El bicho universitario más útil

mario bunge estudios generales

Hace 20 años, el insigne filósofo y matemático Mario Bunge visitó nuestro país. Bunge, desde su perspectiva crítica y decididamente combativa contra las filosofías alejadas de la ciencia, generó una serie de polémicas y debates que se prolongaron por meses en Lima a través de los diarios locales. Algo inusual en el ambiente filosófico de nuestro país. Los debates, de los que nos ocuparemos en otro escrito, suscitaron eventos e intercambios que llevaron a Bunge a diferentes claustros universitarios.

En la versión escrita del conjunto de ponencias, titulada Vigencia de la filosofía, se incluye un prólogo de Bunge, en el que, entre otras cosas, se dice lo siguiente: “Creo que el bicho universitario más útil, es aquel que pasa sucesivamente de abeja, araña y tábano”.

Es el maestro Lucas Lavado quien primero prestó atención a esta frase y desde las aulas universitarias hacía reflexionar a sus estudiantes tratando de encontrar el sentido de este aforismo. Su interpretación me parece sumamente acertada y didáctica. En primera instancia habría que entender la frase como una secuencia o sucesión, un proceso que deberían seguir todas las personas que se dedican a la vida universitaria. En segundo lugar, ese proceso educativo no puede establecerse por saltos o algo así. Con ello, la abeja se asemeja mucho a los estudiantes universitarios, que trabajan diligentemente en recolectar lo más importante de todo lo que ofrecen los cursos, eventos y libros. Se ha dicho y es cierto, que una persona nunca deja de aprender, pero es necesario que en algún momento se realice un salto, y nos pongamos a trabajar con aquello que hemos recolectado, que busquemos relaciones a los conocimientos y capacidades adquiridas, que le pongamos un orden y lo hagamos visible, así como la araña hace paciente y magistralmente su telaraña. Debemos esforzarnos en construir nuevos conocimientos y ponerlos a prueba con investigación, también debemos escribir de manera cuidadosa y magistral.

Muchos estudiantes y profesores llegan a estas dos instancias, consiguen una gran cantidad de conocimientos, los ordenan, generan un producto con ellos, escriben artículos, ensayos, libros. Pero queda una última instancia que la gran mayoría olvida o no desea realizar. Se trata de que el conocimiento que se ha producido sea afilado y con él se espolee a los demás. De forma crítica se motive al debate de los viejos dogmas o los conocimientos de hace tiempo. Que se mueva a la comunidad universitaria a reaccionar, a asombrarse, a que nos digan lo que piensan. Sócrates decía de sí mismo que era el tábano de Atenas, molesto e insistente, solo buscaba la verdad y el conocimiento. En esta época no concibo otra forma para salir del aislamiento cognitivo o la desidia en las aulas universitarias. Habrá que empezar de cero en algunos casos y asumir la labor de la abeja releyendo libros o reaprendiendo, o sistematizar lo aprendido como la araña. Pero, sobre todo, más que esperar, hacer.

*Este post es una colaboración de Christian Córdova Robles, docente de la Universidad Privada del Norte.

Referencia:

Bunge, M. (2009). La vigencia de la filosofía. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

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