Libros, estudios y decisiones

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Hace unos días atrás, revisando el panel de noticas del Facebook, me llamó la atención una fotografía a la que un amigo le había dado “Me gusta”. En la imagen (que puedes ver en esta nota) se aprecia muy probablemente un estibador (cargador) en cuya carretilla se lee la frase “Los libros pesaban menos”.

Casi inconscientemente imaginé la vida en el colegio de este cargador durante su infancia o adolescencia. Esos años que para muchos fueron “los mejores de mi vida”, otros le dirán “los años maravillosos”, donde en la mayoría de los casos no existía otra responsabilidad más que asistir al colegio y cumplir con las obligaciones que esto conlleva. Las preocupaciones por tener un trabajo, pagar las cuentas a fin de mes o llevar el sustento al hogar, para la gran mayoría de los escolares pasan casi inadvertidamente, y esto les da la libertad que ya de adultos añoran con cierta nostalgia (en mayor o menor medida).

Pero regresemos al señor de la foto. Lo imagino como cualquier estudiante promedio en el colegio: juguetón, inquieto, ansioso porque llegara el recreo; curso favorito: educación física, en él puede jugar pelota, competir físicamente con sus amigos y compañeros de clase. Posiblemente hábil en las matemáticas pero en términos generales descuidado en los estudios.

Al terminar el colegio y tal vez pasado algunos años, como les ocurre a muchos, hay que trabajar para sostenernos o ayudar con los gastos de la casa o familia; de pronto ya pasaron diez o quince años desde que acabó el colegio y se ve a sí mismo como alguien que debió estudiar “como Juanito o Lupita, que ahora son abogados o médicos” u ostentan algún tipo de título profesional. Ya pasaron diez o quince años y descubrió que en efecto, “Los libros pesaban menos… menos que los kilos y kilos que tengo que cargar desde la madrugada en el mercado de Santa Anita hasta bien entrada la mañana o la tarde.”

Todo parece encajar, el estibador que no estudió, el estibador que ahora nos manda un mensaje casi lapidario “Los libros estudiaban menos”. Por lo tanto, “cabezón”, ¡Estudia! Carga tus libros y estudia, para que no cargues papas o legumbres el resto de las fuerzas que te queden en la vida.

Pero yo no estoy de acuerdo con este mensaje.

O al menos no lo estoy completamente. Verás, creo que no todos nacimos para ser profesionales egresados de alguna universidad. Puede sonar ilógico o sacrílego, pero pensemos por un momento en dos personajes que de seguro conoces aunque sea de pasada: Gabriel García Márquez y Gastón Acurio.

Gabriel García Márquez,[1] autor del libro que lo catapultó a la fama: Cien años de soledad.[2] Ingresó a la Universidad Nacional en Bogotá a pesar que desde muy temprana edad tenía madera de escritor. Casi obligado por sus padres, tuvo que estudiar Derecho.[3] Nunca terminó la carrera, pero sí se consolido como un excelente escritor (Premio Nobel de Literatura, 1982). ¿Te has preguntado qué hubiera sido de GGM si hubiera decidido desempeñarse como abogado rechazando su pasión por las letras?

Pasemos a Gastón Acurio. Para muchos no es un secreto que el padre del afamado cocinero quería que su hijo estudiara Derecho. Viajó hasta España para seguir esta carrera, y aunque tenía buenas calificaciones, esa no era su pasión. Le confiesa a su padre que deseaba estudiar cocina y aunque al principio no es visto con buenos ojos, finalmente su familia lo apoya, terminando de estudiar cocina en la afamada academia Cordon Bleu de París, siendo hoy por hoy uno de los cocineros peruanos más reconocidos a nivel mundial.[4] ¿Te has preguntado qué hubiera sido de Gastón Acurio si hubiera seguido el deseo (bien intencionado) del padre terminando la carrera de Derecho?

Yo creo que tanto Gastón Acurio como García Márquez hubieran sido buenos abogados, de repente hasta excelentes abogados, sí, pero frustrados.

Me hubiera gustado poder preguntarle al señor estibador ¿qué es lo que realmente te gusta hacer? ¿Cuál es tu pasión? Es cierto: no puedo hacerlo. Pero sí puedo preguntarte a ti ¿cuál es tu pasión? ¿Qué es eso que podrías hacer durante horas y no sentir que es un trabajo o una obligación sino que podrías hacerlo con total gusto, disposición y hasta gratis? (no digas dormir por favor).

Es difícil (o raro) encontrar adolescentes o niños que desde muy temprana edad ya tengan bien en claro qué desean ser en la vida. Pienso en el cargador de la foto y me pregunto si tal vez, de haber tenido un lugar o institución donde desarrollar sus habilidades (que muy probablemente no tenga nada que ver con los libros) habría terminado como cargador.

Finalizo con esto: el problema no es ser estibador. No. Para nada. Yo creo que si hubiera querido ser taxista o peluquero estaría haciendo eso ahora y no dictando clases (que es lo que me gusta), y lo haría con gusto, con placer, con pasión, tratando de mejorar día a día. Y es que ese es el quid del asunto: no todos hemos nacido para abogados, médicos, ni todos hemos nacido para agricultores o estibadores, pero siempre y cuando lo que hacemos lo hagamos con agrado, dedicación y esmero, estaremos en el oficio o profesión correcta, muy a pesar de lo que diga la sociedad o nuestra propia familia (como en los casos ya citados).

Sigue tu pasión. Haz de tu carrera tu pasión aquí en UPN.

Confucio[5] dijo una vez “Elige trabajar en lo que ames y no tendrás que volver a trabajar el resto de tu vida”.

*Este post es una colaboración de Víctor Alfonso Urbina Domínguez, docente de la Universidad Privada del Norte.

[1] En adelante GGM.

[2] Altamente recomendable.

[3] [s.a.]. (2015). Biografías y vidas. Recuperado el 12 de mayo de 2016 de http://www.biografiasyvidas.com/reportaje/garcia_marquez/

[4] Equipo de buscabiografias.com. (1999). Buscobiografias.com. Recuperado el 12 de mayo del 2016 de http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/10103/Gaston%20Acurio

[5] Filósofo chino del s. VI a.C.

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