos.

Participamos también de un taller vivencial de cerámica entre manchas, manos sucias, esfuerzo y algo de frustración. Lo cierto es que todos disfrutamos un día acogedor con los pobladores. Al atardecer tomamos el bus de regreso a Trujillo, cansadas y felices de ver que la motivación y ganas que pusimos en preparar ese viaje habían resultado en una grata experiencia tanto para nosotras como para nuestros compañeros.

Luego del éxito de este viaje, recibimos muchos comentarios positivos de nuestros compañeros sobre la experiencia vivida en el caserío y enterados de lo acontecido algunas autoridades locales también nos manifestaron su interés por apoyar nuestra iniciativa. Fuimos madrinas de la promoción de inicial de la escuela de Huacaday y compartimos un momento muy agradable y especial con los niños, quienes estuvieron muy contentos con la presencia de nuestras compañeras y los padres de familia estaban muy agradecidos con ellas.

Actualmente, la formalización de “Nuna Kapchiy-Huacaday” es nuestra responsabilidad ya que gracias a las estrategias desarrolladas en nuestro viaje de prueba logramos cumplir con los objetivos que nos trazamos. Sabíamos que no sería fácil pero queremos llegar hasta el final.

Ahora, como estudiantes de noveno ciclo, tenemos metas que lograr en nuestra formación profesional. Por ello, basándonos en este proyecto consideramos que hemos fortalecido competencias y habilidades que hoy pretendemos profundizar al desarrollar nuestras tesis en el mismo lugar, haciendo que Huacaday sea mejor conocido a través de nosotras, que hemos conocido a sus pobladores y seguiremos aprendiendo de ellos, valorando su historia, creencias, tradiciones y recursos.

*Este post es una colaboración de Viviana Madrid Córdoba, Marleny Esperanza Herrera Méndez, Leslye Alexandra Vidal Barahona y Carmen del Rosario Bazán Tirado, estudiantes de la carrera de Administración y Servicios Turísticos de la Universidad Privada del Norte.

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