El fútbol como metáfora de la vida

el fútbol como metáfora de la vida

Trome

Hay golpes en la vida, como los de César Vallejo -aquel poeta peruano declarado universal- tan fuertes y abrumadores capaces de sacudirnos e, incluso, de cambiarnos la vida. Vallejo publicó en Lima su poemario más estudiado, Trilce, en 1922. Coincidentemente, en la Lima de 1922, el 23 de agosto, se fundó la Federación Peruana de Fútbol, persona jurídica de derecho privado que hoy representa el máximo ente rector del fútbol peruano.

Para los aficionados al fútbol, muchas veces hay golpes en la vida tan fuertes como aquellos insinuados por el ex presidente del Uruguay, José Mujica, en su discurso frente a los miembros del UNASUR: “La vida les puede dar miles de tropezones, en todos los órdenes, en el amor, en el trabajo, en la aventura de lo que están pensando, en los sueños que piensan concretar, pero una y mil veces están hechos con fuerza para volver a levantarse y volver a empezar; porque lo importante es el camino […] No hay una meta, no hay un arco de triunfo, no hay un paraíso que nos recibe, no hay odaliscas que te van a recibir porque te moriste en la guerra. Lo que hay es otra cosa: es la hermosura de vivir la vida al tope.” Custodiando estas palabras y aplicándolas al balompié, para los futboleros no solo hay golpes sino también goles en la vida. Vivir la vida al tope quiere decir también exteriorizar el festejo más auténtico por la emoción de un gol. Cuando niños, adolescentes y adultos la comparten, la emoción de algunos goles es impagable.

Hay goles en la vida, como los de Diego Armando Maradona, cuando hace 31 años entró en la historia del fútbol por dos goles increíbles, realizados contra la selección inglesa en los cuartos de final en el Mundial de México 86. Los goles anotados por Maradona contra los ingleses tuvieron condimentos especiales no solo porque sellaron el triunfo argentino o porque Maradona sacó a relucir la guerra de las Islas Malvinas, sino porque, uno de ellos, fue anotado con la mano. Después del partido los periodistas le preguntaron si el primer gol lo había anotado con la mano. Y el 10, entregando su gol a la historia, respondió que el gol había sido legítimo, aunque quizá le había ayudado “la mano de Dios”.

Maradona se transformó en el mejor jugador de su tiempo gracias a ese partido. Minutos después, anotaría uno de los goles más hermosos de todos los tiempos. Desde el centro del campo, el argentino barrió a siete adversarios y empujó la pelota para consagrar un gol maravilloso. Así, también, se gritaron goles en otras latitudes y en tiempos diferentes. Sería una lista sin fin. Entre ellos, el gol de Marco Tardelli contra Alemania que le dio el campeonato mundial a Italia en 1982. Mucho más cerca, el gol que anotó Paolo Guerrero contra Colombia, que le permitió a Perú disputar el repechaje y clasificar al Mundial de Rusia 2018.

Desde que uso la razón y desde esas increíbles proezas me encanta el fútbol porque, si bien hay golpes, también hay goles en la vida. El fútbol es como la vida: cuestión de goles, como lo que nos quiso trasmitir nuestro poeta universal, César Vallejo, y el ex presidente uruguayo, José Mujica.

*Este post es una colaboración de Henry Velarde, docente del Departamento de Estudios Generales de la Universidad Privada del Norte.

 

 

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