Dante a la mitad del camino de la vida

dante a la mitad del camino de la vida

Desde una Italia aún inexistente, un niño de 9 años que erraba perdido en el mes de las madres se estrelló contra unos ojazos verde intenso, y a partir de allí se inició una de las historias de amor más cantadas de la literatura mundial, la historia que unirá política y pasión como ejes de vida en este florentino, puente entre el pensamiento medieval y las ideas humanísticas renacentistas. Este nueva olero del dulce estilo que quedó huérfano, pero que adoptó las enseñanzas de Brunetto Latini y compartió vinos con los Guido Guinicelli y Cavalcanti.

Dante Alighieri (Ducante de Alighiero o Ducante Degli Aldiguieri o un etcétera más) es traído por Donna Bella, su madre, allá por el 1265 y abrazará por tradición familiar el ala dura de los Güelfos (búfalos papales) viviendo enfrentado a Gibelinos (monárquicos aburguesados) durante toda su juventud; mientras esto sucedía, él ya había sido capturado por “il dolce pomo”, una idea purísima de la amada que era multiplicada por “quintas esencias” y que tuvieron como resultado de esos dos únicos encuentros con Beatriz Portinari (en el último, al menos besó su mano) un libro casi autobiográfico y onírico: La vida nueva, confidencial diario de amor que culmina como todas las historias de amor: mal, ella casada con otro que no le había escrito ni un verso, un tal Simone de Bardi, y premiada en esa lotería que asolaba la Europa del casi fin del Medioevo: la peste negra que la mató al año de su casamiento.

Dante para esto ya había probado la dulzura del poder y la amargura de la traición. Los güelfos se habían abierto en dos opciones: moderadamente blancos diplomáticos y negros extremistas incendiarios. Él, que contaba con algunos errores y “pecadillos”, fue víctima de la envidia de sus hermanos partidarios y lo desterraron por donde dios no había pasado, viéndose obligado a vagar por Lyon, París, Lombardía, Toscana, Lunigia, Verona, y tras todo este tour, en donde tuvo que dejar a su suerte mísera a Gemma di Manetto, esposa que nunca quiso, pero que le dio como hijos a Pedro, Jacobo y Antonia, llegó a Ravena, la que será su última parada en la estación de su vida. Es muy probable que obras tan importantes como en las que luce su saber ante tanta ignorancia, Convivio, o donde se anima a homenajear lo que mañana más tarde será el idioma italiano, De la lengua vulgar, o su última propuesta política –tras haber rechazado su indulto-, La monarquía, hayan sido escritas en este periplo viajero.

Sobre lo que no cabe duda es que su gran entrega al mundo de la literatura va a ser su Comedia, poema épico religioso alegórico que busca enderezar la ruta pecadora e inducirnos a su manera a portarnos “bonito”, que nada nos cuesta meditar tranquilos sobre las consecuencias de nuestros pecados y que si mañana más tarde queremos vagar calatos por los jardines del Edén, no nos queda otra que enderezar nuestra conducta y alcanzar esa beatitud que repicará allá en el cielo.

En los 100 cantos que tiene la obra, y que son distribuidos en Infierno (34 cantos), Purgatorio (33 cantos) y Paraíso (33 cantos), Dante reúne 14233 versos dispuestos en tercetos encadenados endecasílabos:

En- me-dio –del- ca-mi-no- de- la- vi-da     A

Errante me encontré por selva oscura          B

En que la recta vía era perdida                       A

Notamos esa fuerte alegoría que está envuelta en toda la obra y que aun bebe del pensamiento medieval: un “tres” constante y trinitario que se evidencia en las bestias furiosas que le hacen el pare al inicio de su viaje por el mundo de los muertos (león-soberbia, pantera-lujuria, loba- avaricia). Su primer guía, Publio Virgilio Marón, razón que guía; Beatriz, sublimación del amor, y por último San Bernardo de Claravel, que muestra la “hermosa rosa celestial” o las tres cabezas del Cancerbero, perro guardián infernal, o también, los tres rostros del peor pecador y traidor de la historia: Lucifer, que yace congelado en la laguna Cocito, tiene alas de murciélago y en el rostro rojo que representa al odio devora a Judas o en el amarillo que representa a la impotencia mastica a Bruto y en el negro que evidencia la ignorancia muerde eternamente a Cassio. Y si a esto le sumamos los múltiplos de 9, la idea del padre, hijo y espíritu santo quedan delineadas.

Si bien Dante solo se hace el viaje por los tres mundos en 7 días, con 35 años bien pecados y reconoce que todo será castigado –aquí o allá- y genera para la posteridad los temores que aún controlan nuestros libres albedríos, sabemos que lo hace en búsqueda de esa divinidad que, aunque hayan pasado más de 696 años de aquel 14 de setiembre, seguiremos alucinando temerosos del castigo que nos tocará cumplir en alguna hoja de su Divina comedia.

*Este post es una colaboración de Renato Salas, docente de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad Privada del Norte.

 

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