Apocalipsis «now”: ¿qué tan cerca está el fin del mundo?

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No sé realmente si el fin del mundo esté próximo, pero a juzgar por la comunidad científica detrás del “Doomsday Clock” y su reciente ajuste (ver artículo Cuenta Regresiva para el Fin del Mundo, Caretas, 27.01.2017), desde 1953 no hemos estado tan cerca de un descalabro de proporciones bíblicas.

Esto de la corrección del reloj coincide, pues, con la asunción de Mr. Donald Trump, y en específico, con sus primeras decisiones. Los entendidos señalan que este reciente ajuste no es tanto debido a la posibilidad de un conflicto bélico de escala nuclear, sino, principalmente, al evidente desinterés que muestra el nuevo presidente norteamericano por las consecuencias del cambio climático y sus sentidos efectos en todo el orbe –anótese que el país del norte es uno de los mayores consumidores de energía per cápita y, por añadidura, también el de mayor capacidad de impacto positivo o negativo en el medio ambiente.

El fin del mundo ha atraído la curiosidad del hombre desde siempre (y pareciera estar en la naturaleza humana, quizás por la brevedad de la vida frente al devenir histórico de la humanidad como un todo, la aspiración tácita de pretenderse partícipe de un momento clave y límite en ese mismo devenir). No son pocas las civilizaciones que tienen un mito de creación sobre las cenizas de un mundo anterior, ni tampoco las tradiciones y profecías que anuncian un fin del mundo con posibilidad de regeneración futura: los escenarios explorados en la ficción dan para el desastre ambiental, el cataclismo de origen cósmico, la guerra nuclear, la invasión extraterrestre y la pandemia de una enfermedad mortal e incurable, por citar los terrenos más comunes. Quizás una de las mejores selecciones de relatos asociados con el fin del mundo y la vida de los primeros supervivientes se puede encontrar en Paisajes del Apocalipsis (Varios Autores, Editorial Valdemar, 2012), una colección de hasta 21 narraciones breves examinando desde distintas ópticas cómo sería ese mundo posterior (incluidas la ambientación del estilo “Mad Max”, los dejos a un escenario tipo “Soy leyenda”, y por supuesto, alguna historia con sabor al popular videojuego “Fallout” – hoy en su cuarta edición, cumpliendo 20 años).

Instalados en esa situación catastrófica y buscando sobrevivir, cabe preguntarse por dónde empezar. Lewis Dartnell, profesor en la Universidad de Leicester (@lewis_dartnell), ha transitado ya parte del camino y en Abrir en caso de apocalipsis (Penguin Random House, 2015) intenta recoger una serie de conocimientos y aplicaciones para que los supuestos sobrevivientes puedan en primera instancia aprovechar los recursos disponibles y luego ya, intentar reactivar la civilización “tal y como la conocemos” (las comillas no son gratuitas: ni Dartnell ni nadie podría asegurar que cualquiera sea el escenario post-apocalíptico, el intento de reconstruir la sociedad dé como resultado algo similar en estructura y forma a lo que actualmente conocemos).

Imaginemos por un momento un escenario apocalíptico: ¿qué rescataríamos del mundo actual? Si supiéramos que no somos los llamados a sobrevivir, pero que quizás otros pudieran recibir un poco de información de nuestra parte, ¿qué indicación les daríamos? ¿Qué legar? ¿Conocimientos específicos? ¿Alguna tecnología? ¿Alguna manifestación cultural? ¿Uno o más valores? Vamos a dar una mirada somera a la ciencia y tecnología en este artículo y dejar para una segunda parte lo referente a las manifestaciones culturales y la posibilidad de un marco de valores para una mejor convivencia.

Sólo sé que nada sé

Un ejercicio de revisión de las primeras sociedades manifiesta que la presencia de una fuente estable de agua es fundamental para crear las condiciones de desarrollo de la agricultura y con ello, junto al asentamiento en un territorio, la posibilidad de un excedente alimenticio que permita sostener una población adicional -no condicionada al trabajo de campo- que cumpla funciones de defensa y administración, además de oficios diversos como la artesanía y el comercio. Vista la Historia, que parte de esa población adicional se haya configurado usualmente como si se tratase de una casta particular (exclusiva, superior) y tendido a sojuzgar a los demás, sería algo que bien podría reformularse en el plan de reinicio post-apocalíptico.

