García Zárate: acordes en memoria del maestro

García Zárate: acordes en memoria del maestro

Cuando aún no se me permitía el ingreso en la casa paterna de la que más tarde sería mi esposa, y solo me quedaba atisbar desde la rendija de la puerta su interior, una tarde de esas, de domingo de resaca moribunda, se escapó por el aire ese endemoniado arpegio que a la vez puntea como chaira y marca el corazón con sus bajos en oleadas de bordón.

En esa alucinada tarde gris reconocí, según yo, ese disco 33 que me acompañaba desde mis primeras incursiones a la Universidad San Marcos, solo que en esa tarde mi realismo mágico complotó a favor de mí, y ante mi sorpresa que devenía casi en llanto de fan enamorado, Deanee, mi futura esposa, abrió un poco esa puerta aún misteriosa y descubrió al hombre que supo extirpar de nosotros el complejo de entendernos y principalmente amarnos por lo que somos: ese mestizaje tan enrevesado y millonario que hoy nos acoge envueltos de una decaída identidad.

 

No era el disco, era el mejor guitarrista de música andina de mi país; sí, el que ha tocado por casi todo el planeta Tierra, el que ha recibido tantas condecoraciones que ya hasta perdió la cuenta, el jubilado del Poder Judicial que nunca hace justicia, el Amauta que no llegaba a cobrar más de 1,500 soles mensuales. Él era quien estaba tocando en la sala de la casa y yo, envuelto de amor, decidí que de todas maneras me casaba, pero que previo a eso me lo presentaran y dejaran que estrechara esa mano que hasta ese momento yo creía que era producto de la ilusión sonora del vinilo.

El maestro Raúl García Zárate nació en Huamanga (rincón de los muertos), Ayacucho, y nos acompañó en este trajinado kay pacha 85 años, de los cuales todos los dedicó a la guitarra, porque el maestro ya vino a este mundo tocando, y es por esto que solo bastó ese concierto privado a su padre a los 12 años para que iniciara una carrera que lo llevó por España, Alemania, Francia, Argentina, Venezuela, Colombia, Japón, China, México, Cuba, Estados Unidos y un etcétera geográfico bastante largo.

García Zárate: acordes en memoria del maestro

Asimismo, y porque se lo merecía, fue considerado Patrimonio Cultural vivo de nuestro país y se le dio la Orden del Sol a causa de todo su trabajo discográfico y de investigación musical (más de 25 discos). Su carrera musical la inició al lado de su hermano Neri en el año 1966, cuando graba Más música de Ayacucho, carrera que llevará en paralelo a su faceta de concertista, a la cual se dedicará de lleno tras la muerte de Neri en 1980.

Arguedas dijo que “el maestro Raúl García Zárate es el ejemplo más cabal de la guitarra señorial que fusiona todos los estratos sociales” y yo, con mi más mínimo conocimiento, lo reafirmo al escuchar al maestro cuando tendría 14 o 15 años, aún en una Lima absurdamente racista, en una casa donde lo andino era lo más cordilleresco y lejano. Para mí resultó un encuentro de dos mundos, que hasta ese momento no lograba captar bien. La guitarra de Raúl García Zárate me hizo entender, con ternura a veces, con fuerza andina otras, que el Perú es el Perú y no mi Lima desgastada y gris que va sucumbiendo a nuevas bandas sonoras, a nuevas maneras de entender nuestra peruanidad.

El maestro Raúl García Zárate ha dejado el kay pacha para asistir a su cita en el uku pacha. El mejor guitarrista del Perú vuela envuelto de guitarras, solo nos quedan acordes en su memoria.

*Este post es una colaboración de Renato Salas, docente del Departamento de Estudios Generales de la Universidad Privada del Norte.

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