En el Día del Docente Universitario, que siga encendida la luz

La crisis sanitaria ha trastocado nuestros quehaceres y hemos debido afrontar una necesaria adaptación a la nueva realidad. En las siguientes líneas una reflexión sobre el rol del docente universitario -cuya efeméride se conmemora el 11 de julio- en este complejo contexto.

docente universitario

El docente universitario encuentra su razón de ser al propiciar un espacio en el que conviven la integración humanística, el sentido crítico y la realidad cambiante, sostiene nuestro colaborador.

Hoy más que nunca me he puesto a reflexionar sobre mi labor como docente, pues hoy más que nunca se ponen en tela de juicio nuestras capacidades para afrontar los retos que la educación demanda. Durante muchos años hemos escuchado discursos sobre el cambio en el quehacer pedagógico; sin embargo, recién ahora ese discurso comienza a calar no solo en mí, sino en cada uno de los y las docentes que buscan incansablemente lograr el aprendizaje de sus estudiantes.

El cambio educativo ya no es más un proceso gradual al que, poco a poco, debemos ‘adecuarnos’; esta vez el cambio se ha puesto frente a nosotros para preguntarnos, con un tono desafiante, qué hacer ante lo incierto y, sobre todo, ante eso que nos impide ver más allá de nosotros: nosotros mismos.

En medio de ese tono desafiante, esta ‘nueva realidad’ nos ha traído incertidumbre. Las certezas, a las que habíamos estado tan acostumbrados, desaparecieron de pronto o quedaron en suspenso. Sin embargo, en estas circunstancias tan ‘originales’ nuestra convicción encendió su luz: los docentes dejamos la piel en las ‘nuevas aulas’, como lo hacíamos en nuestras clases presenciales, como lo hacemos ahora en las clases remotas o virtuales. Es que nuestros estudiantes merecen que sus expectativas y sus motivaciones, en medio de un sombrío entorno, encuentren la colaboración, la complicidad y el compromiso de sus docentes.

«Como profesor, me siento comprometido a dar lo mejor de mí; quizás así pueda imitar o acercarme un poco al esfuerzo que hacen los peruanos por afrontar su dolor y luchar por los suyos»

Como muy bien lo recalca el maestro Alfredo Alegría (2018), más allá de cualquier enfoque o modelo educativo, las competencias profesionales son configuraciones que encuentran sentido cuando el docente propicia un espacio en el que conviven la integración humanística, el sentido crítico y la realidad cambiante. Hoy, nuestras sesiones constituyen esos espacios de convivencia y aprendizaje. Hagamos, pues, que nuestros estudiantes se sientan respetados y valorados, en el mejor sentido de la formación humana.  A partir de ello podremos trabajar juntos todas aquellas capacidades y actitudes que demanda la sociedad.

La educación en tiempos de pandemia ha exigido un cambio radical de nuestra forma de pensar, a tal punto que hemos llegado a cuestionar nuestra formación profesional. Por mi parte, al inicio no solo viví el desconcierto y la incertidumbre de lo que sucedía; también sentí el temor y el miedo a equivocarme. Incluso llegué a pensar que la educación había cambiado tanto que quizá mis días como docente habían terminado. Felizmente he encontrado en mis colegas el compromiso y la responsabilidad que me hacían falta; he visto cómo cada uno de ellos, haciendo el dolor a un lado, han dejado la piel en cada una de sus aulas. Por ahora, como profesor, me siento comprometido a dar lo mejor de mí; quizás así pueda imitar o acercarme un poco al esfuerzo que hacen los peruanos por afrontar su dolor y luchar por los suyos.

Una muy querida amiga solía decir que los profesores nos debemos principalmente a los estudiantes y todo lo que hagamos debe ser por el bien de ellos. Esa amiga hoy ya no está; se fue de repente y no pudimos decirle por última vez cuánto la queríamos. Querida Clarita, como diría Vallejo, “nos haces una falta sin fondo”. Hoy, en el Día del Docente Universitario, es justo reconocer a todos los colegas que se marcharon sin previo aviso y a quienes nos quedamos aquí para seguir bregando. En la vida que aún tenemos está el compromiso de fortalecer nuestras convicciones y de seguir manteniendo encendida la luz.

*Este post es una colaboración de Edgar David Navarrete Corvera, docente del Departamento Académico de Humanidades de la Universidad Privada del Norte.

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Referencia:

Alegría, A. (2018). Reflexiones sobre didáctica. Trujillo: Ediciones Gráfica Real.

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