Abejas en peligro

En septiembre de 1962 apareció un libro que dejaría huella en la conciencia ambiental del mundo entero. Su autora fue la bióloga marina estadounidense Rachel Carson, y el título de la obra –“La primavera silenciosa”-, visto en la actualidad, llevaba un mensaje casi profético. El trabajo de Carson mostraba y advertía los peligros del uso irracional de plaguicidas en el mundo entero, sobre todo en el control de plagas agrícolas. La autora explicaba, con términos sencillos, que los productos químicos que mataban a los insectos plagas podían ser transmitidos a seres vivos como las aves, las plantas, los mamíferos y otros. Carson auguraba que se podía romper el frágil equilibrio de los ecosistemas del mundo y hacer que las ciudades se conviertan en campos donde no haya aves que canten, mariposas que vuelen en los jardines y abejas que polinicen las flores.

upn_abejas_ peligroGracias a sus advertencias, desde 1985 la Pesticides Action Network (PAN), con cinco oficinas regionales en Asia, África, América Latina, Norteamérica y Europa, trabajó en la denominada «Campaña contra la Docena Sucia», enfocándose en doce plaguicidas considerados extremadamente peligrosos: DDT, lindano, los drines, clordano heptacloro, paration, paraquat, 2,4,5-T, pentaclorofenol, DBCP, EDB, canfecloro, cloridimeformo. El Convenio de Estocolmo (2001) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), aumentaron el número de contaminantes órgano persistentes (COPs), contando en la actualidad con 21 COPs cuyo uso se ha erradicado.

Pese a los avances en aras de evitar el uso de plaguicidas, su uso no ha disminuido; muy por el contrario, ha ido en aumento. Según la American Chemical Society, en 1993 se habían identificado más de 13 millones de productos químicos, a los que se suman cada año unos 500,000 nuevos compuestos (Ongley, 1997).

Esto se debe al aumento de los campos de cultivo para alimentar al planeta, pero también al poco interés de los gobiernos por desarrollar estrategias para un control integrado de plagas agrícolas, así como a la poca promoción de la investigación científica que disminuya el uso de plaguicidas y promueva el regreso a tecnologías ecológicas que han probado ser efectivas, como lo demuestran cientos de cultivos orgánicos.

Existe una alarma que se ha encendido en los últimos años y no ha sido atendida con la debida importancia. Se relaciona con el libro “La primavera silenciosa” y se sustenta en reportes que indican que las poblaciones de abejas alrededor del mundo están disminuyendo significativamente y la sociedad no está tomando nota de este problema que podría cambiar la historia del planeta entero.

El PNUMA (2011) informó que las colonias de abejas en Estados Unidos habían disminuido un 30%, mientras que en algunos países europeos se había perdido el 20% de esta población. La producción mundial de alimentos podría disminuir en los próximos años a menos que se tomen medidas para evitar la muerte masiva de abejas. Una combinación de factores causa la desaparición de abejas de la miel, cuyo papel es crítico en el ciclo de producción de alimentos ya que polinizan las flores y permiten su reproducción. Estos insectos se encuentran amenazados por el mayor uso de químicos en la agricultura y la contaminación ambiental, además de la pérdida de especies de plantas y algunos parásitos, explicó un estudio del organismo de la ONU. Los científicos lo han llamado “El colapso de las colonias o CCD” (Colony Collapse Disorder, por sus siglas en inglés) y este se caracteriza por la desaparición masiva de abejas obreras de las colmenas.

Este fenómeno alcanzó su auge en Norteamérica el año 2000, y desde 2007 en diversos países europeos como Bélgica, Francia, Holanda, Grecia, Italia, Portugal y España. De hecho, en 2011 el PNUMA señaló que el colapso de colonias era ya un problema global. La causa o causas de este problema no son claras. Diversos especialistas lo han atribuido a factores bióticos, como los ácaros Varroa, pero también podría tratarse de enfermedades propias de las abejas, estrés por cambios ambientales o el efecto de pesticidas.

