Conductas y coyunturas

En los años 70 el psicólogo social Phillip Zimbardo, profesor de la Universidad de Stanford, realizó un experimento sobre comportamiento, roles y agresión. Convocó a jóvenes universitarios para representar el rol de guardias unos y el de reos otros, y convivir en una celda ficticia ambientada en los laboratorios de psicología de dicha universidad. Los jóvenes reos fueron “arrestados” sin previo aviso y llevados a esta prisión donde los esperaban sus “compañeros” policías, quienes habían recibido porras y vestían uniformes militares, además de portar gafas de espejo que impiden el contacto visual.

El experimento buscaba ver si el comportamiento de una persona podía modificarse ante un cambio radical de ambiente y al obtener un nuevo rol a representar en ese ambiente.

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Si bien no estuvo exento de críticas como todo estudio científico, lo ocurrido durante esa prueba es recordado por los psicólogos sociales. Para comenzar, el estudio estuvo planificado para dos semanas pero Zimbardo debió detenerlo mucho antes al ver los abusos que empezaban a cometer los ahora sádicos guardias y al notar los niveles de estrés y depresión que mostraban los presos.

Pero, ¿qué ocurrió? La conclusión es muy clara. Podemos ser peores (más malvados, crueles y perversos) de lo que somos si se dan ciertas condiciones en el entorno. Cierto es que no todos los guardias mostraron el mismo nivel de sadismo y lo más probable es que ciertas personas perderían más fácilmente el autocontrol y el juicio moral si se dieran ciertas órdenes, permisos o condiciones en su medio. En este experimento los guardias habían interiorizado ciertas atribuciones que Zimbardo propició y representaron a la par el rol asignado.

Se discutía tras los resultados la idea de algunos psicólogos sobre que la personalidad es una y sigue siendo la misma pase lo que pase, estemos donde estemos, o sea, es inmodificable. Pero a la luz de los hechos pereciera que las situaciones provocan ciertas conductas y no la personalidad individual previa.

¿Cómo terminó el experimento? Pues mandaron a todos a sus casas y al cabo de algunos días todos regresaron a su patrón de comportamiento básico, regular, acostumbrado, propio de jóvenes estudiantes universitarios. ¿Guardaremos todos en nuestro interior un lado abusivo, perverso, esperando el turno de revelarlo en alguna prisión?

*Este post es una colaboración de Manuel Arboccó de los Heros, docente de la Universidad Privada del Norte.

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