La transformación cultural. El gran reto de Alan Mulally

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El gran reto del Perú es transformar la mentalidad de las personas, sumidas en la holgazanería, la mediocridad y el conformismo. Muchos intelectuales, como el historiador Manuel Burga, past rector de la Universidad Nacional de San Marcos, han señalado que esa característica “natural” de nuestra idiosincrasia es producto del legado colonial de hace más de 180 años. El provocar una revolución al interior de un país como el nuestro es sumamente complejo; los múltiples intereses en juego, además de las divisiones sociales, los problemas endógenos, entre otros factores, son parte del nuevo reto si queremos convertirnos en una nación moderna. Pero este proceso de transformación de mentalidad, de reelaboración de la cultura, entendida como expresión y praxis de vida, no es algo novedoso en las naciones y menos aún en las empresas que lo han desarrollado con diferentes resultados. En este último caso tenemos a la famosa marca de automóviles Ford, que reconceptualizó su filosofía productiva.

Ford, a inicios de los años 1960, era una empresa que generaba aproximadamente 20 mil empleos directos y 40 mil trabajos indirectos. Abarcaba todo un proceso productivo, desde la elaboración de componentes para automóviles, el ensamblaje y la propia venta de vehículos. Su éxito radicaba en movilizar a todo un corpus social que beneficiaba a la sociedad norteamericana, convirtiéndola en uno de los símbolos de la gran nación del norte. Sin embargo, ellos no se encontraban solos en el mercado de automóviles: las marcas japonesas y posteriormente las coreanas en las últimas décadas comenzaron arrebatarle participación a Ford. La respuesta del porqué perdieron terreno en el mundo automotriz era que sus rivales presentaban precios bajos, permanente innovación de modelos, mayor cantidad de opciones de adquisición, entre otras alternativas que las hicieron atractivas al consumidor en busca de productos “buenos, bonitos y baratos”.

Por tanto, los automóviles norteamericanos que simbolizaban calidad en los años 90 eran desplazados despiadadamente. Incluso el fiel mercado norteamericano disfrutaba de los productos foráneos relegando a la marca nativa. Sin embargo, lo peor estaba por venir.

El golpe mortal llegó en 2008 con la crisis que no solo golpeó el negocio inmobiliario, sino que también afectó las grandes compañías de alimentos, de construcción y evidentemente la industria automotriz. Los fantasmas de un crack como el de 1929 nuevamente llamaban a la puerta de las finanzas de la primera potencia del mundo. En este difícil escenario Alan Mulally asume uno de los mayores retos de su vida: salvar a Ford de una quiebra inminente.

Mulally tuvo que realizar una reingeniería profunda al interior de la compañía generando una transformación cultural a todo nivel. Modificó el proceso productivo en su conjunto, adaptándolo a los nuevos tiempos, buscó colaboradores estratégicos para el resto de sus actividades, y llevó adelante otras medidas que generaron un ingente ahorro de dinero. Pero no solo se limitó a una minimización de gastos y maximización de recursos. Mulally entendió que la capacitación de su personal, así como una selección de hombres y mujeres capaces de identificarse con la empresa era importante para reflotar una compañía en decadencia. Estas medidas en un comienzo generaron escepticismo debido a que muchos expertos lo tildaban de utópico e irreal porque refundar nuevamente los conceptos fordistas incluso provocaron una enorme resistencia en sindicatos y organizaciones laborales que no entendían los cambios estructurales que debían hacer si deseaban que la empresa subsista.

Otra de las acciones realizadas por Mulally como CEO de Ford fue negociar las deudas contraídas con el fisco estadounidense, e incluso consiguió del gobierno de Barack Obama un importante apoyo económico para no sucumbir frente a la crisis económica y así no eliminar los cientos de empleos en los Estados Unidos y en el mundo.

La apuesta de Mulally generó resultados y para el año 2013 Ford volvió a encabezar la producción de autos al interior de los Estados Unidos y modernizó sus modelos con gran acogida en el mercado mundial.

Capacidad, riesgo y atrevimiento fueron las actitudes de Mulally al transformar la cultura de la empresa de una de carácter arcaico y funcionamiento tradicional a otra que buscaba además del desarrollo humano la estabilidad emocional de sus colaboradores al fomentar un clima laboral positivo, haciéndola más competitiva y generadora de ingresos para bienestar de sus accionistas como de la propia sociedad. Este tipo de situaciones convirtieron a Ford en uno de los mejores lugares para laborar, y más importante, transformó la filosofía de la empresa y la colocó en el lugar en el que había estado desde su fundación.

*Este post es una colaboración de Emilio Augusto Rosario Pacahuala, coordinador de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad Privada del Norte.

Fuente:

– Manuel Burga et all. En qué momento se jodió el Perú. Lima. Editorial Milla Batres. 1987

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1 respuesta

  1. Miguel dice:

    cuál es el estilo de gestiónde Alan Mullaly en caracteristicas de gestion de cambio en conversación con McKinsey

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