Lectura: la tarea pendiente

Hace algunos días llegué a clases y luego de saludar a mis estudiantes pregunté: “¿Y? ¿Qué han leído hoy? Cuéntenme”. Sus respuestas surgieron casi en coro, “Oropeza, profesora, a Oropeza lo chaparon”, fueron los comentarios inmediatos. ¿Qué libro están leyendo?, pregunté muy animosa olvidando que mis estudiantes tenían una lectura pendiente. El silencio reinó. “La obra que usted nos mandó a leer, profesora. ¿Es necesario comprarme el libro o lo puedo ver en Youtube?”. En ese instante recordé lo que Giovanni Sartori, investigador en el campo de la Ciencia Política, dijo: “Estamos en plena videocracia, cuando gobierna la imagen la lectura desaparece”. (Sartori, 2001, p. 39).

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El hábito de la lectura es el resultado de formación de una persona que desde pequeña tiene por costumbre leer. Según World Culture Score Index, ranking que publica NOP World sobre los distintos hábitos culturales de los ciudadanos del mundo a partir de entrevistas a más de 30,000 personas mayores de 13 años en 30 países, el país que más lee es India (esta distinción la ocupa desde el 2005). Los indios dedican, en promedio, 10 horas y 42 minutos semanales a leer. Los siguientes tres puestos también son ocupados por países de Asia -Tailandia, China y Filipinas-, mientras que el quinto es para Egipto. Posteriormente viene la nación europea mejor ubicada, República Checa, seguida de Rusia. Suecia empata con Francia y luego Hungría con Arabia Saudita. En América Latina el país más lector es Venezuela (sitio 13), y luego viene Argentina (17) y México (24) con promedios de lectura que rondan la mitad del tiempo que dedican los indios. (NOP World Culture Score, 2005).

En la actualidad, los adolescentes muestran prejuicios hacia la lectura, la relacionan con una actividad académica obligatoria. En las escuelas dicha definición no escapa de la realidad: leer un libro es una obligación y no una forma de entretenerse, de tal manera que las horas del Plan Lector son las más aburridas y menos esperadas por los estudiantes. Por un lado, en el  currículo, el Plan Lector es una lista de textos recomendados por personas expertas; no se consideran preferencias, intereses ni realidad social de nuestros estudiantes. Por otro lado, las evaluaciones de comprensión lectora, por lo general, se direccionan al nivel literal y se deja de lado el crítico e inferencial.

Según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), somos los líderes de “los  que menos leen”, con un 65% de personas que reconoce que nunca lee un libro. México  nos lleva la delantera con un 73%, pero otros vecinos logran mejores ratios, como Brasil (50%), Argentina (45%), Colombia (44%), Uruguay (34%) y Chile (20%). Y las evaluaciones del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de comprensión lectora, que mide a estudiantes de todo el mundo, indican que el Perú ocupa el último lugar entre los 65 países que participaron en 2012. (MINEDU, 2013)

El estudio, también, refiere que el promedio de consumo de libros por persona es menos de uno por año, uno de los más bajos de la región. Por otro lado, la mayoría de lectores se encuentra entre los 15 y 25 años, y los compradores de libros se encuentran entre los 25 y 60 años. En cuanto al acceso de préstamo de libros en bibliotecas o salas de lectura, no son muy frecuentes. Un hecho objetivo es que ayuda al acceso los libros piratas y las fotocopias, sobre todo este último caso en los universitarios. En otra parte del estudio se señala que, de lejos, el Perú lidera la lectoría de periódicos en la región con el 71%, seguido de República Dominicana con 47%. Hay que precisar que la prensa con  mayor lectoría en nuestro país es la denominada “prensa chicha”, una prensa trivial que por lo general banaliza la información.

La televisión, los videojuegos, el teléfono móvil e internet se ganan la atención de grandes y chicos por lo que no es difícil entender por qué el libro ha sido cada vez más olvidado y apartado de la rutina diaria. Que los jóvenes lean no depende solo de las diferentes instituciones educativas; es fundamental el papel de la familia. En las manos de un pequeño solemos ver el control de un PlayStation o de la televisión; pero no son culpables porque no se les puede exigir que hagan algo que nunca han visto. “El problema es que el niño es una esponja que registra y absorbe indiscriminadamente lo que ve [,] (…) el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee y, por tanto, la mayoría de las veces es un ser reblandecido por la televisión, adicto de por vida a los videojuegos” (Sartori,  2001, p. 185).

De acuerdo a lo que sostiene Marco Aurelio Denegri, tenemos estudiantes que entienden cada vez menos lo que dice el profesor (sordera verbal), no entienden lo que leen (ceguera verbal), cada vez escriben menos (agrafía) y hablan cada vez menos (afásicos). Buscar formas de acercar a nuestros estudiantes a la lectura es una asignatura pendiente, en la que todos somos los responsables. Entiéndase que cuando se habla de lectura no se alude solo a aquella instrumental, con fines comunicativos, sino a la que invita a la reflexión, a la crítica, al crecimiento del pensamiento de sí mismo y de los demás, y en definitiva a la cultura universal.

*Este post es una colaboración de Katherine Aquije, docente de la Universidad Privada del Norte.

Referencias

MINEDU (2013). Pisa 2012: Primeros resultados. Informe Nacional del Perú. Recuperado de: http://umc.minedu.gob.pe/wp-content/uploads/2013/12/reporte_pisa_2012.pdf

NOP World Culture Score (TM) Index Examines Global Media Habits (2005). Recuperado de:

http://www.marketresearchworld.net/index.php?option=com_content&task=view&id=102

Sartori, G. (2001). Homo videns. La sociedad teledirigida. México: Taurus

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