García Lorca, Heraud, Vallejo o la poesía premonitoria

Un breve inventario de tres poetas que anticiparon su muerte en sus versos.

García Lorca, Heraud, Vallejo o la poesía premonitoria

Federico García Lorca se pregunta en uno de sus poemas «¿dónde está mi sepultura?». (El Tiempo)

Hace unas semanas, a raíz de recordarse un año más de su asesinato en Granada en agosto de 1936, leí una noticia de España que informaba que seguían buscando la sepultura del poeta Federico García Lorca, pero que esta vez estaban más cerca de hallarla.

Inmediatamente recordé algunos datos biográficos del bardo, esos que nunca se nos borran de la memoria aunque no recordemos otros tan importantes, aunque no recordemos quizás algunos de sus versos más universalmente recitados y leídos, ese dato de su antología, esa poesía, sí, exactamente esa, tal vez para muchos una de las más bellas. Seguramente a quienes están leyendo esto les viene a la memoria: Casida de las palomas oscuras, algunos de cuyos versos dicen así:

«Vecinitas», les dije,
«¿dónde está mi sepultura?»
«En mi cola», dijo el sol.
«En mi garganta», la luna.

(…) «Aguilitas», les dije,
«¿dónde está mi sepultura?»
«En mi cola», dijo el sol.
«En mi garganta», la luna.

Por las ramas del laurel
vi dos palomas desnudas.
La una era la otra
y las dos eran ninguna.

La premonición en la poesía hispanoamericana no me sorprende. Lorca, en este poema de belleza indescriptible, nos anunciaba lo que pasaría con su cuerpo (“¿dónde está mi sepultura?”) después de esa noche fatídica en Granada un día de agosto de 1936 cuando fue detenido violentamente al lado de otros por un grupo de franquistas quienes lo fusilaron en un lugar desconocido en el camino que une a los pueblos de Alfacar y Viznar, posiblemente en el Peñón del Colorado. Su cuerpo jamás fue exhumado ni hallado. La cripta de Cuelgamuros lo sigue esperando. ¿Dónde está su sepultura?, nos preguntamos, como se lo preguntaba él en el poema que acabamos de presentar.

García Lorca, Heraud, Vallejo o la poesía premonitoria

El peruano Javier Heraud también presagió las circunstancias de su muerte en su poesía. (Expreso)

En la poesía peruana, y también a raíz del documental que ya se exhibe con éxito en varias salas de cine en Lima, El viaje de Javier, basado en la vida del poeta Javier Heraud, también encontramos versos con una naturaleza muy premonitoria:

Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y árboles

De El viaje

En otro poema, Heraud dice:

Es oficio de ociosos,
eso de matar moscas
diariamente,
pues Ud., señorita mosca,
no asusta ni a las vacas
ni a los perros.

Solo espero no alimentarla
y no verla en mis entrañas,
el día que si acaso
me matan en el campo
y dejan mi cuerpo bajo el sol.

De El río

Las circunstancias en que muere Javier son muy particulares. Navegaba por el río Madre de Dios, escapando de la persecución policial. La causa de su muerte: un disparo en el pecho. Lo sacaron a la ribera, lo tendieron bajo el sol hasta la llegada del juez y, su herida, sirvió de alimento para las moscas y se quedaron en sus entrañas en pocos minutos. Javier, de 21 años, moría entre pájaros y árboles, de algo que confesó que no tendría miedo de que pasara, pero pasó casi con exactitud. Incluso, estos versos pertenecen a su primer poemario publicado  en 1960 cuando aún era un  adolescente titulado irónicamente El río.

García Lorca, Heraud, Vallejo o la poesía premonitoria

Como lo había vislumbrado, el gran César Vallejo murió en París en un día lluvioso. (abc)

Pero los versos más premonitorios los encontramos en César Vallejo, en su poema Piedra negra sobre piedra blanca, compuesto entre 1931 y 1937 y publicado póstumamente en Poemas Humanos en 1939.

Me moriré en París con aguacero

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París y no me corro

tal vez un jueves como es hoy de otoño

Vallejo murió un 15 de abril de 1938, en París y con aguacero. Era Viernes Santo y no jueves como lo presintió, aunque algunos críticos sostienen que por diferencia horaria con Perú, aquí sí era jueves y estábamos en otoño. Podríamos analizar otros poemas donde se manifiesta la misma figura del presentimiento, pero lo haremos en otra oportunidad.

*Este post es una colaboración de Héctor Domecq Galván, docente del Departamento de Estudios Generales de la Universidad Privada del Norte.

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2 Respuestas

  1. José Antonio Tejada dice:

    Excelente post, estimado Héctor. Muy sugestiva la idea. Quizá la extrema sensibilidad de estos grandes poetas los haya aproximado, en alguna medida, a descifrar el momento del final definitivo.

    Que vengan más textos come este. Desde ahora me cuento entre tus lectores.

    Un abrazo fraterno.

  2. Marllury Ynés Melgarejo Alcántara dice:

    Gracias por el aporte profesor Héctor. Con la poesía de Vallejo se observa el interior del ser humano con sus debilidades y circunstancias de su muerte, como poeta plasma sus emociones y sensaciones ante la muerte.
    Saludos y éxitos.

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