Al menos cuatro estudios distintos en 2012 parecen haber encontrado una respuesta común a este enigma. Dichos trabajos, realizados por científicos de las universidades de Londres y Stirling (Reino Unido), Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INRA) de Aviñón (Francia), Laboratoire Microorganismes: Génome et Environnement y del Laboratoire de Toxicologie Environnementale (Francia) han puesto la mira en productos químicos de uso agrícola que pertenecen a los denominados neonicotenoides.

Los neonicotenoides son utilizados en la mayoría de cultivos a nivel mundial, principalmente en el maíz. Se aplican a las semillas antes de ser plantadas, a fin de que el pesticida sea absorbido por el sistema vascular de la planta a medida que crece. Como resultado, la sustancia química es transmitida al polen y néctar de las plantas. Estos insecticidas son altamente tóxicos para las abejas porque son sistémicos, solubles en agua y penetrantes. Se mezclan con el suelo y el agua subterránea en donde se acumulan y se mantienen durante muchos años, representando una toxicidad a largo plazo para las colmenas.

Los reportes indican que existen cuatro neonicotenoides que tienen incidencia sobre la problemática del colapso de colonia de abejas. Se trata de los principios activos: clothianidin, imidacloprid, thiamethoxam y friponil.

Otro experimento realizado con colonias del abejorro Bombus terrestris en el laboratorio a niveles de campo realistas del neonicotinoides imidacloprid, mostraron una tasa de crecimiento significativamente reducido y sufrieron una reducción del 85% en la producción de nuevas reinas en comparación con las colonias de control.

Los efectos fisiológicos de los insecticidas en las abejas se pueden reportar a distintos niveles:

1)      Alteraciones en las tasas de desarrollo (es decir, el tiempo requerido para alcanzar la edad adulta) y malformaciones (como en las celdillas de los panales).

2)      Alteración del patrón de pecoreo. Por ejemplo, efectos evidentes en el aprendizaje y la orientación.

3)      Interferencias en el comportamiento alimentario, mediante efectos repelentes que inhiben la alimentación o de reducción de la capacidad olfativa.

4)      Impacto de los plaguicidas neurotóxicos en los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, se han constatado problemas en el reconocimiento de flores y colmenas, de orientación espacial, que son muy relevantes y han sido estudiados y ampliamente identificados.

Estos efectos negativos sirven de advertencia al impacto que los plaguicidas tóxicos para las abejas podrían tener en el conjunto de polinizadores. Y son un recuerdo de la necesidad de aplicar el principio de precaución para protegerlos.

Atendiendo a estas investigaciones, la Unión Europea modificó en 2013 el Reglamento de Ejecución (UE) Nº 540/2011 en lo relativo a las condiciones de aprobación de las sustancias activas clotianidina, tiametoxam e imidacloprid. (http://europa.eu/eur-lex/lex/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:L:2013:139:0012:0026:ES:PDF) en el que se aprueba:

  1. El uso de productos fitosanitarios que contengan clotianidina, tiametoxam o imidacloprid será solo para usuarios profesionales.
  2. Se prohíbe el uso de fitosanitarios que contengan estas sustancias activas en el tratamiento de las semillas y del suelo en cultivos atractivos para las abejas y en los cereales.
  3. Los tratamientos foliares con estas tres sustancias quedan prohibidos en cultivos atractivos para las abejas y en los cereales, excepto los usos en invernaderos y después de la floración. (Los cultivos que se cosechan antes de la floración no se consideran atractivos para las abejas)
  4. Se prohíbe el uso y comercialización de semillas tratadas con productos fitosanitarios que contengan clotianidina, tiametoxam o imidacloprid: cebada, mijo, avena, arroz, centeno, sorgo, tritical y trigo cuando vayan a sembrarse de enero a junio.
  5. No se usarán ni comercializarán las semillas de los cultivos enumerados que hayan sido tratadas con productos fitosanitarios que contengan clotianidina, tiametoxam o imidacloprid, con excepción de las semillas usadas en invernaderos.

upn_abejas_En virtud del Reglamento de Ejecución UE Nº 485/2013, los estados miembros hasta el 30 de septiembre de 2013 han modificado o retirado las autorizaciones vigentes de productos fitosanitarios que contengan dichas sustancias activas. En diciembre de 2013 entró en vigencia la prohibición de comercializar semillas tratadas con productos fitosanitarios que contengan clotianidina, tiametoxam o imi-dacloprid.

