Cuando la libertad de expresión se vulnera: reflexiones del libro Plata como cancha

En las sociedades democráticas y libres, la libertad de prensa permite que se ejerza la labor periodística y de los comunicadores sin coacción o represalias para poder informar a la población en libertad.

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La libertad de expresión y de prensa permite que se ejerzan libremente los derechos que todos tenemos dentro de una sociedad.

Siglo XXI, época de globalización, digitalización y cambios en todos los aspectos de la sociedad. El cambio es constante, pero lo que permanece inalterable a través del tiempo son las bases de nuestros derechos y deberes, de los que emanan todo lo que el hombre construye en sociedad.

Uno de esos derechos básicos, inalienables, es el de comunicarnos. La comunicación constituye la base primordial sobre la que los hombres y mujeres construyeron el sistema de pensamiento que permitió el desarrollo y la evolución de nuestra especie. La misma se sustenta en ideas que la preceden, como que todo acto de comunicación es libre y se basa en la voluntad de las partes y en sus intenciones.

Cuando hablamos de intenciones es cuando surgen las discusiones y es por ello que el derecho y la jurisprudencia recogen casos en los cuales las controversias sobre las intenciones de los contenidos son tratados por los sistemas jurídicos y sus normativas.

La libertad de expresión, sustentada en el derecho a comunicarnos, implica que todos tenemos el derecho a dar a conocer libremente nuestras opiniones y nuestra forma de pensar. Esto significa que, a la vez, cada persona debe hacerse responsable por lo que señala y por los actos que sus ideas y opiniones desencadenan.

Como señala Amnistía Internacional: “El derecho a expresar y difundir, buscar, recibir y compartir información e ideas sin miedo ni injerencias ilegítimas es esencial para nuestra educación, para desarrollarnos como personas, ayudar a muestras comunidades, acceder a la justicia y disfrutar de todos y cada uno de los derechos que aparecen en la Declaración Universal de los Humanos.

En las sociedades democráticas y libres la libertad de prensa, sustentada en la libertad de expresión, permite que se ejerza la labor periodística y de los comunicadores sin coacción o represalias para poder informar a la población en libertad y desde diversos puntos de vista.

La libertad de expresión y de prensa permite que se ejerzan libremente los derechos que todos tenemos dentro de una sociedad, al igual que el correcto desarrollo de lo valores democráticos. Los sistemas jurídicos deben buscar que los derechos primordiales, básicos, no sean alterados ahí donde no se ha cometido un delito o vulnerado un derecho. Los periodistas, que ejercen su profesión con ética y veracidad sustentados en los valores del oficio, se constituyen en los ojos y oídos de la sociedad, por lo que un sistema democrático debe favorecer que su labor se desarrolle sin presiones y sancionar a quienes buscan menoscabar el desarrollo de la profesión.

Lo que ha pasado en nuestro país en los últimos días, a raíz de la publicación de un libro, y lo que viene pasando en varios países del mundo, no es un caso aislado que involucra a personas particulares. Cuando el derecho a expresarse se vulnera se sienta un precedente nefasto en toda la comunidad porque presupone que se coacta el derecho a comunicarse libremente. Si pensamos que un caso particular no nos compete o no tiene nada que ver con nuestro día a día porque no trabajamos en prensa, estamos equivocados. Casos como este vulneran la libertad de todos.

En nuestro país, con un sistema democrático aún débil, garantizar la libertad de expresión, comunicación y opinión es vital para consolidar la democracia ya que permite que los ciudadanos puedan contar con información, formar sus opiniones y tomar las mejores decisiones. Es cierto que de uno y otro lado se pueden dar abusos u omisiones que dañan al sistema en general, y en el Perú tenemos múltiples ejemplos, de ahí que nuestro deber como ciudadanos es levantar la voz cuando se vulnera un derecho.

Como comunicadores tenemos una obligación con la verdad, sustentada en los valores en los que hemos sido formados tanto en la profesión como en nuestra vida diaria. Nuestro compromiso es con la verdad y con la sociedad a la que servimos.

*Este post es una colaboración de Patricia Sánchez, decana de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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