La cruzada de Greta Thunberg para frenar el cambio climático

Una estudiante sueca de dieciséis años, Greta Thunberg, diagnosticada con síndrome de Asperger, lidera un original movimiento contra el cambio climático que declara el fracaso de las campañas de concientización y los discursos políticos y llama, con la ayuda del conocimiento científico, a la acción pura.

La cruzada de Greta Thunberg

Greta Thunberg optó por iniciar una singular huelga escolar en protesta contra la inacción de los gobiernos ante el cambio climático.  (independent.co.uk)

La lucha contra el cambio climático estuvo hace poco liderada por activistas jóvenes y adultos y centrada básicamente en el desarrollo de protestas, congresos, estrategias y lemas destinados a frenar la sistemática destrucción del planeta.

En agosto del 2018, una adolescente sueca de 15 años, Greta Thunberg, tomó una drástica decisión: dejar de asistir a la escuela como protesta para que su país dejara de emitir gases de carbono, tal y como lo demanda el Acuerdo de París. Greta no solo dejó de ir a su escuela mientras duraron las elecciones políticas suecas, sino que decidió sentarse a las afueras del Riksdag (Parlamento) con un cartel en el que se declaraba en huelga escolar e invitaba a los demás a seguir su ejemplo.

Después de esta singular medida, la adolescente sueca desarrolló una nueva táctica: protestar todos los viernes de manera ininterrumpida. Su actitud llamó la atención de los medios y colectivos de todo el mundo y, sobre todo, de los adolescentes, quienes siguiendo su ejemplo desataron una serie huelgas estudiantiles  en 270  ciudades del planeta, instituyendo así lo que se conoce como el Fridays For Future, movimiento que este año ha cobrado una fuerza inusitada. Por ahora, salvo unas excepciones, el movimiento liderado por ella es básicamente europeo y norteamericano.

 

Greta Thunberg ha sido diagnosticada con síndrome de Asperger, un trastorno del desarrollo que la limita para la interacción social y la comunicación verbal y no verbal, pero que, paradójicamente, le permite pensar y decir las cosas directamente, con sinceridad extrema y con un gran sentido de justicia social (“ser diferente es un superpoder”, dice). Al mismo tiempo, el síndrome la convierte en blanco de las críticas furibundas de los negacionistas del cambio climático, quienes arguyen que su enfermedad influye negativamente en las ideas que enarbola.

Yo no conocía de la lucha de Greta Thunberg, hasta que hace unos días mi amigo Franco Castañeda me alcanzó el libro Salvemos el mundo y me recomendó los videos sobre su participación en eventos contra el cambio climático. Sus discursos se centran básicamente en dos ideas: una, que los políticos y los activistas han perdido el tiempo concientizando e ideando estrategias para frenar el mal; y dos, que lo que se necesita es admitir el fracaso anterior y dedicarse a la acción pura, a desmontar un final que podría ser irreversible. Hace poco le pidió a Donald Trump, un negacionista nato, que escuche a la ciencia.

La activista tiene ahora dieciséis años y ha sido propuesta para el premio Nobel de la Paz. Es, además, una luchadora coherente, tanto que para asistir a la cumbre climática convocada por la ONU este año ha realizado un viaje en velero ecológico desde Inglaterra hasta Nueva York durante 15 días. La razón: los aviones emiten gases contaminantes.

El mundo se destruye a nuestro alrededor y no somos capaces de advertirlo con claridad. Los hechos se presentan como consumados e inalterables: las costas pierden playas, los ríos se secan, los glaciares se derriten, las aguas de las lagunas son presas del mercurio, las fábricas lanzan gases tóxicos y todos dejamos una huella letal de carbono en el ambiente. En cualquier caso, se trata de situaciones que han estado siempre bajo el control de los seres humanos y, por lo mismo, han podido evitarse o prevenirse. Gracias al trabajo de una adolescente de dieciséis años y el movimiento de la gente que la acompaña nunca hemos estado más cerca de detener la catástrofe.

*Este post es una colaboración de Luis Eduardo García, director de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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