Posible utilidad de la filosofía para la psicología

La semana pasada conocí a un colega que, al igual que yo, enseña en la facultad de psicología de una conocida universidad. Al inicio de la conversación pensó que, al igual que él, también era un psicólogo. Tras aclararle que yo era filósofo, se sintió algo contrariado. Luego de reflexionarlo brevemente, concluyó que la filosofía era necesaria en la formación de los psicólogos. Escuchándose decir esto, asintió con la cabeza diciendo: “Claro, es importante la filosofía en relación con la psicología, los estudiantes deben formarse en filosofía”. Yo le pregunté: “Específicamente, ¿por qué es importante?”. Luego de algunos titubeos, mencionó que hay bases epistemológicas que es necesario conocer. No agregó más. Y yo continué: “¿Qué es lo que hace un filósofo en una facultad de psicología?”; “¿es útil la filosofía para la psicología?” De repente, amigo lector, te estas preguntando lo mismo, así que responderé.

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En primer lugar, la psicología ha estado bajo el brazo de la filosofía por varias centurias, sólo se independiza hacia fines del siglo XIX. No obstante, hasta inicios del XX muchos filósofos se dedicaron a la psicología y viceversa. Entonces, para estudiar y entender la psicología debemos de conocer a la filosofía a nivel histórico. Y no sólo eso, sino que deben considerarse las diferentes obras de los filósofos como tratados psicológicos. Para explicar mi punto de vista tomaré como ejemplo a Aristóteles.

Muchos psicólogos y filósofos ponen la mirada sobre una célebre obra del estagirita, el Tratado sobre el alma, pero pocos le prestan atención a la Ética a Nicómaco como un texto en el que Aristóteles analiza puntos que tienen relevancia para la psicología. Para comenzar, por ejemplo, en el primer capítulo, Aristóteles analiza la felicidad. Nos dice que todos aspiramos a la felicidad, que la felicidad está en función a algunas características o necesidades, y que la felicidad está cercana a la virtud y al ejercicio de la razón. Actualmente, la psicología positiva y la psicología de la felicidad buscan establecer criterios para entender aquello que hace feliz a la gente. Muchos de los criterios que usan para generar instrumentos de comprobación están allí, en la Ética a Nicómaco.

Otro punto interesante es el libro octavo de la Ética a Nicómaco. En esta parte Aristóteles reflexiona sobre la amistad. Primero identifica cómo la amistad se da naturalmente en el género humano, desde la relación padre e hijo, o en el hecho de compartir momentos gratos. Platón, mencionó en sus diálogos que en las relaciones de pareja hay un amante y un amado. Es decir, alguien que ama desesperadamente a alguien que se deja amar. Debido a la composición de los diálogos la reflexión tiende a ser abierta. Aristóteles toma como antecedente este problema para plantearlo en torno a la amistad, a los tipos de amistad concretamente. Nos dice, por ejemplo, que hay amistades en las que una persona depende de otra, hay una reciprocidad entre el que admira y el que necesita ser admirado. Finalmente, señala que la amistad perfecta es aquella en la que una persona se preocupa por otra, y esta, de forma recíproca, se preocupa también de aquella. Actualmente, en psicología se parte de la premisa de las llamadas relaciones de dependencia, que, dicho en otras palabras y con la salvedad del caso, es lo mismo que dijo Aristóteles pero aplicado a la psicología de pareja.

Finalmente, Aristóteles llama la atención sobre el término medio, sobre la búsqueda del equilibrio emocional gracias a la razón. Muchas terapias contemporáneas hacen eso, buscan que el paciente por cuenta propia identifique cual sería la mejor acción o pensamiento, de tal forma que no se sitúe en ningún extremo. Muchas veces, en clase explico a los estudiantes la idea de Aristóteles, de buscar un término medio, luego les pido que hagan el experimento mental de aplicar lo aprendido a algún momento de su vida. Los resultados son muy interesantes, pues la mayoría afirma que funciona el hecho de buscar un término medio.

A estas alturas, muchos especialistas deben de estar alterados de que busque establecer una especie de acercamiento entre los planteamientos de Aristóteles y la psicología; algunos otros pensarán que con esta lectura de Aristóteles estoy tratando de persuadir con respecto a la aceptación de alguna terapia. Nada de eso. Sólo debo decir que este breve escrito no es para ellos, sino que está dedicado a quienes desean reflexionar por cuenta propia sobre problemas reales, problemas obvios, o evidentes. Como diría el mismo Aristóteles: “Así como se comportan los ojos de los murciélagos para con la luz del día, así también se comporta el entendimiento de nuestro espíritu para con las cosas más claras por naturaleza”.

* Este post es una colaboración de Christian Córdova, docente de la Universidad Privada del Norte.

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1 respuesta

  1. Omar Fernández dice:

    Tus comentarios son buenos pero me parece que no tocas el punto medular, por el cuál es útil la filosofía para la psicología.

    Cada individuo genera su cosmovisión personal en función de las categorías (formas o Gestalten) que paulatinamente acumula a lo largo de su vida. En esa cosmovisión se instalan diversos valores, principios, normas éticas, pautas de conducta y demás elementos que caracterizan a cada individuo. El realismo, el idealismo, el teocentrismo, el pesimismo, la lucha contra las alienaciones y el asentamiento de la propia libertad son el resultado de las formas asimiladas. Cada uno ve las cosas y las personas con sus propias lentes.
    Una de las principales consecuencias de todo lo anterior es la tesis de que: «según sea tu filosofía, así será tu felicidad». En efecto, hay ciertos conceptos dentro de la filosofía de cada uno que desfiguran la realidad por completo, y con eso las vivencias adquieren un tinte exagerado en el plano emocional. La neurosis consiste en el arte de amargarse la vida en función de la propia filosofía. El neurótico se empeña en atribuir toda la culpa de sus desdichas a las circunstancias y a las demás personas, y no suele darse cuenta de que la raíz de sus angustias procede de su propia filosofía. La psicoterapia (proceso terapéutico por parte de un psicólogo), en el fondo, es el arte de cambiar la cosmovisión, el criterio de una persona. «No son las cosas las que nos hacen sufrir, sino lo que pensamos acerca de ellas», dice un famoso adagio latino.

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