Gastronomía trujillana: entre lo clásico y lo innovador

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Basta con hacer un pequeño recorrido por Trujillo para empezar a dilatar nuestras sensibles y exigentes papilas gustativas, encontrando en nuestro andar un abanico de restaurantes, huariques y carretillas que ofrecen poderosas y renovadas preparaciones a los entrenados comensales.

La historia se repite a la hora del desayuno, el almuerzo y la cena. Podríamos decir que a primera hora encontramos una atractiva oferta que va desde variados caldos, el típico frito trujillano servido en salones de té, tamales, humitas y jugos, hasta los más mesocráticos emolientes, quinua, avena y panes al alcance de todo bolsillo que se expenden en quioscos cercanos a universidades o toda esquina que convoque. A esta misma hora, para los trujillanos resultan irresistibles los sánguches de pollo de un local tradicional del centro histórico con nombre de santo.

Si vamos al almuerzo, encontramos un sinfín de lugares a donde acudir, ofreciéndonos la clásica comida criolla, el capítulo de pescados y mariscos, carnes, pollos a la brasa, chifas y más.

Ahora bien, la noche viene de la mano de propuestas más abarcadoras y ciertamente novedosas. Al salir del trabajo deseosos de disfrutar con la familia y los amigos una experiencia gastronómica diferente, aparecen ante nosotros parrillas, locales fast food, tratorías, restaurantes japoneses y mexicanos. Estos dos últimos aparecen en un número todavía reducido, aunque algunos años atrás eran inexistentes. Sin embargo, los comensales empezamos a ganar terreno y cada vez somos más los que buscamos nuevas e innovadoras propuestas gastronómicas, ávidos por experimentar sabores y cocinas distintos tal como lo vamos viendo en nuestra capital.

La oferta gastronómica de Lima ya está cuajada y presenta propuestas innovadoras, que van desde la variedad de la carta y presentación de los platos hasta la calidad del servicio, infraestructura y diseño del lugar. Enmarcado todo ello bajo el boom que está teniendo nuestra cocina, y cuya ola viene expandiéndose de manera vertiginosa por todo el país, surgiendo así una nueva cultura gastronómica. Digo nueva cultura gastronómica porque se vienen ofreciendo propuestas diferentes, con tributo a nuestras raíces fusionadas con técnicas, ingredientes, preparaciones y estilos de presentación de cocinas internacionales, que con el toque de creatividad peruana hacen de nuestra capital un lugar para el deleite del más exigente de los paladares.

Es por ello que en nuestra ciudad es necesario invertir y promover la puesta en escena en el rubro gastronómico, con propuestas que ofrezcan al público trujillano el deleite de cada uno de sus sentidos. Es importante que cuando ingresemos a un establecimiento nos sintamos bienvenidos, que nuestros ojos se recreen con la temática que nos ofrece, que salgan a nuestro encuentro carismáticos mozos y personal de servicio motivado con el trabajo que realiza, que nuestro paladar experimente una y otra vez el sabor, la textura y el maridaje de cada producto ofrecido en nuestras mesas.

Es necesario contar con negocios gastronómicos innovadores enfocados en la satisfacción y relación con el cliente. El consumidor trujillano de hoy viaja, se informa, prueba, experimenta diferentes estilos de cocina, y ello hace que sea un consumidor mucho más exigente y difícil de retener con tan solo abundantes platos servidos por personal sin vocación de servicio.

*Este post es una colaboración de Mercy Angulo Cortejana, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

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