Dartnell en su tratado pretende sintetizar un conjunto de conocimientos y aplicaciones tecnológicas mínimas, a disposición de los sobrevivientes, para “suavizar” el aterrizaje: una de sus hipótesis básicas es que ningún especialista contemporáneo podría por sí mismo explicar (y aún menos replicar) cualquier artefacto tecnológico actual, con total precisión. Siendo la mayoría de ellos producto de diversas disciplinas y tecnologías conjugadas, el ciudadano promedio hoy es capaz de manipular y hacer funcionar múltiples objetos, pero difícilmente competente para explicar los intrincados mecanismos que los sustentan (no estaría entonces de más que los alarmados ante la inminencia de algún cataclismo tengan a la mano una copia del libro, y ojalá impreso, porque las tablets y demás dispositivos electrónicos no soportarían muchas horas sin el suministro regular de energía de las ciudades modernas).

Empezando por la química, la física y la biología más básicas, sumando a la astronomía y la geología, anotando además conocimientos más especializados de botánica, zoología, anatomía y medicina humana (derivados todos de la biología), y por supuesto agregando también a las matemáticas (aritmética, algebra, geometría, cálculo) como un lenguaje indispensable para el desarrollo de la ciencia en general, parece una tarea imposible elegir los elementos apropiados a salvaguardar. Junto con ello, contrastando el presente con las lejanas figuras del Humanismo y el Renacimiento, parece improbable que alguien hoy, como Leonardo Da Vinci en tal momento, pueda ser considerado un verdadero “genio universal”: es tanto lo avanzado en el terreno científico, que es difícil solo ser capaz de mesurarlo.

 

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1 respuesta

  1. Mártires Laiza Maximiliano dice:

    VOY A PARTIR DE UNA DE LAS CONCEPCIONES DE LA BIOLOGÍA «LA VIDA GENERA VIDA» PARA SUSTENTAR LO SIGUIENTE: DIOS CREÓ TODAS LAS COSAS, INCLUIDO EL HOMBRE, SOLO QUE EN UNA DIMENSIÓN DIFERENTE DE LA QUE ACTUALMENTE VIVIMOS, PARA QUE ESA TIPO DE VIDA CONTINUARA POR LA ETERNIDAD ESTABLECIÓ NORMAS DE LAS CUALES TODOS YA CONOCEMOS «NO COMERÁS DEL ÁRBOL DE LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL, AL TRANSGREDIR EL HOMBRE ES NORMA PERDIÓ TODOS LOS ATRIBUTOS CON LAS CUALES FUE CREADO: VIDA JUSTA, CARÁCTER PERFECTO PARA VIVIR POR LA ETERNIDAD Y SE CONSTITUYÓ UN HOMBRE MORTAL Y PECADOR (TRANSGRESOR). POR LO TANTO DIOS, CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA DETERMINÓ SU EXISTENCIA TEMPORAL DEL HOMBRE Y SU INEVITABLE MUERTE DURANTE DETERMINADO TIEMPO DE EXISTENCIA SOBRE LA TIERRA. SIENDO ASÍ, LA PROFECÍA DE APOCALÍPSIS DETERMINA SEIS MIL AÑOS DE EXISTENCIA DE LA HUMANIDAD Y TODAS LAS COSAS ANIMADAS E INANIMADAS, LUEGO VIENE EL MILENIO DE ASOLAMIENTO DE LA TIERRA PARA FINALMENTE SER DESTRUIDA.
    RECOMIENDO A TODOS A INVESTIGAR ESTE ASUNTO EN LA BIBLIA PORQUE ES LA ÚNICA FUENTE DE CONSULTA QUE PUEDE MARCAR UN ITO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD. BASTA DE FILOSOFÍA ERRÓNEA, PREOCUPÉMONOS POR EL FUTURO DE LA HUMANIDAD Y BUSQUEMOS LA ÚNICA FUENTE DE PERDÓN QUE ES EN CRISTO JESÚS. (DIOS HECHO HOMBRE QUIEN HA VENIDO AL MUNDO PARA DARNOS OTRA OPORTUNIDAD DE REIVINDICAR NUESTRA CONDUCTA TRANSGRESORA DE SU SANTA LEY) . HOMBRES ERUDITOS COMO JHON HUS, CALVINO, MARTIN LUTERO ENTRE OTROS DAN TESTIMONIO DE LO MENCIONADO LÍNEAS ARRIBA.

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