Mitos e inexactitudes en Psicología

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No hay campo más propenso a ser víctima de la intrusión que el de la psicología. Todos suelen proponer teorías sobre la psique, el comportamiento, lo normal y lo anormal y las relaciones humanas, cuando no todos suelen repetir frases hechas e inexactitudes que de tanto repetirse son tomadas por ciertas, inclusive por los propios (y distraídos) profesionales de la Psicología.

Para muestra cuatro supuestas verdades:

  1. Con la violencia no se consigue nada. ¿No se consigue nada? Sino preguntemos al gobierno de los Estados Unidos, que ha conseguido tener el control de ciertos países a punta de violencia militar. Lo que ocurre es que no se consigue nada bueno o nada éticamente apropiado. Pero la violencia es la fuerza que permite conseguir, vulnerar, doblegar, conquistar al otro. El niño pequeño que golpea para arrebatar un muñeco al compañerito de clases, se percata de eso al instante. De ahí que debamos estar atentos para intervenir y evitar que estas maniobras se vuelvan un hábito problemático.
  2. Los niños imitan todo lo que ven. No, no imitan todo lo que ven; imitan mucho pero no todo. Albert Bandura fue uno de esos psicólogos que estudió el asunto y demostró que los niños suelen imitar cuando el modelo que realiza la conducta es simpático, está cercano al niño y ostenta cierto status frente al pequeño, además de recibir su conducta refuerzos del ambiente.
  3. El saber no ocupa lugar. Pues sí lo ocupa. Recientes investigaciones en el campo de las neurociencias demuestran que todo lo que conocemos, sabemos, aquello que solemos llamar en términos generales la cultura de una persona, se almacena en nuestra masa encefálica y por medio de conexiones sinápticas y enormes relaciones neuronales se va formando lo que sabemos y lo que somos. De ahí que cuando viene un accidente cerebro vascular grave o un traumatismo craneano o dañamos el cerebro con sustancias tóxicas como el mercurio o las drogas más potentes, todo nuestro acervo cultural se va directo al tacho. Así de triste.
  4. Nunca se olvida lo que se aprende. Esto es falso. Sí se olvida, y se olvida porque olvidar es necesario para aprender. Si nunca olvidáramos ni el menor detalle, no tendríamos posibilidades de seguir aprendiendo. Es más, las neurociencias nos hablan de una poda neuronal que es natural y necesaria. Otra cosa, ¿qué ocurre además si no practicamos eso que hemos aprendido? ¿O si hemos aprendido mal algo? La frase debería completarse así: Es más difícil olvidar lo que bien se aprende y lo que se practica constantemente.

*Este post es una colaboración de Manuel Arboccó de los Heros, docente de la Universidad Privada del Norte.

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