Estudiantes y docentes, un vínculo de mutuo beneficio

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Siempre es motivo de orgullo para un docente ver cómo un estudiante escribe su propia historia en su paso por la universidad hasta convertirse en un profesional, dando cara a nuevos retos y experiencias. Es así que el docente asume el reto de ser guía, orientador y aliado, cuya labor es la de incentivar constantemente lo mejor de sus estudiantes.

Los estudiantes necesitan exigencia para entregar cada vez mejores resultados, pues son creativos y tienen la imaginación perfecta de quien sueña y a la vez visiona. En tal sentido, necesitan ser invitados a reflexionar en cada paso que dan, hacer una autocrítica que les permita mejorar su trabajo y sobre todo su actitud frente al deber.

“Me gustan los estudiantes que rugen como los vientos”, cantaba Mercedes Sosa resaltando su liderazgo, pensamiento crítico y responsabilidad social, pues son quienes asumen el reto de enfrentarse a la vida y así poder ver sus esfuerzos en el fruto de un Perú cada día mejor.

Quienes encuentran motivos para avanzar se muestran empeñosos y se esfuerzan cada día, por ello necesitan un sistema de compensaciones para sentirse satisfechos con el trabajo realizado y, es verdad, cada uno es distinto en todo sentido, tienen sus propias costumbres, su propio carácter, además de su propio estilo. Calificar las opiniones de los estudiantes, su análisis e interpretaciones son puntos clave para generar en ellos pasos de gigante.

“Los jóvenes a la obra”, decía Manuel González Prada invocando al trabajo en equipo, la capacidad para resolver problemas y el emprendimiento para recuperar el Perú perdido, que en esta época se contextualizaría como el tiempo y las oportunidades que los peruanos hemos perdido. Son nuestros estudiantes los jóvenes llamados a la obra para transformar nuestro país y el mundo.

También son emprendedores y necesitan ser guiados para encontrar su propio camino, descubrir en el aprendizaje autónomo una fortaleza para crecer como profesionales y fortalecer la creación de valor en las organizaciones. Escribir su propia historia es una responsabilidad en la que todo suma, la historia del docente y el camino de la vida que sigue el estudiante, la relación que ambos construyen y la experiencia que se gana. Siempre vendrán nuevos tiempos, pero el presente es ahora y ahora es nuestro tiempo.

*Este post es una colaboración de Edward Vega Gavidia, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

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