En la misma línea, la Comisión Europea realizó un estudio sobre las colonias de abejas (2013-2014), cuyo informe final (http://ec.europa.eu/food/animals/live_animals/bees/docs/bee-report_en.pdf, contiene datos alarmantes. Los investigadores consideran que una tasa aceptable de muerte de abejas en una colonia era de alrededor del 10%, pero la tasa de muertes fue muy superior en países como Bélgica (33.6%), Reino Unido (28.8%), Suecia (28.7%), Estonia (23,4%) y Finlandia (23.3%).

El estudio, en su primera etapa, abarcó el análisis de 32 mil colonias de abejas en 17 países europeos. Los datos se recolectaron con métodos estandarizados que permitieron tener una fotografía de la situación en el viejo continente.

Los investigadores cuentan con gran cantidad de información que será útil para elaborar otros informes. Los datos recolectados permitirán analizar los vínculos entre la pérdida de colonias y algunos factores de riesgo, incluyendo la prevalencia de enfermedades, el uso de tratamientos veterinarios, el contexto del trabajo de los apicultores y otros factores.

Se analizó el impacto de enfermedades como la nosemosis, causada por el hongo nosema spp, enfermedades causadas por parásitos como la varroosis, enfermedades virales como la causada por el virus de parálisis crónica de las abejas (CBPV por sus siglas en inglés).

Las tasas de mortalidad después del invierno resultaron elevadas. Adicionalmente los investigadores anunciaron que la tasa de mortalidad de estos insectos, durante la temporada de cuidado de las abejas se mantuvo entre el 0.3% y el 13.6%, y solo Francia alcanzó una tasa superior al 10%.

El cálculo más reciente, teniendo en cuenta el aumento de importancia relativa de los cultivos dependientes de polinizadores en el suministro alimentario global, valora la polinización en 265 mil millones de euros (Lautenbach et ál., 2012, en Greenpeace, 2013). Esta tendencia al alza subraya la forma en que nuestra dependencia de los polinizadores aumenta en el sistema alimentario global, así como la incertidumbre asociada con este tipo de valoración financiera de la naturaleza y los sistemas naturales.

Cereales como el arroz, trigo y maíz, que suponen gran parte de la dieta humana en el mundo, se polinizan en su mayoría gracias al viento y no parecen afectados por el declive de los insectos polinizadores. Sin embargo, cultivos más nutritivos e interesantes para nuestra dieta –como la fruta, la verdura y algunos cultivos forrajeros utilizados para la producción de carne y lácteos– se verían, sin duda, gravemente afectados por un descenso en las poblaciones de insectos polinizadores (Spivak et ál., 2011, en Greenpeace, 2013).

La próxima vez que una abeja zumbe a alrededor de ti, recuerda que muchos de nuestros alimentos dependen en gran medida de la polinización entomófila: un servicio clave que las abejas y otros polinizadores prestan al ecosistema.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

· http://www.un.org/spanish/News/story.asp?newsID=20448#.VD6YJvl5Nac

· http://www2.uacj.mx/IIT/CULCYT/julio-octubre2009/8%20Col%20PoP%2033-34.pdf

· http://esmateria.com/2013/01/16/la-ue-relaciona-los-pesticidas-con-la-muerte-masiva-de-las-abejas/

· http://www.tendencias21.net/Pesticidas-comunes-provocan-la-desaparicion-masiva-de-abejas_a10937.html

· http://www.sciencemag.org/content/336/6079/351.abstract

*Este post es una colaboración  de Omar Colán Garay,  docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Privada del Norte.

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