Jóvenes y dilemas existenciales

Hace un par de meses, en una clase de Filosofía de la Psicología, planteamos a los estudiantes el siguiente problema para trabajar de manera grupal. Les dijimos: “supongan que una mente desquiciada y poderosa les pone este problema: deben elegir a un compañero(a) del grupo para que muera, caso contrario todos morirán. Tienen unos minutos para que cada uno justifique por qué no debería ser el elegido”. Fin de la indicación.

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A varios grupos se les hizo complicado “elegir” a un compañero. Hubo quienes se “inmolaron”. “Al menos mi muerte tendría algún sentido (salvar a mis compañeros)”, decían. Otros notaron las disputas narcisistas que aparecían: “yo no debo morir por esto….”, “yo no puedo por esto otro…”. Aducían razones de fuerza: “no queremos morir”, “nuestra vida es muy valiosa para sacrificarla”, “aún no nos hemos realizado”. Unos querían alcanzar metas y cumplir alguna misión; otros querían experimentar el amor, formar una familia, ser profesionales, conocer, aprender, divertirse. Consideraban que “había algo esperando por ellos”.

El ejercicio buscaba entre otras cosas mover al estudiante de una cierta “zona de confort” a un escenario donde tenga que confrontarse con las preguntas ¿qué quiero?, ¿a dónde voy?, ¿qué es valioso para mí?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿para qué vivo?, ¿qué sentido tiene todo esto?

Luego del ejercicio compartimos las respuestas y la experiencia en sí. Algunos reían, otros estaban más serios, otros parecían pensativos y unos pocos hasta preocupados (paso previo para ocuparse). Destino, vida, incertidumbre, elecciones, dolor, metas, muerte, propósitos, fueron conceptos que aparecieron con este ejercicio dentro de la clase de psicología existencial.

Muchos jóvenes viven sus vidas sin comprometerse, sin “sacarle el jugo”. Se les ve cansados, aburridos, desesperanzados, ausentes, apáticos, y los que tenemos unos años más y hemos sobrevivido a nuestra infancia, a nuestros padres, a la pubertad, al torbellino adolescente y al sistema en pleno y hemos podido encontrar propósitos, establecer objetivos y darle un sentido a nuestra existencia, podemos ayudar a movilizarlos y a que vean que la vida (a pesar de la cuota de dolor que trae) nos brinda posibilidades y nosotros también podemos (y debemos) elegir y tomar decisiones y responsabilizarnos de lo que nos pasa. No olvidemos que el ser humano es un proyecto, una posibilidad; a veces trunca, otras concluida.

* Este post es una colaboración de Manuel Arboccó de los Heros, docente de la Universidad Privada del Norte.

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2 Respuestas

  1. Jorge Lincoln Ruiz Tejedo/Profesor UPN METUNI 2015 dice:

    Felicito a medios virtuales de la UPN por este BLOG.
    El tema-problema: «Jóvenes y dilemas existenciales» analiza algunos aspectos importantes de la forma de ser actual de los estudiantes, que son los jóvenes que «conocemos» de manera inmediata, aunque podemos tener una percepción mucho más amplia y diversa de los mismos si observamos en los extramuros de la universidad. Los dilemas de la juventud requieren ser contextualizados para una mejor comprensión de los mismos y, además, analizar las concepciones filosóficas que subyacen e influyen en esta manera de ser. Si bien es cierto estamos ya en el siglo XXI, las épocas con sus causas y consecuencias, no se marcan por el calendario solamente sino por las ideales, los modelos, los paradigmas, los sistemas y sus soportes ideológicos, políticos y sociales.
    Las preguntas -bien planteadas- deben continuar con otra. ¿Quién soy y para qué sirvo?.
    Es evidente que la filosofía del Pragmatismo es predominante hoy como sostén del sistema de la competencia y por ahí, el éxito personal, individual, a toda costa, la utilidad, la materialidad y la superficialidad con que se vive; el tener más, el egoísmo frente a la solidaridad, al compartir, a la fraternidad, conducen a esa aparente indiferencia, a ese hombre sin compromisos que, los adultos, hemos generado también en los más jóvenes desde niños, sin crear los espacios familiares, escolares, universitarios, culturales amplios, críticos, democráticos, tolerantes y constructivos. La infancia de los los que nacieron después de los 80, en Perú, está profundamente atravesada de violencia, de crisis de identidad, de inconsecuencias, de inmoralidades, de la palabra incumplida en muchos hogares, en la sociedad y en sus instituciones. ¿Qué ejemplos damos lo adultos a los jóvenes para que se comprometan con el otro, con el mundo?.
    Gracias por motivar esta reflexión.

  2. Jorge Lincoln Ruiz Tejedo/Profesor UPN METUNI 2015 dice:

    «Jóvenes y dilemas existenciales», aborda un problema de permanente actualidad. No es que sólo ahora, en los primeros 15 años del sigo XXI, los jóvenes tengan dichos dilemas. Lo tuvimos nosotros y otras generaciones en los años 60-70-80. Sólo que cada problema existencial, corresponde a determinado contexto social. Y la juventud, sectores más, sectores menos, por diversas razones, sienten que las tendencias filosóficas, económicas, políticas y culturales predominantes en una época, determinan, en mayor o menor grado, su modo de ser individual.En Perú, los niños nacidos en los 80, por ejemplo, han visto atravesada su infancia, niñez, pubertad y adolescencia, por una vorágine de violencia, en los medios y en la realidad, tanto familiar como social. Esta conflictividad no cesa, por el contrario, se exacerba. Los paradigmas de la presente época y que provienen desde los años 90, son contrarios al rol de la Familia, como célula básica de la sociedad.Las instituciones que deben preservar su existencia y su valor formador se han debilitado. Los conflictos de género, han deformado su constitución orgánica. El paradigma inmediatista de la utilidad, de la rentabilidad, que tiene como soporte la filosofía del pragmatismo, generan frivolidad, egoísmo, mezquindad, como antípodas de la solidaridad, de la fraternidad. La falsa competitividad, genera el interés materialista por la riqueza y no la posibilidad de compartir y promocionar el desarrollo humano. Todo ello, configura un planeta hecho a la medida predominante de los intereses de los adultos. Los jóvenes aún no cuentan con espacios familiares y sociales suficientemente democráticos para desarrollar sus enormes potencialidades, para ser mejores que nosotros en su conducta personal, individual y en su compromiso social. Sin embargo la juventud ha tocado siempre, rompiendo su silencio involuntario, el timbre necesario, para indicarnos que es necesario acepar su protagonismo, en el propósito de construir una sociedad necesitada urgentemente de humanidad.

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