Apocalipsis “now”: planeta Tierra 2.0

 

apocalipsis now tierra 2.0

En un artículo previo, presentaba un escenario puntual: ante la ocurrencia de un apocalipsis que diezme – en el sentido más estricto – a una considerable parte de la población humana, ¿qué habría de legarse a los supervivientes?, ¿conocimientos científicos y/o tecnológicos?, ¿algún elemento o manifestación cultural puntual?, ¿quizás un marco de valores apropiado?

Es interesante el análisis de estos escenarios: la amplitud del conocimiento y avance humano sería imposible de sintetizar para uso corriente y cotidiano (el intento más memorable: la Enciclopedia), e incluso, el ejercicio de discriminar aquello a rescatar y lo que se deba soslayar nos coloca en un profundo dilema. Acaso conviene escudarnos en una línea de pensamiento similar a la expresada por Gustav Württemberger, a propósito de Robison Crusoe (estampa del superviviente a un apocalipsis personal): “(Robinson) …se ha salvado, ha logrado llegar a tierra y su capacidad de aprender ha sobrevivido. El barco del saber ha naufragado, pero su poder puede regenerarse”. Queremos creer que con las suficientes y apropiadas raíces, seremos eventualmente capaces de reconstruir –lentamente- el árbol del conocimiento.

Y cierto es que no es poco lo incompleto, fragmentado o parcial en ese árbol – usualmente conocimientos y textos de los estadios más tempranos de la Historia. Sea por efecto del tiempo y la descomposición, del descuido o de la deliberada obsecuencia, no son escasos los productos del talento intelectual humano que han desaparecido. Obras irrecuperables o extraviadas de diversos autores griegos, latinos y otros tantos orientales; incendios de bibliotecas –fortuitos unos, deliberados otros- (aquí una infografía interesante sobre ello: https://blog.segu-info.com.ar/2014/01/las-peores-15-catastrofes-en-cuanto.html); incluso, persecución y destrucción de ciertas obras –sino ya de civilizaciones completas-, todo ello ha cercenado el conocimiento y parte de la riqueza cultural que hemos heredado del pasado.

Podría tentarnos legar un marco apropiado de valores para los supervivientes -quizás con ello asegurarían una convivencia más sana. Pero, ¿son los principios que necesita una comunidad post-apocalíptica los que posee la sociedad actual? (y para el caso que intento describir, da lo mismo si nos referimos a la civilización y los valores típicamente occidentales o nos instalamos en otro espacio cultural, con distinta contemplación de la vida y cosmovisión en general, y diferente entendimiento de nociones como igualdad, libertad, justicia, solidaridad, por señalar algunas).

Ray Bradbury tuvo un curioso planteamiento que es permeable a lo que estamos tratando de explorar aquí, en su magnífico Crónicas Marcianas: confrontado el ser humano con la posibilidad de colonizar el planeta Marte, se proyecta en primera instancia que tal hazaña permita además perfeccionar lo que los humanos han creado en la Tierra, apuntando a una sociedad idílica. Lamentablemente, como se anima a presagiar Bradbury con cierto pesimismo, es tal el peso de la naturaleza humana que Marte termina siendo un calco cruel, triste y exagerado, de las iniquidades y otras estrecheces de nuestro mundo primigenio.

El profesor de la Universidad de Stanford, Ian Morris, plantea en Cazadores, campesinos y carbón (Ático de los libros, 2016) que existiendo algunos valores universales y quizás atemporales, existen también un conjunto de ellos que en las distintas sociedades humanas han ido variando (tal vez oscilando), como un reflejo del contexto y las circunstancias históricas. Pensemos en la esclavitud, por ejemplo, aceptada en la Edad Antigua y hasta bien entrado el siglo XIX, y su condena general hoy en día. O en la evolución del rol de la mujer en la sociedad a lo largo de la Historia.

Tendemos a considerar que el estado actual de las cosas parece ser el más apropiado a legar, pero ¿hay algún valor que deberíamos cambiar, algo prohibido hoy pero que sería necesario hacer aceptable en un escenario post-apocalíptico? ¿O hay algo aceptado hoy, pero que debiera restringirse en la búsqueda del bien común en tal escenario? No sé si exista respuesta, pero la sola interrogante nos confronta con la amplitud de posibilidades que el destino de la humanidad tiene por delante. Y es que, como en aquella canción de REM, puede que exista un fin del mundo, pero siempre cabe la esperanza de la supervivencia para nuestra especie, e incluso, que aquello que emerja como sociedad después logre superar el estado actual de las cosas. Quizás esto del apocalipsis sea algo bueno en el fondo, y cosas como la intolerancia, el racismo, la xenofobia, la inequidad y la crueldad –por citar algo-  queden descartadas para siempre de la faz de la Tierra. Olvidémonos entonces de aquello que quisiéramos perpetuar y enfoquémonos en qué no repetir. Usted, amigo lector, ¿qué quitaría del mundo actual para ese reinicio, para esa Tierra 2.0…?

It’s the end of the world as we know it

It’s the end of the world as we know it

It’s the end of the world as we know it and I feel fine (R.E.M.)

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1 respuesta

  1. Jorge Lincoln Ruiz Tejedo dice:

    Apocalípsis, en el estricto sentido de la trascendencia escatológica del término, y si lo asumimos sin reduccionismo alguno, significa la antesala para la presencia de un mundo sin gobiernos corruptos, ni gente mala. Con un sólo gobierno a nivel mundial, sin parangón ni similitud alguna a los gobiernos de ayer y hoy, sin clases sociales, ni ricos ni pobres, sin explotados ni explotadores, sin xenofobias,ni racismos de ninguna especie. Una sociedad y un gobierno planetario del Bien para el bien de todos. Sin derechas e izquierdas. Apocalípsis será el culmen de una serie de grandes y graves tribulaciones que ya , en parte, está atravesando la humanidad. Nos toca allí , desde hoy, asumir el papel apocalíptico de apostar por el bien o por el mal, no hay salida, No hay ni habrá término medio. «A los tibios les vomito», es la sentencia.

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