El español y sus dilemas respecto al sexismo

Aunque hay quienes creen que cierto uso del lenguaje puede contribuir a erradicar el sexismo, lo cierto es que la lucha contra este es más de fondo que de forma.

El español y sus dilemas respecto al sexismo

(elpais.es)

En los últimos años, ya nadie duda de la imperiosa necesidad de reconocer los derechos de la mujer en el ámbito laboral, social o familiar. Son escandalosas y alarmantes las cifras anuales de violencia doméstica. Para nadie es un secreto que existen grandes desigualdades entre el hombre y la mujer: diferencias salariales, diferencias en el trato personal en el trabajo, desigualdad en la distribución de las tareas domésticas, utilización de la mujer como objeto sexual, especialmente en la publicidad, discriminación, actitudes paternalistas, etc.

Son un sinfín de comportamientos sociales que nos está costando aceptarlos, y más todavía, superarlos. Pero no todo queda allí, la discriminación ha llegado también a comportamientos verbales que denotan un lenguaje marcadamente sexista, discriminatorio o marginal, donde la mujer es eclipsada y su visibilidad es casi nula.

 En España, desde el 2012, se han publicado numerosas guías de lenguaje no sexista, elaboradas por universidades, académicos, ayuntamientos, sindicatos y otros que se han propuesto impulsar una corriente fuerte de opinión para obligar a la RAE a que exija que se utilice un lenguaje no sexista. Debemos precisar que estas guías o manuales no han sido elaborados por lingüistas ni docentes de Lenguaje, porque dichos manuales propugnan cambios no solo en el léxico, sino en la morfología y sintaxis de nuestro idioma, algo que los especialistas de las lenguas no estarían dispuestos a aceptar, como ya ocurrió en España y otros países.

 

Ignacio Bosque, académico español, publicó en el diario El País un artículo donde considera que de todas las guías que ha revisado, la de Manual del lenguaje administrativo no sexista es la más completa, pero la menos radical entre todas. Por ejemplo, es la única que admite el uso genérico del masculino como «El trabajador debe recibir una indemnización» o «El alumno tendrá que cumplir con sus deberes», donde admite que el masculino es extensivo a las mujeres.

Esta guía, según Bosque, se limita a censurar acremente el “uso abusivo del masculino genérico”, mientras que las demás no admiten su uso y sugieren que en todos los casos debería evitarse. De esta manera se garantiza la “visibilidad de la mujer”, que es el propósito de estos manuales, más aún, si no se aceptan estas directrices, estaríamos incurriendo en el “pensamiento androcéntrico” e impidiendo que “el lenguaje evolucione de acuerdo con la sociedad”, sostienen.

Hay mucha confusión entre género y sexo. Así, en la expresión: “Los directores acudirán al agasajo con sus mujeres”, hay sexismo, pues debería decirse “Los directores acudirán con sus cónyuges”, ya que el masculino “directores” engloba a la designación de varones y mujeres; pero la guía considera que esto es tan sexista como la expresión “Los trabajadores de la empresa”, en vez de “Los trabajadores y trabajadoras de la empresa”.

La guía propone: “los gerentes” y “las gerentas”; “las personas becarias” y no “los becarios”; “toda la ciudadanía”, en vez de “Los valencianos y todos los ciudadanos”. También considera discriminatorio escribir “número de parados” (desocupados), en lugar de “número de personas sin trabajo”.

En muchas expresiones más, reconozco, está presente el lenguaje sexista, como “Los afectados recibirán una indemnización”, en vez de “Los afectados, hombres y mujeres, recibirán una indemnización”, ya que las mujeres afectadas al leer la primera opción entenderán que el resarcimiento no les corresponde a ellas, sino solo a los varones. Es interesante la propuesta de este manual, pero también considero, igual que Bosque, que el uso del lenguaje genérico no hace que las mujeres se sientan excluidas. Hace mucho tiempo que el uso genérico que involucra a hombres y mujeres está decodificado por ellas así, y no amerita la censura ni el estigma de expresión discriminatoria o androcéntrica.

El español y sus dilemas respecto al sexismo

La RAE sostiene que el uso de genéricos masculinos no implica necesariamente discriminación contra las mujeres. (noticias.televisa.com)

Considero que el lenguaje verbal depende únicamente de los hablantes y no de normas impuestas en un manual, y que el lenguaje es sentido, interpretación, y no solo formalismos gramaticales. Cuando un director le habla en una actuación al alumnado y dice: “Niños, mañana empiezan los exámenes”, ¿las niñas considerarán que el mensaje no es para ellas? Obviamente que no, el uso genérico o no marcado está fuertemente arraigado en nuestro sistema gramatical del español o castellano, como también lo está en otras lenguas románicas.

La RAE explica en Nueva gramática de la lengua española (Madrid, Espasa, 2009), que el desdoblamiento (masculino y femenino) puede tener sentido en ciertos contextos, como “No tiene ni hermanos ni hermanas”, pero que en otros no es nada discriminatorio y que existen otros recursos que pueden deshacer la posible ambigüedad o la falta de precisión cuando nos referimos a grupos de personas.

Coincido con la RAE, e insisto en que es la misma lengua y su uso, y su historia, la que configura nuestra conformación léxica y sintáctica de la lengua que usamos. Por ejemplo, en una escuela, una profesora sustituta les dijo a sus alumnos: “Ahora, niños, vamos a cantar” y las niñas se quedaron calladas. ¿Por qué? Porque su profesora anterior siempre se dirigió a ellos como “niños y niñas”. En tal sentido, la lengua es puro sentido, es hábito o costumbre, es creación del hablante y, por lo tanto, más importante es qué entendemos de lo que hablamos de cómo lo hablamos.

La RAE registra algunos casos como “soldado” y “soldada”; esta última definida como la mujer del soldado (totalmente sexista) o “regente” y “regenta”, donde el femenino es definido como mujer que administra un prostíbulo; expresión igualmente discriminatoria y excluyente. Es pertinente sugerir que la RAE revise estos contenidos a los que considera “modismos anticuados”.

El español y sus dilemas respecto al sexismo

Los tiempos cambian. Un anuncio de la década de 1950 que denota sin ambages un sesgo machista. (20minutos.es)

Se propone “médicos y médicas”, “poeta y poetisa”( pero no la poeta). Entonces, como dice Julia Alegre en Lo absurdo del lenguaje incluyente, si vamos a hablar así no seamos cínicos, hablemos de “periodistas y periodistos”, o “persona” y “persono”. Es absurdo, totalmente, afirma la autora. Hasta aquí, todo es debatible, pero hay una corriente que con el afán de ridiculizar a los defensores del lenguaje no sexista, exageran los femeninos de algunos sustantivos, casi forzados; pero parece que algunos personajes de la política latinoamericana no lo han entendido. Tal el caso, en varios discursos, del presidente venezolano Nicolás Maduro: “liceos” y “liceas”; “libros” y “libras”, etc.

Finalmente, refrendo lo que Bosque sostiene en su artículo: “que será la sociedad la que decida cómo hablar”, y que esta tarea de “normar” el lenguaje no es competencia ni de los lingüistas ni de ningún otro académico. Ninguna institución nos puede “prescribir” qué hablar y qué nos pasará si no lo hacemos. Recordemos que la Lingüística no prescribe, sino describe.

*Este post es una colaboración de Héctor Domecq Galván, docente del Departamento de Estudios Generales de la Universidad Privada del Norte.

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